Julius Juukulius
Capítulo 5
Julius Juukulius
Sección 1
Puede que nadie lo crea.
—¡Mi nombre es Natsuki Subaru! Sirviente en la mansión de Roswaal, y caballero de la señorita Emilia, candidata de la Selección Real.
En ese momento, todos en el Salón Real apuntaron sus miradas hacia el caballero autoproclamado.
La persona que habló no había podido mantener sus emociones bajo control lo cual causó una gran impresión en cierto hombre.
Sección 2
—Casi me hace llorar lo bien que esta espada encaja en mi mano. Es suficiente como para hacerme sentir que he sido elegido por la espada. Aunque no tengo ninguna razón para ser tan arrogante en este momento.
—¡Tch!
—Es apenas un poco más gruesa que mi espada, y la punta es más pesada. Pero si ataco teniéndolo en cuenta, puedo compensarlo hasta cierto punto.
—No siempre es posible pelear con un arma familiar en la mano. Confío en el entrenamiento que he puesto en considerar toda clase de situaciones, para poder pelear en la mayor medida posible, incluso sin poder elegir mi arma.
—Qué aburrido eres, oye.
El hombre dio un salto hacia atrás con un bostezo, evitando con facilidad la estocada confiada y precisa. Ahora había más distancia entre ellos, pero Julius lo siguió con una embestida y un juego de pies seguro.
En el combate, hablando de la esgrima en su conjunto, lo importante no era solo el control de la espada, sino también el equilibrio y el movimiento de pies, así como la capacidad de conocer el momento perfecto para cerrarse con la mayor velocidad y forma.
—Por lo tanto, cuando comencé mi entrenamiento en la espada, lo primero que se grabó en mí fue el juego de pies.
—Estoy seguro de que fui bendecido con un buen maestro. Hay muchas maneras en las que la esgrima de mi maestro palidece en comparación con la mía actual, pero eso es simplemente el resultado de la diferencia en nuestras edades.
—Él era más hábil en nutrir el talento de otros que en aumentar el suyo propio. Era el tipo de persona que amaba hablar sobre la historia de las técnicas, su desarrollo y herencia, tanto como practicarlas.
—Y naturalmente, yo también disfrutaba escucharlo y consideraba un honor poder ponerlas en práctica.
—…
Realizó un ataque dirigido exactamente al lugar donde el hombre iba a aterrizar.
Hubo perturbaciones en varias direcciones, pero el verdadero objetivo era un tajo directo hacia arriba desde abajo.
—Oye, ¿no aprendes?
Era un arco mortal, pero el hombre desvió con facilidad su trayectoria usando los palillos que tenía en la mano. Fue un intercambio que no duró ni un segundo. Una hazaña tan delicada como enhebrar una aguja, mostrando una destreza muy por encima de la comprensión normal.
—¡Ngh!
Con un gruñido atónito de Julius, el tajo pasó por encima de la cabeza del hombre a gran velocidad. Para cubrir la apertura que eso dejaba, Julius giró su cuerpo y se concentró en invocar una Hoja de Viento… excepto que no había espíritus que lo asistieran. Era, simplemente, una apertura desprotegida.
—¡Já!
La patada frontal lo golpeó directamente en el costado. Las uñas del pie desnudo se clavaron en el hueco entre órganos, enviando un dolor punzante que atravesó todo su cuerpo.
Salió volando. Inmediatamente se impulsó en la dirección del impacto para evitar recibir de lleno el golpe.
Sin embargo, no pudo detener la fuerza penetrante de la patada. Su mundo giraba, y el impacto golpeaba su cerebro con dolor y náusea mientras azotaba la pierna contra el suelo que se precipitaba, alzando la cabeza para no perder de vista al enemigo.
Forzando sus pulmones doloridos, exhaló hasta el último resto de aire que quedaba dentro de él.
—Vaciándome por completo, obligo a mis pulmones ardientes a recordar lo que era la respiración calmada.
—…
—Exhalo, dejo que el aliento se drene por completo. Con esto aún puedo luchar. Aún debo ser capaz de luchar.
El hombre pelirrojo le sonreía desde unos diez metros de distancia.
—Salta de nuevo. Persíguelo, golpéalo con mi espada. Al menos borra esa sonrisa despreocupada de su rostro. Y entonces comenzará la verdadera lucha…
—Qué pretencioso. Hay mentiras y verdades en una pelea, oye. ¿O es que aprendiste con un libro infantil?
—… Ah…
Se quedó atónito cuando el espacio entre ellos desapareció en un abrir y cerrar de ojos.
Más precisamente, justo después de parpadear. El hombre cubrió unos diez metros en un instante y le lanzó los palillos directo a la nariz de Julius.
Cuando, imprudentemente, intentó apartarlos, describieron un arco y asestaron dos golpes que impactaron en su pecho y en su cabeza.
Fue un shock visceral. La agudeza del ataque, más que el propio dolor, fue lo que captó toda su atención.
Apretando los dientes, Julius se aferró desesperadamente a la consciencia que amenazaba con escapársele y plantó el pie con fuerza en el suelo.
—¡Oo… Ah!
Rugiendo desde lo hondo, descargó contra el hombre un tajo semicircular. Este lo evadió con gracia, casi danzando, antes de hundirle un codazo en el costado de la cabeza. De nuevo, su consciencia vaciló.
Y entonces eligió el ataque más grabado en su cuerpo.
Una invocación simultánea de fuego y agua, combinada con un corte en un ataque triple… pero falló.
Su contrato con los espíritus estaba roto. Así que no hubo apoyo de fuego ni de agua, quedando solo el destello de una espada pulida con tanto entrenamiento que había alcanzado el nivel de arte digno del título de el “Mejor Caballero”. Si el oponente hubiera sido un combatiente normal, habría bastado para acabar con él.
—¡Bang!
La cúspide de la esgrima caballeresca fue desviada con facilidad por un simple palillo blandido a modo de entretenimiento.
Una rodilla subió, golpeando a Julius en el plexo solar, arrancándole un quejido y el vómito. Cuando su cuerpo estaba a punto de colapsar, una serie de ataques le cayó de frente, impidiéndole caer.
—¿Oh?
El impacto de los golpes casi lo hizo venirse hacia atrás, pero de inmediato apoyó la mano para sostenerse. Y, aprovechando el impulso hacia atrás, lo convirtió en una patada giratoria que el hombre esquivó con un leve sonido de sorpresa.
Con eso, Julius tomó distancia. Se limpió la sangre de la nariz con la manga blanca. Su uniforme se manchó de un rojo desagradablemente vivo.
—No importa.
Exhalando con fuerza, vertió todo su espíritu en la espada de su mano derecha.
—Esto tiene que acertar. Tengo que mantenerme fuerte.
—Sin duda eres patético, oye. Lo único que faces es alzar una espada, oye. Yo solo he usado espada tres meses, oye. Y con eso bastome para cortar la luz con ella; ¿qué demonios has cortado tú?
—A ti, aquí y ahora…
—No digas tonterías, oye. ¿Crees que podrás? No puedes, oye. No la muevas fasta que lo alcances; nada de moverla fasta alcanzarlo. Fasta que puedas, no la muevas. Nada de moverla fasta que puedas. Si no puedes facerlo, deja de fablar de las cosas que quieres facer, oye.
La única respuesta de Julius fue soltar un ataque fuerte y contundente.
Y, como si fuera una réplica, recibió una docena de golpes más.
—Me decepcionas, oye. No das la talla, oye. Este no es lugar para ti; no es tu campo; no eres adecuado para el trabajo; no fuiste invitado.
—Debo ser fuerte. Debo demostrarme con mi espada.
—He perdido mi nombre, mi casa, mi familia, mi señora, mis camaradas, mis amigos, los espíritus atados a mi alma.
—Esto es todo lo que me queda. Yo soy todo lo que queda. Lo que he reunido aquí es todo lo que queda. Esta es la única prueba de que existo…
—Me desagradas, oye. No puedes quitarte esa máscara que portas, ¿eh? Satisfácete ser una copia barata de otros, ¿eh? Tú y tu espada sois muy aburridos.
—Hubo un tiempo en que apunté a la cima de la espada.
—Fue cuando pensé que quizá podía perseguirla.
—Pero me di por vencido pronto, como una meta imposible.
—Cuando vi con mis propios ojos el gran deber que cargaba aquel chico pelirrojo.
—Nadie está viéndote; nadie espera nada de ti. No seas tan ingenuo para pensar que esto es un juego para mí. Tus golpes y patadas son aburridos, oye.
—Lo admiré. Historias desbordantes y brillantes.
—Pensé que no era digno de estar entre ellas.
—Así que me desesperé, luché, para quizá algún día alcanzar el sueño al que renuncié.
El único ojo azul, el cabello revuelto del color de las llamas… se superponían con el chico que había sido su razón para abandonar su sueño y con las muchas aspiraciones que había sentido después. Creía no haberse ahorrado ningún esfuerzo por el deseo de alcanzarlas algún día.
—No es suficiente, oye; ni por asomo. No desperdicies la vida.
Mientras uno de los ideales que había querido alcanzar lo escupía, lo apalearon con un simple par de palillos.
El hombre ni siquiera empuñaba una espada. La espada de Julius había fallado. Todos los esfuerzos que había volcado fueron inútiles. Había puesto sangre, sudor y lágrimas en la única cosa en la que aún creía, y ahora se desmoronaba, pisoteada.
Algo empezó a hervir en su interior.
Pero fue borrado por algo aún mayor.
—¡Já! ¿Lo soportas? Me aburres cada vez más y más, oye.
Algo impactó su torso. Sus pulmones se congelaron. Algo le agarró del cabello. Empezó a girar y luego fue estampado contra el suelo. Al rodar, recibió una patada en la cara. Salió girando por el suelo, volando hacia el interminable espacio blanco.
Cayó de nuevo. Al incorporarse, miró hacia la dirección desde la que lo habían pateado. Su rostro recibió de lleno la rodilla del hombre, que le llegó volando. En el instante del choque, bajó la cabeza para que la rodilla diera en la frente, abriéndole la piel, pero logrando también echar al hombre hacia atrás.
Eso creó una abertura. Podía recomponer la guardia… o al menos debería haber podido. Pero su cuerpo no se movió.
—Fh… guh…
Todo su cuerpo gritó. En especial la cabeza estaba muy dañada. La consciencia vacilaba, incapaz de enfocarse. Si no se aferraba, sentía que el interior de su cráneo se derramaría.
—La espada. ¿Dónde está… la espada?
Como para confirmarlo, apretó lentamente la empuñadura con la diestra. Le recibió el tacto familiar del pomo. Sintió un leve alivio.
—No puedo soltarla. No esto. Si pierdo incluso esto, ¿qué me quedará perdido?
—¿O estoy sosteniendo otra cosa que solo tiene forma de espada?
—Creí que no me equivocaba en mi modo de vida. Creí que seguía su propio sendero mientras caminaba.
—Sigo sintiéndolo así. Nunca imaginé que eso vacilaría en todos mis días.
—Que se me escurra entre los dedos es un problema aparte del bien o el mal.
—¿… ¿O estaba equivocado?
—¿Estoy así ahora porque no seguí mi modo de vida, porque me equivoqué de camino, porque creí en lo incorrecto?
—He perdido mi nombre, mi casa, mi familia, mi señora, mis camaradas, mis amigos, los espíritus atados a mi alma.
—Si incluso esto, lo único que me queda, es insuficiente… ¿No basta una mentira para sostenerme…?
—“Seré fuerte, para sostenerte”. (El voto que juró a su señora).
—“Recuerdo cuán fuerte eres”. (Las palabras del único amigo que le quedaba).
—Aunque esa fuerza era lo único que me sostenía en un mundo donde lo he perdido todo. Aunque era la única certeza imborrable mientras yo soy tan débil y frágil.
—Por fin deja de haber titubeo en la espada, oye.
—¿Cuánto tiempo me quedé perdido en mis pensamientos? Probablemente solo haya sido un instante. Pero esa pequeña abertura equivale a mil oportunidades de matar para él… Para el Santo de la Espada.
Hubo un sonido punzante. Al abrir los ojos, Julius vio la espada rebotando por el suelo.
—Hasta la espada, por fin, se me ha escapado de las manos.
—He perdido mi nombre, mi orgullo y hasta mi espada; entonces, ¿quién está siquiera de pie aquí?
—No estás cualificado para alcanzar el título de “Espada Celestial”. Ni siquiera soportaría tenerte como seguidor, oye.
Con ese anuncio gélido, el Santo de la Espada tomó los palillos en agarre de martillo y bajó la cintura.
Era la primera vez que el Santo de la Espada adoptaba una guardia propiamente dicha.
Al instante siguiente, el palillo aulló—en lo que era, sin duda, un tajo de espada—y mandó volando a Julius.
Fue un ataque distinto a cualquier otra patada o puñetazo violento.
No era violencia salvaje. Era la cima de la espada y la encarnación de la verdadera fuerza.
Tragada por la luz, la consciencia de Julius fue arrasada.
—¿Es esto la muerte? ¿Algo que la supera? No lo sé.
Pero en el momento en que salió despedido, se oyó una voz tenue.
—¡¡Julius…!!
Era áspera, casi trágica.
Como si, desesperada, hubiera subido corriendo la larga escalera solo para presenciar el instante decisivo final.
Al oírla, se dibujó una extraña sonrisa.
El “Más caballeroso de los caballeros” del Reino Dragón de Lugnica. Guardia Real de los Caballeros Reales. Hijo mayor y heredero de la familia Juukulius. caballero de la candidata a la Selección Real Anastasia Hoshin.
Julius Juukulius.
—Aah…
—Me pregunto si mi yo actual es digno de que le llamen por ese nombre.
Con esa última pregunta, la consciencia de Julius fue tragada por la luz y se desvaneció por completo.
Sección 3
Subaru subió corriendo por la larguísima escalera, pero cuando llegó a la cima, ya era demasiado tarde.
—¡¡¡Julius!!!
Un grito ronco salió de su garganta a pesar de la carga brutal que había puesto sobre sus pulmones.
Pero su voz, sus palabras, no tenían la fuerza suficiente para cambiar la situación.
Una luz blanca cubrió aquel espacio que ya de por sí era blanco.
Subaru no sabía cuál era el principio detrás de aquello. ¿Era porque se trataba de un tajo que, según él, podía cortar incluso la luz? ¿O era la proeza de un espadachín que había roto por completo el molde humano? Fuera cual fuera la razón, el corte liberó una onda expansiva que arrasó con todo.
La persona que estaba en la trayectoria del tajo fue tragada por la luz y salió despedida sin poder oponer resistencia.
Y, literalmente en un abrir y cerrar de ojos, la luz desapareció, dejando solo al alto hombre pelirrojo y al espadachín de cabello púrpura, desplomado en el suelo como un cadáver.
—¡Vaya, pero si has venido, cachomierda!
Mientras Subaru se quedaba sin palabras ante la escena, el pelirrojo le habló con ligereza. Su rostro parecía haber olvidado lo que acababa de pasar; sonreía como un tiburón, respirando con total normalidad.
Entonces señaló al espadachín caído, a Julius.
—Llegas tarde, cachomierda. Ya he limpiado todo aquí, y tengo el presentimiento de que seredes molestos, así que apresúrate, levántalo y saquen sus culos de aquí.
—… Reid Astrea…
—Coño, cachomierda. No vayas metiendo la nariz en los nombres de otras personas, oye. No agües la fiesta, es mucho más genial no dar nombres, cachomierda.
El Palillero—o más bien, Reid—se mostró molesto por haber sido llamado por su nombre.
Subaru tenía sus propias quejas sobre ese comentario irrelevante, pero no actuó imprudentemente. Despacio, sin apartar los ojos de Reid, se acercó a Julius.
—No es menester que me mires tanto, cachomierda; no voy a agarrarte y engullirte.
—Lo siento, pero, de donde vengo, es de sentido común no mirar hacia otro lado cuando te encuentras con un oso.
Aún en guardia y sin perder de vista a Reid, Subaru se agachó y comprobó que Julius seguía respirando. Estaba inconsciente, pero al poner la mano frente a su boca, pudo sentir el leve aliento.
—Esto es bastante amable de tu parte, considerando que dijiste que la próxima vez no nos lo pondrías fácil.
—No realmente. Oye, ser derrotado por palillos y escabullirse a casa es más lamentable que ser asesinado por palillos, ¿no crees? Yo sí lo pienso. Preferiría morir que mostrarme ante otros de manera tan miserable. Así que los derroto con mis palillos y dejo que fuyan de vuelta a casa.
—Déjame retirar lo que dije acerca de que eras amable, escoria.
—¡Já! Nunca me impresionarás, sin importar lo que digas, cachomierda. Además, no tengo ninguna intención de probaros más hoy. Mas, si quieres probarme, apalizarte he. Como a ese chico debajo de ti.
Rascándose la barriga con la mano derecha, apuntó a Subaru y a Julius con los palillos en la izquierda.
—¡Hijo de puta…!
—Sí, sigue ansí. No te quedes en silencio mientras cargas a tu camarada, sigue comportándote como un mal perdedor. Eso es lo más inteligente y fácil que puedes facer si ansí te sientes mejor. Aunque sea irritante.
Reid se sentó y entrecerró cruelmente su ojo azul. Escuchando aquellas burlas victoriosas, Subaru logró como pudo cargar con Julius.
—La próxima vez, trae a una desas mujeres atractivas, cachomierda. Como esa fermosísima chica, por ejemplo.
Hasta el final, Reid agitó la mano, negándose a llamarlos por su nombre.
Pero Subaru no tuvo respuesta para aquella actitud burlona. No pudo hacer nada más que huir.
Sección 4
—…… Aah… Aah…
Subaru bajaba un paso a la vez, cuidando dónde ponía los pies.
Cargando a Julius en su espalda, descendía la larguísima escalera, con los pulmones ardiendo en cada respiro.
—Debo… regresar pronto… Emilia-tan y Beako… deben de estar preocupadas.
Cuando volvieron a la sala verde y descubrieron que Julius no estaba, se habían dividido para buscarlo por toda la torre. Mientras Shaula bajaba hasta donde estaba Joseph con el carruaje, los demás se repartieron entre el tercer piso y las habitaciones del cuarto, recorriéndolas una por una.
Todos estaban preocupados por Julius. Todos pensaban en cómo se sentiría tras haber perdido contra Reid, tras haber dejado atrás su espada rota.
No había dudas de que eran personas cuyo corazón se encogía de preocupación.
Pero Subaru era distinto. Subaru, y solo él, había entendido de inmediato hacia dónde Julius había ido tras dejar su espada así, lo que había intentado hacer.
Era algo que solo Subaru podía comprender…
—Vaya… viaje tan agitado…
—¡Ngh! ¿Estás despierto?!
Al escuchar la voz detrás de él, Subaru se detuvo. Julius se movió un poco en su espalda.
—Ah… ¿Dónde… estamos…?
—Vagamente hablando, estamos a la mitad de unas escaleras; y para ser un poco más precisos, estamos a la mitad de una larga escalera; y aún más precisamente, estamos huyendo en la mitad de la escalera entre el segundo y el cuarto piso.
—Estás siendo bastante vago acerca de eso, no es cierto… ¿Me estás llevando en tu espalda?
—Exacto. Y déjame decirte que es la segunda vez que esto ha pasado en un corto período de tiempo. Y estoy haciendo esto solo treinta minutos después de haber pensado que nunca más me gustaría hacerlo de nuevo; ¿cómo crees que me siento acerca de esto?
—No es de extrañar que el viaje haya sido tan agitado…
—¿Quieres que te suelte?
Sintió una ligera exhalación, que supuso era Julius riendo. Eso hizo que Subaru se relajara un poco.
La verdad, no había podido imaginar cuáles serían las primeras palabras de Julius. No sería exagerado decir que temía las posibilidades. Fue un alivio que no fueran ni desesperación ni abatimiento.
—¿Recuerdas lo que pasó?
—… Triste como es, lo recuerdo. Fui fácilmente derrotado por nuestro enemigo, y al final, todavía se me mostró compasión, causándote problemas a ti, a la señorita Anastasia y a todos los demás.
—… No soy alguna clase de demonio que te culparía por perder contra un oponente como ese.
Subaru suspiró ante esa respuesta tan típica de Julius y retomó el descenso. Ahora que estaba despierto, Julius era más fácil de cargar. El peso que lo había estado agobiando se aligeró.
—Puedo llegar hasta el final solo con la inercia.
—… ¿La señorita Anastasia está a salvo? Vi que se había desplomado y que la estaban tratando en la sala del espíritu, pero…
—El diagnóstico actual para ella es que su vida está fuera de peligro. Tú, por otro lado, estuviste bastante cerca de morir. Ese hijo de puta con el parche… te llevarás una sorpresa cuando sepas quién es.
—… Reid Astrea.
Subaru contuvo la respiración y se detuvo un momento al oír esa respuesta tan segura. Pero enseguida volvió a moverse, ocultando su sorpresa.
—¿Así… así que lo supiste todo este tiempo? Él es esa cosa. Shaula dijo que lo conocía, lo cual tiene sentido al ser alguien de hace 400 años… Pero, parece que estaba diciendo la verdad cuando aludió que es alguien difícil de tratar. Lo digo porque se desmayó justo después de ver su rostro.
—Qué dices; había un montón de cosas que hacían sospecharlo. Su flamante pelo rojo y ojos azules. Su técnica con la espada realmente destacaba… si es que se le puede llamar a eso técnica con la espada. Ni siquiera se permitió blandir la espada contra mí. Simplemente debería decir que es una persona poderosa. Incluso el término Palillero es uno que lo denota por lo que he visto en la literatura.
—¿Así que ha sido llamado Palillero desde la antigüedad porque pelea con esos palillos?
—En realidad, hace referencia a que no eligió un arma con la que se especializara. Tuve mis pensamientos sobre él cuando se presentó como un Palillero… pero, no estaba seguro. Me disculpo por no habértelo mencionado.
El matiz de disculpa en el tono de Julius dejó frío a Subaru.
Sí, había pistas, pero en su mente aquello era exigir demasiado. Reid Astrea, el primer Santo de la Espada, era alguien que debía haber muerto hacía cuatrocientos años.
Que unas cuantas características coincidieran no significaba que uno debiera asumir de inmediato que se toparía con una figura legendaria cuyo nombre había quedado grabado en los mitos.
Si fuera tan fácil, Subaru debería haberlo adivinado antes que nadie.
—Emilia-tan y yo mismo dijimos que estos exámenes se parecían a las pruebas de la tumba de Echidna. Así que, si acaso, yo debí haber sacado esa posibilidad. Y por mi negligencia… nos echaron a patadas.
—Já. Independientemente de eso, ¿cómo es que acabamos encontrándonos a este espadachín de leyenda traído del pasado? En un principio, me habría encantado que me concedieran esta bendición, pero considerando la situación…
—Entiendo cómo te sientes. A estos héroes de leyenda se les da bien ser decepcionantes en realidad. La atalaya está repleta de decepciones como Shaula, que había sido juzgada como Sabio.
—… ¿Entiendes… cómo me siento?
Su voz se quebró y se sintió llena de autodesprecio. Cuando escuchó de cerca lo que Julius había gemido, Subaru apretó los dientes por lo desconsiderado que fue lo que él mismo había dicho.
Aun así, evitó tocar ese punto y cambió de tema:
—Si recuerdo correctamente, el primer Santo de la Espada está grabado en las monedas de oro, pero hay una diferencia bastante grande entre eso y el tipo real. En el caso de Shaula, era inevitable, ya que se trataba de la persona equivocada; pero, en el caso de la moneda de oro y Reid, también hay una diferencia considerable entre ellos dos. El tipo de la moneda de oro parecía más bien un tipo de mediana edad.
—Soló un pequeño dato histórico; fue cuando era mayor que Reid realizó sus hazañas que le llevaron a ser contado como uno de los Tres Grandes Héroes. La figura representada en las monedas de oro es probablemente correcta. El de arriba es más joven que el de la historia registrada.
—Ah, es verdad, parecía que ni reconocía a Shaula…
Subaru solo había querido desviar el tema, pero la explicación de Julius resolvió esa duda.
—Entonces… ¿peleó contra la Bruja estando en su mejor momento? Y nosotros tenemos que derrotarlo justo en esa versión…
—Me parece que eso va a ser muy difícil, o casi imposible.
—Sí, seguro que va a ser agotador. Pero estoy seguro de que habrá alguna manera de superar esto si se nos ocurre un plan. Como están las cosas…
Subaru vaciló, inseguro de si era el momento adecuado para contarlo. Pero fue demasiado tarde.
—Como están las cosas… ¿Qué quieres decir?
—Eh, no es nada…
—Subaru.
Si intentaba inventar que había visto un punto débil, Julius lo descubriría enseguida. Así que se resignó.
—… Emilia superó el Examen después de que tú y Anastasia quedaran inconscientes.
—…
—Eso es todo. La razón por la que ella venció a ese tipo no fue debido a que ella fuera más fuerte que él. Digamos que la suerte estuvo de su lado. Porque Emilia es… única en eso.
Era difícil llamar a aquello una victoria simple. Podía decirse que Emilia obligó al examinador, Reid, a reconocer su resolución y su fuerza, pero era complicado explicarlo a alguien que no lo hubiera presenciado.
—En fin, fue una mezcla de factores, pero Emilia aprobó. Aunque según él, solo quien pasa puede subir. Así que, para que todos avancemos, cada uno debe ganar. Es el mismo problema… o peor.
—…
—Así que tendremos que preparar un plan de batalla. Independientemente de la dignidad de la lucha, si no le convenzo de que Beatrice y yo solo luchamos como un dúo, él ni siquiera me dirigirá la palabra. Y en cuanto a Meili, ella no tiene razón para tomar el Examen en primer lugar. Supongo que lo entenderá después de que hablemos sobre eso… Aunque supongo que estará desanimada.
—…
—Así que no es como si no tuvieras oportunidad de un desquite. Aunque claro, no de la misma forma… La próxima vez, intenta más a mi estilo…
—…
—… Ey, ¿estás escuchando? Ey, ¿Julius?
Al notar el silencio, Subaru se preocupó. Llamó varias veces, hasta que oyó un leve jadeo.
—S-sí, estoy bien. Estoy escuchando, por supuesto. Ya veo, la señorita Emilia lo logró.
—Bueno, mencioné eso un poco antes… pero sí. Que eso sucediera significa que pasar el Examen no es imposible. ¿No estás siendo demasiado duro contigo mismo?
—¿Demasiado duro conmigo mismo? Vaya, realmente no necesitas preocuparte tanto. Todo es exactamente como dices. Si la señorita Emilia pudo pasar el Examen entonces él… El Santo de la Espada, Reid, no es un obstáculo insuperable. Que sepamos eso es increíblemente beneficioso.
—S-sí. Bien… mientras lo entiendas.
Para su sorpresa, Julius aceptó el éxito de Emilia mejor de lo esperado. Subaru se sintió un poco decepcionado después de haberse preocupado tanto. No, mejor así.
Acababa de descubrir que alguien más había superado el obstáculo que lo derribó.
—No tenía por qué preocuparme de herir sus sentimientos. Tal vez esperaba que su lado inmaduro pesara más de lo que realmente es. O quizá Julius Juukulius, el caballero, no puede medirse con la misma vara que yo.
Julius soltó un largo suspiro y continuó con tono sereno:
—¿No es hora de que me bajes? Me voy a marear si sigo en tu espalda. No es como si tuvieras la Protección Divina de la Evasión del Viento como los dragones de tierra, ¿cierto?
—Ten paciencia con la brisa y los temblores, y agradece que te esté llevando. Sin duda es un trabajo agotador, pero no puedo ser tan frío como para hacerte caminar por ti mismo cuando estás herido. Emilia-tan me regañaría.
Sacudiendo la cabeza, Subaru reajustó el peso de Julius sobre su espalda.
Julius había sido vapuleado dos veces en un solo día por Reid. Había peleado sin recuperarse del primer combate, así que su cuerpo debía estar al límite, aunque Reid hubiera buscado quebrar más su espíritu que su carne.
Subaru se mentalizó para cargarlo los doscientos escalones que quedaban. Pero entonces…
—No, no puedo seguir causándote problemas. Estaría bien si siguiera desmayado, pero afortunadamente recobré la consciencia. Puedo bajar el resto de las escaleras por mí mismo.
—No seas tan terco. Aunque insistas, es demasiado tarde. Si dices que te avergüenzas de estar siendo cargado en mi espalda, todos los que estaban conmigo ya vieron eso… excepto Shaula y Anastasia, ya que estaban desmayadas.
—Eso es razón suficiente. No puedo permitir que ellas… en especial la señorita Anastasia… me vean así. Por favor, bájame.
—Puedo notar que fuerzas tu cuerpo. Además—
—¡Te he pedido que me bajes!
El estallido llegó sin previo aviso.
—¡¿Whoa?!
De inmediato, el hombro de Subaru golpeó la pared. Julius se había torcido de forma brusca. Por suerte, Subaru había girado hacia el muro; de no hacerlo, podrían haber rodado escaleras abajo.
Pero al enfocarse en protegerse, perdió el control—
—Gh…
—Tú… ¡Imbécil! ¡¿Qué demonios estabas pensando?!
Volteando, vio a Julius tumbado unos escalones más abajo, tras haberse resbalado de su espalda.
—¡Déjalo ya! Ey, quédate donde estás, idiota. Enseguida te ayud—
—¡No hace falta que lo hagas!
—…
—… Puedo levantarme por mí mismo. Tu ayuda es… innecesaria para mí.
Con los codos apoyados en el suelo, Julius levantó una mano para detener a Subaru. Luego, respirando hondo, tensó el rostro y, con esfuerzo, se impulsó para levantarse. Apoyándose contra el muro, poco a poco, estiró las piernas y se puso de pie.
—Tal como dije, ¿lo ves? Puedo pararme por mí mismo.
Su tono apagado dejó en silencio a Subaru.
Julius giró, apoyando su hombro derecho en la pared, y empezó a descender, tambaleante, a un ritmo de caracol.
Un paso. Otro paso. Con cuidado…
—Tardaré un poco, pero no hace falta molestarte. Más importante, las damas abajo deben de estar preocupadas. No creo que solo tú me buscaras.
Otro paso.
—Si es posible, avísales lo que ocurrió. La disculpa y la explicación apropiadas debo darlas yo, por supuesto. Pero así al menos sabrán que estoy a salvo.
Despacio, paso a paso.
—… Preferiría no ser yo quien lo explique, pero es inevitable. Si puedes prepararles un poco el camino, te lo agradecería mucho. Aunque sé que mi deuda contigo ya es grande.
Sin mirar atrás, Julius continuó bajando, hablando mientras avanzaba. Incluso a su paso de tortuga, la distancia entre ambos se alargaba. Subaru podría alcanzarlo fácilmente si quisiera. Para responder a su petición, tendría que pasarlo. Sus piernas comenzaron a moverse.
—Solo tengo que hablar con ellas primero.
—… Sí. Si la señorita Anastasia ha despertado… No, basta. Ese es mi pedido.
Subaru empezó a avanzar. Podría rebasarlo sin problema. Julius, al oír sus pasos, suspiró con alivio. Como si lo instara a adelantarse.
… No, no lo instaba. Lo suplicaba.
Subaru creyó comprender, al menos en parte, lo que Julius pensaba. Lo sabía porque era lo mismo que él mismo había sentido antes.
El motivo por el cual supo de inmediato que Julius había ido a retar a Reid, incluso cuando Emilia y los demás no lo entendieron… era porque Subaru había estado en ese lugar.
Entonces…
—¡Tch! ¡Ah, maldita sea! ¡Mierda mierda mierda! ¡Imbécil! ¡Los dos somos unos enormes imbéciles! ¡MIERDA!
Maldiciendo con rabia, Subaru corrió hacia Julius. No para pasarlo, sino para atraparlo.
Agarró su brazo izquierdo, el que se aferraba a la pared, y se metió a la fuerza bajo su hombro.
—¿Qué…? ¿Subaru, qué estás…?
—¡Cállate! ¿Cómo que puedes caminar solo?! ¡Te veo encorvado! ¡No puedo dejarte atrás así! Emilia me mataría de regaños, ¡pero más que eso, yo mismo no me lo perdonaría!
—Pero yo—
—Ni yo quiero dar mi hombro si no es necesario. Bastante tengo ya en mis manos. Si te molesta, ¡ENTONCES DEJA DE VERTE TAN PATÉTICO!
El grito salpicado de furia de Subaru enmudeció a Julius.
Ya sin la fuerza para apartarlo, Julius dudó en resistirse. Subaru lo sostuvo firmemente y empezó a caminar, obligándole a apoyarse en él.
—No voy a actuar como si supiera o entendiera lo que está ocurriendo en tu corazón.
—…
—Pero, ahora mismo, no necesitas bajar estas escaleras, estas larguísimas escaleras, completamente solo. Te prestaré mi hombro y tampoco lo consideraré una deuda.
—Hablar de favores y deudas es una estupidez. Si empezáramos a contarlas, ¿cuánto le debería yo ya a Julius? Y tendría que contar desde aquel campo de entrenamiento en el castillo.
—Entiendo por qué fuiste contra Reid aun sabiendo que no podías ganar.
En aquel tiempo… Subaru había sido igual.
Entonces también sabía que perdería, pero aun así había desafiado a Julius. Aunque lo derribaran mil veces, aunque lo golpearan, se levantaba y volvía a enfrentarlo.
Porque no tenía otra forma de desahogar la furia que le ardía en el pecho.
Y cuando todo terminó, tras discutir con Emilia y quedarse solo, fue doloroso. Quiso llorar.
… Así que, ¿cómo dejar que él bajara estas escaleras solo?
La misma rabia hervía en su estómago. Pero ahora no sabía dónde descargarla.
—… Subaru.
—¿Qué?
—… Lo siento.
—Cállate.
Respondió esperando que no sonara como si estuviera desquitándose.
Así, hombro con hombro, los dos descendieron lentamente hacia el cuarto piso.
Pasaron otros doce minutos antes de que Emilia respirara aliviada al encontrarlos.
