Recomendaciones para Vivir en una Torre
Capítulo 6
Recomendaciones para Vivir en una Torre
Sección 1
—¡Julius tiene que descansar apropiadamente aquí hasta que todas sus heridas sanen! ¡Es lo más de lo más importante!
Emilia gritó con firmeza mientras apuraba al caballero maltrecho y magullado hacia la Sala Verde.
Tras el alivio inicial al ver regresar a Subaru y Julius después de bajar las largas escaleras hasta el cuarto piso, esa fue la reacción inmediata de Emilia.
—Ser capaz de cambiar de mentalidad tan rápido, sin duda, es una virtud, y agradezco la forma en que lo hizo sin permitir ninguna réplica. Si no pregunta el porqué, tampoco tendremos que explicarlo. Seguro que tenía muchas cosas que quería preguntarle a Julius también…
—Aunque no lo haga, estoy segura de que Subaru ha dicho lo importante. Así que, voy a hacer que descanses bien, y todo lo demás puede esperar. ¿A que sí?
Subaru se encogió de hombros mientras Julius se sentaba en la cama de plantas.
—¿Ves?
Emilia, con las manos en las caderas y una expresión imperiosa, seguía viéndose adorable.
—Por supuesto. Ya les he causado a usted y a Subaru demasiados problemas. No seré tan descarado como para desobedecer una orden. Obedeceré.
—Tantas palabras cuando bastaba con un simple “entendido” …
—¡Bien! Entonces queda decidido. Tú eres el que está herido y necesita descansar y recuperarse. No te preocupes por molestarnos. Para eso están los amigos.
—…
—Patrasche, vigila a Julius, por favor. Si pasa algo, relincha fuerte para llamarnos.
Dejando a un lado la disculpa enrevesada de Julius, Emilia se dirigió a Patrasche, que también estaba en la sala verde recuperándose de sus heridas.
Había un límite en cuanto a cuántos podían permanecer en la sala, así que con más heridos, Subaru y Emilia no podían quedarse allí. Por eso, lo mejor era dejar que alguien en tratamiento se encargara de vigilar, y en este caso, lo dejaron a Patrasche.
—Me avergüenza que sientas la necesidad de llegar tan lejos, señorita Emilia. Bajaré la cabeza aquí, como se me ha ordenado.
—Es un poco difícil recuperar la confianza una vez que la has perdido. Hablando de eso, es un poco difícil superar a Patrasche, que casi siempre tiene la máxima puntuación de confianza. Si sucede algo raro, está bien si no te contienes y lo muerdes, Patrasche.
Patrasche relinchó, aceptando encantada el encargo. La más comprensiva del grupo de Emilia parecía sentirse responsable por haber dejado que Julius fuera solo antes.
—Mira, mira. Hasta Patrasche deja salir un “No pasarás la próxima vez”.
—Me pregunto por qué parece que realmente haya dicho eso. Qué curioso.
—Pero, según el ministro de Asuntos Internos bilingüe, más o menos, el significado es correcto. Pero, como es una dama, ella podría terminar sus frases de una forma muy refinada, ¿sabes?
—Con lo fuerte que es nuestro vínculo, últimamente me basta para entenderla incluso sin Otto. Pero si lo dijera, me daría un coletazo. El corazón de una doncella es complicado.
—Me concentraré en curar mis heridas. Poder recuperarme en tranquilidad rodeado de damas como estas es todo un privilegio.
—Te aviso de antemano que todas las chicas de aquí, excepto Anastasia, me pertenecen.
—Yo no soy de Subaru todavía… Pero, ahora que lo pienso, siendo Subaru mi caballero, ¿eso no lo haría mío?
—¡Eso me hace muy feliz pero también me da mucha vergüenza!
Emilia llevó un dedo a sus labios mientras hacía una afirmación bastante atrevida que dejó a Subaru dividido entre la euforia y la ansiedad al girarse hacia Julius.
Sabía que la montaña frente a él tardaría en superarla. Pero estaba comprobando si al menos tenía espacio para respirar y alinearse en la primera estación del recorrido.
—Bueno, como sea, mientras descansas, tal vez quieras sostener tu cabeza y dar vueltas mientras piensas en lo que acaba de pasar, pero no olvides que Patrasche está vigilando.
—Puedes estar tranquilo. No haré gala de tal desvergüenza. Sería muy poco elegante por mi parte.
—… Parece que ya te estás recuperando, eh.
—Ju.
La respuesta, que sonaba al Julius de siempre, hizo que Subaru sintiera un pequeño alivio, y su expresión se suavizó.
—Menos mal que no lo dejé solo en esas largas escaleras. Si eso al menos le ayudó un poco, entonces la enorme vergüenza que sufrí en el castillo habrá servido de algo.
—… Patrasche, cuento contigo.
Con esa última petición a su fiel corcel, Subaru salió de la sala verde junto a Emilia.
Al irse, Subaru notó que Patrasche se acercaba a Julius y escuchó la risa irónica de este al ver a la dragona ponerse en guardia. Era un animal inteligente y se tomaba sus instrucciones muy en serio.
Con el estado mental de Julius y la fidelidad de Patrasche, no hacía falta preocuparse de los que estaban en la Sala Verde por ahora.
—… ¿Debería congelar la puerta por si acaso?
—Siempre me asombra la imaginación de Emilia-tan, pero dejémoslo como último recurso, ¿sí? Tampoco quiero enfadar al espíritu de esa sala.
—Sí, tienes razón. Juju, solo quería ver qué decías. Solo estaba bromeando.
Emilia sacó la lengua en un gesto adorable mientras se disculpaba por la broma. Los labios de Subaru se suavizaron ante esa reacción, pero no mencionó que guardaba en su memoria esa opción.
—De todos modos, dejemos los asuntos de la Sala verde a su espíritu residente. Por lo que he visto, las heridas de Patrasche parecen estar curándose muy bien, así que Julius también se recuperará pronto.
—Sí, así es. Las heridas de Julius… no eran tan graves como parecían. Creo que volverá a estar completamente sano en poco tiempo. Reid lo quiso así, supongo.
—… Se le da bien tomarse las cosas con calma, ¿eh? Supongo que no puedo dejar que Julius escuche esas cosas.
Emilia escogió sus palabras con cuidado, y Subaru se rascó la cabeza mientras asentía.
Que Reid usara palillos como arma era la broma más cruel posible, pero lo cierto era que su fuerza era tan abrumadora que podía jugar con alguien tan poderoso como Julius como si fuera un niño.
La primera generación del Santo de la Espada, el hombre que derrotó a la Bruja de la Envidia junto al Sabio y el Dragón. Ante una leyenda como ese hombre, uno no tenía más remedio que asentir con la cabeza y aceptar las cosas como eran.
Aunque que fuera un modelo personal desastroso para un héroe legendario era otra historia.
—Por ahora, nuestro principal tema sería…
—Encontrar una forma de superar ese molesto segundo Examen o lo que sea, antes de que las heridas del caballero Julius se curen, ¿verdad?
Una voz fría interrumpió la conversación.
Al mirar, era Ram, apoyada contra la pared del pasillo, esperando a que ambos regresaran. Había tenido que esperar fuera por el límite de personas en la sala verde. Subaru se rascó la mejilla cuando ella dijo justo lo que él pensaba.
—¿De verdad mi cara es tan expresiva que puedes leer exactamente lo que pienso?
—Solo tenías una lista de todas tus preocupaciones escrita en la cara. Todos y todo lo que te preocupa ahora mismo está en esa sala, Barusu. Eso es todo.
—Eso no es cierto. Me preocupo por todos aquí, no solo por los de la Sala Verde. Emilia y Beako, obviamente, pero también tú, HERMANA.
—¡Já!
Subaru levantó el pulgar, pero Ram solo bufó con desdén. Subaru hizo un puchero mientras Ram se daba la vuelta y empezaba a caminar, y Emilia se tapaba la boca riendo.
—Está bien. Ram solo se puso un poco nerviosa. Es que no es muy honesta.
—Creo que no estás siendo imparcial, pero si Emilia-tan lo dice…
Echándole un vistazo a Emilia, que sonreía suavemente, Subaru crujió el cuello y siguió a Ram. Ella se dirigía a una de las habitaciones más pequeñas del cuarto piso.
Al entrar…
—… Llegan tarde, supongo. Nos han hecho esperar demasiado tiempo, de hecho. ¿Julius está bien, supongo?
—No te preocupes. Por el momento, parece que ya pasó lo peor. Seguro que estará dándole vueltas a muchas cosas, porque tiene un fuerte sentido de la responsabilidad, pero no caerá en la desesperación ahora.
—Si Subaru lo dice, tomaré esas palabras al pie de la letra, de hecho. Así, nuestros problemas pueden reducirse a únicamente uno, supongo.
Beatrice asintió, y Subaru también antes de mirar alrededor de la sala.
Había muchas habitaciones vacías en el cuarto piso, pero esa era donde habían llevado su equipo, y podía llamarse su base de operaciones en la torre.
Sentados en círculo en la base estaban Subaru, Emilia, Ram, Beatrice…
—Shaula, quiero preguntarte más cosas sobre ese imbécil.
—¡Uhiii, el Gran Maestro tiene una apariencia superespeluznante! Pero, pero, tampoco odio que sea superduro conmigo. Es amor-odio.
—Lo que dice ella, Gran Maestro. Repugnante.
—¡Me están difamando!
…Y con ellos estaban una Shaula inquieta y Meili, que se había acostumbrado a seguirla. Ram culpando a Subaru por las locuras de Shaula era lo habitual.
—De todas formas, gracias a todos por ayudar a buscar a Julius. Aunque le diga que no se preocupe, seguro que se disculpará después, pero lo importante es que está a salvo.
—Está bien. Yo también se lo dije a Julius, pero me alegro de que lo hayamos encontrado sano y salvo. Seguro que todos los demás piensan lo mismo, ¿no?
—Preferiría que mi opinión no fuese la misma que la de la señorita Emilia.
—¡¿Eh?! ¿¡Por qué?!
Subaru intentó llevar la conversación, pero la diferencia de opiniones entre Emilia y Ram la descarriló enseguida.
—Por favor, escuche con atención. Por lo que me han informado, el segundo Examen debe ser superado por todos los presentes en la torre. Y, sin embargo, el caballero Julius tomó el asunto sin consultar a ninguno de nosotros e hizo un segundo intento por su cuenta. Si hubiera un solo paso en falso aquí, podría haber roto la relación de cooperación que hemos construido entre la facción de la señorita Anastasia y la nuestra.
—¿Porque, solo por sus acciones, todos nosotros podríamos haber sido descalificados?
—Si ese fuera el caso, todo nuestro viaje habría sido en vano. Tampoco es seguro que el examinador del segundo piso nos dejara marchar a salvo… y eso incluye a ese falso Sabio de allí.
Ram echó un vistazo a Shaula tras explicar a Emilia.
No esperaba que la involucraran, así que Shaula se señaló a sí misma.
—¿Con “falso Sabio” se refiere a mí? ¡Es superimpensable, llamarme así! ¡O sea, nunca me he llamado a mí misma Sabio! ¡El único nombre que doy es el único que me dio el Gran Maestro, y es Shaula! ¡Soy superdevota a mi único Gran Maestro!
—Es bastante sincera, por lo que parece, Gran Maestro.
—¡No me mires cuando dices eso! … Y tampoco puedo negar lo de Julius.
Aunque no le gustara lo exagerado de sus palabras, considerando el peor escenario, el análisis de Ram no era incorrecto. Julius había expuesto a todos al peligro con sus acciones.
Incluso sin conocer los detalles del examen todavía. Eso lo hacía más imprudente.
—Que eso no fuera propio del caballero Julius es algo que yo, que apenas conozco a ese hombre, no puedo decir. Pero, teniendo en cuenta a Gula, no me pareció una persona que hiciera tales cosas.
—Bueno, estoy de acuerdo con eso… Pero mi opinión es un poco diferente a eso, ya que conozco al tipo. Lo achaco a un Sarampión de Masculinidad.
Una enfermedad que todos contraen una vez. No sé si es justo compararlo con eso, pero el sarampión o la varicela son mucho peores si los coges de adulto. Especialmente porque puede ser mortal.
—Que no haya sido fatal esta vez… Contentémonos con eso y no se lo achaquemos más.
—… Solo que no quiero tropezar por culpa de otro.
Ram murmuró suavemente, apartando la mirada de Subaru.
—¿Y quieres empezar una pelea por eso? ¿O quieres hablarlo? Si no decides, no pienso seguirte el ritmo.
Entonces Meili intervino, cortando la tensión cuando el ambiente estaba a punto de oscurecerse. Apoyada en Shaula, jugaba distraídamente con su trenza mientras miraba alrededor.
—Buenoo, ¿quieren pelear aquííí? ¿O quieren seguir con la conversacióóón? Si no lo deciden prontooo, me desentendrééé.
—Oye… No, tienes razón. Esa posición tuya de espectadora nos ha salvado muchas veces.
—¿Es asííí? Ujujuju, entonces agradécemelo, ¿de acuerdooo?
Meili sonrió con la inocencia de una niña acorde a su edad cuando Subaru le dio las gracias.
Pese a su juventud, Subaru consideraba valiosa su mirada independiente. Al recordar, había sido su sugerencia retirarse del segundo examen.
—Sigue así, ¿de acuerdo? Es importante ver las cosas con compostura.
—Qué convincenteee. Aunque digas cosas así, mi trabajo se acabó cuando salimos del mar de arena, ¿verdaaad? De todas formas, no sirvo para nada mááás.
—Cuantas más cabezas, mejor. Y aunque hayamos cruzado el desierto, todos seguimos en el mismo barco dentro de la torre. Considéralo tu mala suerte y déjame apoyarme en ti.
Meili se sorprendió por la sinceridad con la que Subaru admitía que pensaba pedirle ayuda.
—Ya entiendo por qué Petra siempre se preocupa.
—¿...? ¿Qué pasa con Petra?
—Nada. Más importante, ¿no ibas a interrogar a la medio desnuda?
Meili infló las mejillas y apartó la mirada. Se levantó e intentó empujar la espalda de Shaula. Aunque sus frágiles brazos no podían moverla, Shaula igualmente se adelantó encantada, se arrodilló frente a Subaru y bajó la cabeza hasta el suelo.
—Puede que me falte experiencia, pero cuídeme.
—Es una actitud muy admirable la tuya. Bueno, ahora pasemos al asunto de los regalos de boda… ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡¿Emilia-tan?! ¡¿Beako?! ¡¿Por qué me pellizcan ambos lados?!
—Por nada
—No es nada, de hecho.
Subaru no tenía intención de dejar pasar pellizcos sin motivo, pero el humor de Emilia y Beatrice lo hizo pensárselo dos veces.
—E-el tipo de arriba es inequívocamente Reid Astrea. El propio hombre lo admitió así. Así que te pido a ti, como testigo vivo de aquella época, que nos ilumines. ¿Qué clase de tipo era?
—Era basura humana.
—Ya lo dijiste antes, y lo hemos confirmado viéndolo nosotros mismos.
Los labios de Shaula se torcieron en una mueca desagradable al recordar a aquel muerto. Dejando de lado al hombre de arriba, estaba claro que le sobraban los malos recuerdos.
—Supongo que era de esperar, teniendo en cuenta que se desmayó al verlo.
—Tenemos que pasar a través de él, sea como sea. Me encantaría recibir aunque sea una sola pista sobre cómo superar el Examen del segundo piso.
—Así que, por favor, cuéntanos todo lo relativo a él. La personalidad del Santo de la Espada Reid, sus hábitos, sus relaciones, sus gustos, qué no le gusta, su forma de ser, sus debilidades… Sí, queremos saber su debilidad. Dilo ya.
—¡Estás yendo demasiado rápido! ¡¿Crees que no me habría vengado si conociera sus debilidades?! ¡No tiene ninguna!
—Tch. Inútil.
—Esta niña se cree por encima de mí más que el Gran Maestro…
Shaula frunció los labios ante la presión de Ram, pero solo se encogió de hombros ante su mirada gélida y se escondió detrás de Subaru usándolo como escudo.
—¿Qué estás haciendo, escondiéndote? Definitivamente eres más fuerte que ella.
—No se trata de quién es superfuerte o quién es superdébil. De alguna manera, mis instintos me dicen que haga esto. Tal vez es el Gran Maestro quien tiene miedo. Ese sentimiento de miedo me está afectando, porque somos uña y carne.
—No me eches la culpa de tu falta de coraje.
Incapaz de relajarse al sentir algo blando empujando su espalda, Subaru agarró a Shaula por el cuello y la arrastró de vuelta a donde estaba antes.
Iba a reanudar el interrogatorio, pero…
—Esto… Al final, Shaula no sabe mucho sobre el Examen, ¿verdad?
—No es que no lo sepa. Solo sé que aún no es el supermomento de contarlo todo. O sea, creo que todo se revelará cuando se conquiste la torre.
—Ya veo… Estoy muuuy emocionada.
—No juegues con la inocente Emilia.
—Aunque no conozcas las debilidades del Santo de la Espada, él tiene hábitos, ¿no? Si tiene un patrón de lucha, por ejemplo, podríamos idear una forma de combatirlo.
—Hábitos, ¿eh? Ahora que lo dice, ¡cada vez que intentaba matarlo por acoso sexual, tenía el valor de rascarse el culo mientras se defendía! ¿No es eso un superpatrón?
—Creo que eso solo era para provocarte…
—Creo que su superdebilidad son las chicas bonitas. Supongo que, si pasa una chica superbonita, podría ayudar.
—En ese caso, ¿quedaríamos atrás solo Julius y yo? Eso es aterrador.
—S-Subaru quizás sea capaz de pasar, si se esfuerza, como cegándolo, definitivamente, de esa manera, creo que tal vez realmente podría pasar, ¡supongo!
—¡Eres tan condenadamente linda!
Cuando Beatrice se esforzó por idear una salida que no hiriera sus sentimientos, Subaru la envolvió en sus brazos y le acarició la cabeza.
—En cualquier caso, Emilia tuvo éxito por casualidad, de hecho. Una simple coincidencia. Ese hombre bajó la guardia por casualidad y ella pudo golpearlo por casualidad, supongo.
—¿Y cómo supones que pasó eso?
—Si Emilia hubiera querido matarle, ese hombre no habría sido golpeado, de hecho. Por lo tanto, fue el descuido de ese hombre lo que llevó a la victoria de Emilia, supongo.
—¿Eh? ¿Acabo de ser elogiada?
—Te he elogiado, de hecho.
—Ah, justo lo que pensaba. Juju, gracias. Me hace muuuy feliz.
Emilia celebró el análisis halagador de Beatrice y el cumplido implícito mientras Subaru premiaba a Beatrice con otra caricia en la cabeza.
—Pero es bastante genial pensar que su habilidad para contrarrestar depende de la cantidad de intención de matar. Conque así es, ¿eh? Cuanto más en serio vas sobre eso, tanto más.
—... Miremos lo que dice Barusu desde otro punto de vista: como no sabes hasta qué punto él se puede poner serio, es mejor no dejar que se ponga serio.
—¿No podemos… dejar que se ponga serio?
Recogiendo esa idea, Subaru frunció el ceño. Ram seguía pensativa mientras continuaba.
—La señorita Emilia fue reconocida porque creó una condición y la cumplió… La condición para superar este Examen es bastante voluble, ¿no?
—Pienso lo mismo sobre los detalles difusos de las condiciones. Reflejan muy bien el temperamento del examinador.
—Por eso, creo que lo mejor es entretener al examinador y, de paso, plantear condiciones que puedan servir para el Examen. Además, uno tiene que derrotar al examinador para avanzar al 2º piso.
Al oír la explicación de Ram, a Subaru le cayó la ficha.
Con la cláusula de” sin mover un solo paso”, la avalancha de ataques y un poco de suerte, Emilia había arañado una victoria, incluso si fue tras Reid bajar la guardia y bajo las condiciones más indulgentes para ella. Ahora debían asumir que ganar a la fuerza bruta era imposible.
—Aun así, no creo que pueda ganarle siquiera en un duelo de piedra-papel-tijera.
—Así que tenemos que encontrar una condición que convenza a Reid para que la acepte, y luego hacer lo mejor que podamos… Tal como pensaba, este Examen es uno realmente duro en el que tienes que pensar, ¿eh?
—Más que duro, yo diría que éste es un tipo de acoso diferente comparado con el del tercer piso.
Tras probar conocimiento (de otro mundo), ahora se trataba de probar la fuerza (contra el más fuerte del mundo). En ambos casos, el verdadero objetivo de los exámenes era distinto a lo aparente.
Así que, aunque las dos pruebas eran diferentes, ambas eran claras manifestaciones de la malicia del Sabio que construyó esta torre.
Y entonces…
—… ¿No está bien así? O sea, si no tienen prisa, tómenlo con supercalma.
—Aunque digas “con calma” …
Mientras Subaru observaba pensativo, Shaula, sentada despreocupadamente en el suelo con las piernas cruzadas, intervino alegremente. La cara de Subaru se tensó, pero a ella no le importó. Sus ojos brillaban de felicidad.
—Estaría superbien que el Gran Maestro y todos los demás se queden aquí para siempre jamás. Porque he estado esperando que el Gran Maestro vuelva a casa durante cientos de años.
—Eso es…
—Pueden tomarse el tiempo que quieran, todo el que quieran, para superar los Exámenes. Siempre estaré velando por ustedes; sin importar cuántos días, años, o incluso siglos lleve.
Había un peso en sus palabras que no podía tomarse a broma.
Estaba de buen humor, sonriendo y rebosando afecto hacia ellos—o mejor dicho, hacia Subaru, pero sus palabras también contenían el peso de los siglos que había pasado esperando.
El peso de la guardiana que había protegido la torre durante cientos de años obedeciendo las órdenes del Sabio.
Shaula lo había dicho: estaba prohibido salir sin completar los exámenes. Si se rompía esa regla, aunque fuera Subaru, a quien adoraba como a su maestro, no tendría ninguna piedad.
Que fuera amistosa, que fuera cariñosa, no significaba que fuera aliada.
Cuando se trataba de superar la Atalaya Pléyades, la persona encargada como Guardiana Estelar… Shaula era…
—¡Está bien quedarse aquí y divertirse conmigo!
… no una aliada en la que confiar. Subaru lo sintió dolorosamente claro al ver esa sonrisa en su rostro.
Sección 2
Al final, pospusieron tomar una decisión durante la reunión de planificación para superar a Electra.
Por cómo iban las cosas, no iban a lograr ningún avance real en cuanto a estrategias, pero la razón principal por la que aplazaron la decisión fue el estómago de Subaru rugiendo.
—Ahora que lo pienso, estuve inconsciente durante dos días enteros antes de despertar, e inmediatamente me puse a enfrentar los Exámenes de la torre. No me extraña que mi estómago estuviera a punto de devorarse a sí mismo.
Mientras la conversación se estancaba, su estómago gruñó ruidosamente, y por primera vez se dio cuenta de lo hambriento que estaba.
—No puedo pelear con el estómago vacío… Bueno, técnicamente sí, pero el hambre arruina la concentración y la capacidad de pensar.
Y como resultado de ese rugido, decidieron moverse a otro lugar.
—Honestamente, probablemente fue para mejor que eso pasara de todos modos…
—Un plan para el segundo piso, el tema general de los exámenes allí, el sadismo del creador de las pruebas haciéndose más evidente, y la idea más clara de lo peligrosa que es Shaula, ya merecía atención solo por lo fuerte que era, pero su cabezonería y la manera en que se llevaba tan fácilmente con ellos había desarmado por completo su sentido de precaución.

—¡Está bien quedarse aquí y divertirse conmigo!
Sin importar cuántos días, años, o incluso siglos.
—O mejor dicho, la forma tan descarada en la que lo dijo me ayudó a recordar por fin lo peligrosa que es.
—No es que esté planeando hacerlo, pero si escapamos en mitad de nuestra conquista de la torre, parece que hay una regla que hará que ella definitivamente se vuelva nuestra enemiga.
Preferiría evitar eso. Tanto por el frío cálculo de la fuerza de combate como por razones sentimentales.
—Aparte de ella, sin embargo, al pensar en superar este lugar… hay toda clase de puntos preocupantes pesando en mi mente.
Ya habían pasado más de un mes en su viaje hacia la Atalaya Pléyades. Incluso si resolvían los desafíos de inmediato y terminaban de superar la torre, todavía les tomaría otro mes regresar a Priestella, convirtiéndolo en un viaje de casi tres meses en el mejor de los casos.
Además de que detenerse significaría luchar contra Shaula, realmente no quería rendirse solo porque el viaje se estaba alargando, pero la selección real era una fecha límite firme para Emilia y Anastasia.
Tres años en total, ya había pasado un poco más de un año, lo que significaba que quedaban menos de dos. No tenían el lujo de tiempo infinito.
—Pero si sigues preocupándote sobre lo que te espera después de mañana, no llegarás a ninguna parte, de hecho. Por ahora, el mañana que tiene como base el día de hoy es importante, supongo. Y para ello…
—Ahora tengo que comer hasta llenarme, ¿no?
—Efectivamente, de hecho.
Beatrice había interrumpido las palabras de Subaru con un dedo levantado.
El rugido de su estómago había sido el detonante para terminar la conversación, así que estaba dando un paseo por la torre, más específicamente, por el cuarto piso, que habían convertido en su zona de vida, mientras esperaba que la comida estuviera lista.
Acompañándolo, estrechándole la mano con fuerza mientras caminaban, estaba Beatrice.
El tomarse de las manos de manera habitual era para que Beatrice, el espíritu contratado de Subaru, pudiera absorber directamente maná de él, ya que su puerta era deficiente.
—Además, estuviste muy preocupada por mí cuando estuve inconsciente durante dos días enteros, ¿verdad? Así que por hoy relájate y déjame mimarte.
—Deja de decir comentarios estúpidos, supongo. Tan solo estoy recolectando el maná que no me molesté en recolectar mientras Subaru estaba durmiendo, de hecho. Betty siempre quiere estar a pleno rendimiento, especialmente en esta torre, supongo. Quiero evitar la falta de preparación, de hecho.
—Eso dices, pero ¿al fin y al cabo no fuiste tú quien sostuvo mi mano mientras dormía, aunque no recolectaras mi maná?
—Efectivamente, eso no estaba relacionado con el maná, fue un acto con el propósito de recargar el corazón de Betty, supongo.
Ella lo afirmaba orgullosamente, pero Subaru pensó que eso lo hacía aún más adorable y embarazoso, así que se guardó el comentario.
De cualquier manera, estaba completamente de acuerdo con lo que ella decía. La fuerza de su dúo residía en trucos más sutiles. Eso seguramente les sería útil en el examen del segundo piso y en lo que les esperara en el primero.
—Muy bien, Beako. Estoy listo. ¡Absorbe mi maná hasta que quedes grande y hinchada!
—¡Aunque recolecte mucho maná, Betty no engordará, de hecho! Además, aunque te encuentres bien, no eres consciente de cuánto maná posees, supongo. No puedo dejar que te desmayes de nuevo por tomar el poco maná que ya tenías, de hecho.
—Oye oye, entonces ¿qué sugieres que haga?
—¡Ya-te-lo-dije! Como mínimo, necesitas alimentarte bien, descansar, recuperar tu fuerza y maná, y también trabajar duro y hacerle compañía a Betty, supongo. Esa es tu misión, de hecho.
—Estoy bastante seguro de que ya me encuentro bien, y también estoy bastante seguro de que tus sentimientos de sentirte solita cuando no tienes a nadie se mezclaron con lo que querías decir… Ah.
Subaru logró poner una expresión flexible, a medias frustrada y a medias sonriente por lo adorable de Beatrice. Y justo frente a ellos, al final del pasillo, alguien apareció al doblar la esquina.
Era Emilia, que abrió mucho los ojos al verlos. En su mano llevaba un recipiente metálico… un balde.
—Un balde, ¿eh? Incluso en momentos como este, Emilia-tan se está esforzando al máximo, ¿eh? ¿Vas a practicar tu canto?
—Juju, qué estás diciendo, Subaru. Es cierto que recibo mucha ayuda del profesor Balde cuando estoy practicando mi canto, pero ahora no es el momento para eso, ¿sabes?
—Sí, bueno… Entonces, ¿a qué viene el balde?
—Bueno… Voy a hacer que el profesor Balde haga el trabajo para el que fue hecho, por supuesto.
Sonriendo ante la pregunta de Subaru, Emilia levantó el balde.
—Oh, está lleno de agua, así que supongo que el profesor Balde volvió a su viejo trabajo.
Pero eso solo generaba otra duda.
—Eh, ¿de dónde es el agua? La torre está rodeada por un mar de arena, ¿cierto?
—Ah, en eso te equivocas, Subaru. Si vas más allá de la torre, muy muuuy lejos, se supone que está la Gran Cascada. Y de verdad hay muuucha agua allí, así que…
—¿Fuiste tan lejos para llenar un balde de agua? Todo por mí.
—Si es por ti, Subaru, no me importaría en absoluto hacerlo, pero ese no es el caso. A decir verdad, el espíritu en la Sala Verde nos puede dar agua fresca y limpia.
Emilia parecía orgullosa del origen del agua, pero fue la línea anterior la que lo hizo feliz.
Que estuviera dispuesta a ir hasta la gran cascada para traer agua solo por él. Eso significaba mucho.
—Estoy saboreando esa alegría, pero… El espíritu de esa sala sí que es genial. No solo cura las heridas, sino que también puede hacer cosas así.
—Si es solo crear agua, Beatrice y yo también podemos hacerlo con magia, pero…
—El miasma alrededor de las dunas y la torre es demasiado denso, supongo. Lo más sensato sería evitar beber el agua creada mediante maná que haya estado expuesto al miasma, de hecho.
Sus explicaciones aclararon varias cosas.
Durante el viaje, habían resuelto el tema del agua potable usando magia. Mientras hubiera maná, no había motivo para cargar grandes cantidades de agua. Para ciertas cosas, la conveniencia de la magia era incomparable.
—¿Así que el miasma no contamina el aire, sino el maná? ¿Entonces sería malo para la salud si lo tomas a través del agua potable o algo así?
—No sé si se vería algún cambio inmediato en el cuerpo, supongo. Pero cuanta más agua bebas, más miasma entrará en ti, de hecho. Si eso ocurre, en el peor de los casos, podría acabar como Subaru, atrayendo a las mabestias, supongo. Me dan escalofríos solo de pensarlo, de hecho.
—Sonará raro viniendo de mí, pero sí que es bastante difícil vivir con ello…
Lo había aprovechado en varios aprietos, pero nunca sería beneficioso salvo en situaciones muy específicas.
Incluso al dar un paseo, uno podría terminar de repente rodeado por ellas. Sería mejor no acabar así.
—Por tanto, estamos usando el agua de manantial purificada del espíritu de la Sala Verde tanto como nos es posible. Hicimos lo mismo cuando Subaru estuvo durmiendo durante dos días seguidos
—¿Ah, sí?
Subaru se impresionó al oír la explicación sobre las condiciones de vida mientras estuvo inconsciente.
—Aun así, incluso con agua, hay un límite con la comida. Solo preparamos provisiones para un mes antes de entrar al desierto.
—Mmm, cierto.
—Dicho eso, no tengo intención de estar aquí durante un mes entero.
Subaru sonrió al ver la ligera preocupación en los ojos de Emilia.
Tienen un límite de tiempo y muchos problemas difíciles, pero nada mejorará si se dejan abrumar.
—Sea como fuere, solo ha pasado un día… Ah, bueno, atrasé nuestro START, así que siendo justos, Este es el tercer día desde que llegamos a la torre, pero ya hemos CLEARED el primer Examen y Emiliatan fácilmente logró la victoria en el segundo.
—E-en realidad no logré la victoria “fácilmente”…
—En esta situación puedes presumir un poco, así que no pasa nada por decir que fue fácil.
Levantando un dedo con aires de grandeza, Subaru jaló de la mano de Beatrice, la movió y luego apoyó su barbilla sobre su cabeza. Los dos miraron hacia Emilia.
—No importa si el oponente es el más poderoso antiguo Santo de la Espada o lo que sea. Con el poder de Beako y mis artimañas, derrotaremos completamente en un plis plas a ese maldito acosador sexual palillero con parche en el ojo.
—Exacto, supongo. En un plis plas, de hecho.
—Plis plas…
—¿Quién dice “plis plas” hoy en día?
—¡No vale! ¡Eso es injusto! ¡Subaru y Beatrice no paraban de decirlo!
Las mejillas de Emilia se tiñeron de rojo al darse cuenta de que había caído en su trampa.
Parecía un poco molesta por haber sido arrastrada a una nueva versión de su viejo patrón, pero suspiró, probablemente diciéndose a sí misma que a veces era así.
—Está bien, lo entiendo; lo he entendido. Dices esas artimañas de una manera que parecen fáciles de hacer, Subaru. Pero eso hace que suenes aún más confiable.
—Sí, confía en mí, espera eso de mí y sigue amándome. Después de todo, es por eso que soy tu caballero.
—Así es, cuento contigo, mi caballero.
—Ahora no has negado la parte de amarme, así que estoy un poco nervioso…
—¿...?
Subaru no estaba seguro de qué hacer cuando su petición medio en broma de amor pasó sin comentarios. Pero si en realidad la hubiera aceptado, lo habría dejado al menos igual de nervioso, así que supongo que está bien.
De cualquier forma…
—Sé que es un poco tarde para preguntar, pero ¿no es un poco extraño que fuera Emilia a quien le pidieran que fuera por agua? ¿No se supone que ese es el trabajo que debería realizar tu caballero… o, más bien, un subordinado?
—No pasa nada, de verdad. Puede que Subaru sea mi caballero, pero no quiero que nuestra relación sea la de un amo y su sirviente. Tan solo quiero que Subaru se quede a mi lado. Si eso es todo lo necesario para protegerte, entonces sé obediente y deja que te cuide mientras te recuperas.
—¡¿A qué viene eso, Emilia-tan?! ¡Si vas a mimarme tanto, moriré de felicidad, ¿sabes?!
—¡Además, estoy a cargo de la cena de hoy! ¡Quiero hacerlo todo por mí misma!
—Parece que ambas declaraciones van en serio, eso es lo difícil de Emilia, supongo.
Beatrice suspiró ante la respuesta enérgica de Emilia. Y la familiaridad de ese intercambio fue un alivio para Subaru.
—No tengo tiempo para deprimirme.
Sección 3
—Esta estúpida torre… No hay un mapa, pero estoy seguro de que si lo hubiera, estaría en el lugar más molesto. Odio este tipo de edificios que parecen un desastre desde la fase de diseño…
Esa fue la conclusión de Subaru después de caminar por la torre junto a Beatrice para familiarizarse con el lugar mientras esperaban la comida.
—Qué dices… Viendo el poco gusto de los contenidos de los Exámenes, no sirve de nada quejarse de la personalidad retorcida de su creador, supongo. Es demasiado tarde para eso, de hecho.
—Ah! ¡Acabas de insultar a mi Gran Maestro! ¡Tú, pequeñaja, estás hablando supermal de mi Gran Maestro que construyó esta torre! ¡Gran Maestro, ¿no tiene nada que decir?! ¡O sea, si la está consintiendo tan solo porque es pequeña, acabará siendo una malcriada, ¿sabe?! ¡Tiene que regañarla como si fuera adulta! Y entonces, y entonces, ¡después me podrá consentir a mí tanto como quiera! ¡Apasionadamente!
—Cállate.
Shaula saltó triunfante ante el murmullo de Beatrice.
Ni siquiera era un murmullo en serio, pero explicarlo sería una molestia.
—Ey, dejen de ser traviesos y hacer un escándalo todo el tiempo. Shaula, tú también, por favor, guarda silencio.
—¿Qué~?, no lo soporto. Esto es superdiscriminación. Me discriminan unas pequeñajas.
—Si Beatrice realmente hace algo malo, Subaru la regañará apropiadamente y no la consentirá así sin más ni la malcriará. Y dado que él no lo está haciendo, eso significa que Beatrice no hizo nada que merezca ser corregido. Además, es normal mimar más a los más pequeños. Debemos ser pacientes, Shaula.
—Siendo Betty mayor que todos, no me sienta bien que siempre se me trate como a una niña, supongo…
—Sí, sí, presume de lo mayor que eres.
Subaru rió con ironía mientras intentaba calmar a Beatrice.
Se habían reunido de nuevo en la base para comer. Todos los que no estaban inconscientes estaban presentes, lo que significaba…
—… Antes de comenzar, ¿se me permitiría hablar durante un momento, señorita Emilia?
Julius, que había sido el último en llegar a la sala, intervino.
Había sido confinado en la sala verde para centrarse en sanar, pero el hecho de que se presentara no era porque tuviera el estómago vacío.
Emilia, que había organizado todo para la comida, asintió.
—Por supuesto, adelante. Pero, de verdad que no necesitas pedirme permiso.
—Debido a que la señorita Anastasia está actualmente ausente, la persona a quien más se le debe respetar es usted, señorita Emilia. Es más, mi actitud egoísta ya ha sido un inconveniente para usted. No puedo asegurar con certeza que se limite solo a esta ocasión.
Julius negó con la cabeza mientras elaboraba con elegancia.
Ese pensamiento rígido, formal y caballeresco era cada vez más su yo habitual, pero también había alguien allí a quien no le caía nada bien.
—Qué admirable. Ojalá hubieras actuado de tal manera antes.
—Ram…
—Ya tenemos suficiente insensatez con Barusu. Es natural perder la fe en alguien que actúa sin pensar. Espero que puedas convencernos de que no lo repetirás.
Ram se dirigió con frialdad a Julius, juzgando su decisión impulsiva con las palabras más duras. La frialdad en sus ojos era la de siempre, pero su expresión se sentía más rígida de lo normal. Eran palabras duras, pero suavizadas un poco por su preocupación, a su manera.
—Ram, eso fue demasiado.
—… Mis más humildes disculpas, señorita Emilia. Seré más cuidadosa de ahora en adelante.
Ram se disculpó cuando Emilia la reprendió.
Está más tensa de lo habitual, así que sería un error culparla por eso. No es que odie o desprecie a Julius. Solo quiere salvar a Rem y hacer todo lo posible para lograrlo.
—He causado muchos problemas a usted, Ram, y también a todos los demás.
Entendiendo eso, Julius reconoció que su severidad era el justo castigo que había ganado y agachó la cabeza sin protestar.
Asumir la responsabilidad era lo que había querido hacer antes de que comenzara la comida.
Subaru entendía en parte el impulso de la decisión precipitada de Julius, así que ya había podido perdonarlo, pero que Julius se perdonara a sí mismo era otra historia.
Este era un primer paso necesario hacia eso.
—¡Muy bien! Julius se disculpó, y yo lo acepto. Así que, en lo que a mí respecta, este asunto se acabó.
Con un aplauso de sus manos, Emilia respondió a la disculpa de Julius. Subaru asintió también, por supuesto, al igual que Beatrice.
—Bueno, por mi parte ya le he dicho lo que quería decir, así que no diré nada más por la misericordia de un caballero.
—Betty también tiene misericordia de un caballero, de hecho. No pasa nada si simplemente lo compensas con tus acciones futuras, supongo.
—… Tienen mi gratitud.
Julius cerró los ojos ante sus respuestas.
Después de ellos, Meili fue la siguiente en reaccionar. Estaba sentada en el suelo con las piernas extendidas, jugando con su cabello.
—¿Acaso no está todo bieeen? Después de todo, no ha muertooo. Y, de todas formas, tampoco es que esté muy preocupada por el hermano caballerooo.
—El Gran Maestro dice que NO PROB, así que NO PROB por mi parte tampoco. NO PASS.
—NO PASS es algo completamente diferente…
La respuesta de Meili fue desinteresada, probablemente más por auténtica indiferencia que por querer ser amable. Y Shaula probablemente también estaba siendo honesta.
Y…
—…
Ram fue la única que no dijo nada en respuesta a la disculpa de Julius.
Simplemente cerró la túnica que tenía sobre los hombros y miró hacia la comida. Julius aceptó eso en silencio. Y Subaru y los demás también.
Lo que quedaba era entre ellos y no algo en lo que los demás debieran meterse.
—… Bueno, comamos. Ram y yo fuimos las cocineras hoy.
—No pudimos usar fuego, así que es un poco masculino; pero debería estar decente.
—Mmm, así es. Está muuuy decente… Mmmm, ¿”decente” no suena un poco raro?
Emilia continuó la conversación, recomponiéndose, pero ladeó la cabeza ante la aclaración de Ram. Esta no dijo nada más, sin embargo.
De cualquier forma, con ese intercambio, comenzaron su comida en la torre.
Por cierto, de las personas reunidas, los únicos que podían preparar una comida decente eran Subaru, que había adquirido ciertas habilidades culinarias durante su año trabajando como mayordomo, y Julius, que podía desempeñarse en casi cualquier cosa que intentara sin mayores problemas.
Aparte de ellos dos, Ram era la única capaz de cocinar de forma aceptable.
En el viaje a Priestella, Subaru, Otto y Garfiel habían jugado piedra-papel-tijera para decidir quién se encargaría de la cocina.
Dejando eso a un lado…
—… Dado que me estás mirando fijamente, ¿tienes algo que decirme?
—... No, sé que ya ha pasado más de un mes desde que comenzamos este viaje y todo eso, pero todavía me extraña que Ram sepa cocinar.
—Y yo preguntándome qué dirías…
Ram no ocultó su suspiro exasperado ante el comentario de Subaru.
—La única razón por la que Ram no se acerca a la cocina no es porque Ram no sepa cocinar, sino porque no quiere. No voy a utilizar mis habilidades para ningún tipo de cocina que no involucre boniatos al vapor. Esa tarea se la pueden repartir Frederica y Petra.
—Ya veo… Entiendo.
—De hecho… Betty se pregunta por qué los boniatos al vapor son especiales, de hecho.
Ram frunció el ceño, como si ni siquiera estuviera segura de lo que había dicho. Subaru soltó un pequeño suspiro.
Las habilidades de Ram en cualquier tarea doméstica quedaban muy por debajo de las de Rem. Pero con todos los recuerdos de Rem borrados del mundo, Subaru entendía que ese hecho, literalmente, ya no existía.
En realidad, Ram podía hacer casi cualquier cosa si se lo proponía. Eso no se limitaba a su trabajo como sirvienta. La pérdida de Rem probablemente no tenía nada que ver con ello.
Incluso cuando Rem estaba consciente, Ram podría haber hecho los trabajos si hubiera decidido hacerlo.
Pero no era solo su tendencia natural a la pereza lo que la detenía.
—…
Subaru, intencionalmente, no quiso profundizar demasiado en eso.
Ella no lo entendería ahora, y aun después de recuperar a Rem, no tendría sentido mencionarlo.
—Aunque supuse que así sería, en verdad que no tienes modales en la mesa, ¿no?
—Ñam, ñam… ¿Eh? Gran Maestro, ¿acaba de decir algo?
Tras esos pensamientos que ensombrecieron su ánimo, Subaru miró a Shaula, que estaba atiborrándose de comida.
Hay muchas chicas en este mundo que desperdician su belleza, pero ella debe estar en el primer nivel. Al menos al nivel de Liliana.
—La medio desnuda está devorando todooo… ¿De verdad tienes tanta hambreee?
—¡Nah, es solo que esta comida está superbuena! ¡O sea, no pensaba realmente que comer fuera la gran cosa, pero si realmente está así de buena, no me importaría volverme la discípula de esa semibruja!
—¿Eh? ¿Mi discípula? ¿Te refieres en la cocina?
Shaula no dejó de mover la boca mientras Meili hablaba, tragó de un bocado y señaló a Emilia. Ante la sorpresa de Emilia, Shaula asintió con entusiasmo a esa pregunta.
—Esta comida está super bien hecha. No puedes engañar a mis ojos. ¡Voy a aprender también, me haré superbuena inmediatamente y me colaré en el corazón del Gran Maestro a través de su estómago, y no dejaré que duerma esta noche!

—Por ahí se escapan tus verdaderas intencioneees.
—Shaula, entiendo tus sentimientos. Pero sabes, el camino del cocinero es largo y tortuoso. Si realmente estás lista, pensaré seriamente en hacerte mi discípula.
—Emilia-tan, a veces eres muy descarada con las cosas más raras, ¿sabes?
Probablemente Ram había hecho tres cuartas partes de la comida. Emilia hablando en grande sobre las profundidades de la cocina y Shaula impresionándose demasiado con una cocina amateur eran cosas bastante graciosas.
—Pero nuestra provisión de comida va a ser un problema…
Era un asunto preocupante para Subaru.
Ante sus ojos, Shaula sonreía con lágrimas en los ojos mientras seguía llenándose la boca, y los instintos maternales de Emilia se veían estimulados al verla, así que seguramente añadiría más comida en el futuro.
Había calculado un mes como límite de tiempo considerando la comida que tenían, pero…
—A este ritmo, puede que ni siquiera tengamos tanto…
Sección 4
Una vez terminaron de comer y se tomaron un baño (que consistió principalmente en frotarse el cuerpo), dieron el día por terminado, y era hora de irse a la cama.
—Ahora que lo pienso, quizá una caótica reunión nocturna para idear cómo superar esta torre habría sido el camino correcto… pero también es difícil imaginar que encontráramos una respuesta así ahora mismo. El yo del futuro tendrá que encontrar la solución a esos problemas, aunque eso suene un poco despreocupado.
—Realmente, no es un problema cuya solución se nos vaya a ocurrir fácilmente. Tomémonos un poco más de tiempo.
—Es lo que hay. En el peor de los casos, existe la opción de volver a intentarlo mañana sin ningún plan extra. Simplemente prueba y error, en vez de intentar abarcar todas las posibilidades. Lo que ocurre si cometemos un error fatal es preocupante, pero al menos ese imbécil no parece tener intención de matarnos Y quizá encontremos una pista hablando con él, como cuando Emilia consiguió concesiones solo con pedírselo.
—Aun así, necesitamos ser capaces de analizar lo que venga, y eso significa comer y dormir lo suficiente para poder rendir al máximo.
Frotándose las mejillas con ambas manos, Subaru intentó sacudirse de encima los problemas que lo agobiaban.
Así que por hoy ya estaba todo decidido. Todos volvían al carruaje a dormir y prepararse para mañana, pero…
—Subaru, Betty estará junto a Emilia y los demás en el carruaje de dragón, de hecho.
—Bien, entendido. Lo siento, Beako. No vayas a dormir muy tarde. Dejarás de crecer y te quedarás atascada así de chiquita… Espera, así eres bastante linda. Muy bien, Beako, quédate despierta hasta tarde.
—No tienes de qué preocuparte, Betty ya no crecerá más, supongo. Seré linda por siempre, de hecho. Así que me quedaré así, aunque me vaya a dormir temprano, supongo.
Beatrice bostezó y saludó con la mano de manera casual mientras se marchaba. Iba de la mano con Emilia.
—Emilia-tan, cuida de Beako. Hasta mañana.
—Sí, hasta mañana. Subaru, tú tampoco te vayas a dormir muy tarde, ¿sí?
Con eso, y sin reprocharle por haberse quedado levantado hasta tarde, Emilia bajó las grandes escaleras hacia el piso inferior. Viéndolas marchar, Subaru se estiró un poco y caminó por el pasillo del cuarto piso.
Su objetivo era fácil de encontrar: la puerta cubierta de enredaderas que daba al cuarto verde.
Allí…
—¿Eres tú, Subaru?
—… Ah, eres tú.
Frente a la sala se topó con Julius, que abrió los ojos, sorprendido al verlo.
Julius estaba justo a punto de entrar en el cuarto verde. Sus ojos se entrecerraron un instante al ver a Subaru, pero enseguida asintió con comprensión.
—Entiendo. Parece que compartimos el mismo motivo para entrar en esta sala.
—Estoy bastante seguro de que tenemos a diferentes personas en mente… Entonces, ¿debería cederte esta noche?
—No, debo cederte el lugar. Tú estuviste inconsciente dos días. Pudiste confirmar que está a salvo, pero estoy seguro de que ella también esperaba esta noche con ansias.
—… Bueno, si lo dices así, no voy a discutirlo.
Rascándose la cabeza con torpeza ante esa circunlocución elegante, Subaru miró de reojo a Julius.
—No parece que esté forzándose, pero nunca fui bueno leyendo las caras de la gente. Si lo está ocultando, yo no podría darme cuenta.
—¿Estás seguro con eso? Supongo que tú querrías estar a su lado.
Subaru suspiró y preguntó directamente lo que pensaba. Julius sonrió débilmente.
—Es cierto que, de ser posible, me gustaría estar junto a la señorita Anastasia cuando despierte. Es solo que… siento que no sabré qué decirle cuando llegue ese momento. Ciertamente me siento perdido en este aspecto. Es absolutamente patético.
—Primero dirás “estaba muy preocupado, me alegra que haya despertado”, ¿no? El problema es lo que viene después. Esto… Bueno, te lo dejaré a ti.
—Ju.
—¿Por qué te ríes? Con lo en serio que hablaba…
Había sido una respuesta cuidadosamente pensada, pero no parecía satisfacer a Julius. Dándose la vuelta, Julius le dio la espalda a Subaru, que se sintió herido por la risa.
—Eres capaz de decir libremente lo que piensas. Envidio eso de ti.
—Suena como si me estuvieras llamando idiota, lo cual molesta. Oye, ¿a dónde vas?
—Te dejaré este lugar a ti. Regresaré al carruaje de dragón a reposar. Me siento levemente fatigado por todas las actividades de hoy.
Julius levantó la mano mientras se alejaba.
—¿Se ha recuperado tanto como para decir “un poco cansado” después de lo del examen? ¿O también es solo fachada? No puedo saberlo.
—No puedo saberlo, pero…
—… Julius, sí que sería mejor si estuvieras al lado de Anastasia cuando despierte. Cuando haya acabado con todos mis asuntos iré a despertarte, así que será mejor que estés listo.
—…
—Que sepas que estoy bastante seguro de tener muchos más arrepentimientos sobre mis espaldas que tú. Así que este es mi ADVICE. Te lo digo en serio.
Eso fue lo último que Subaru dijo antes de que la figura de Julius desapareciera por el pasillo.
No respondió, pero no se convertirá en un problema.
Al menos, Subaru tenía esa fe en él.
—Voy a entrar.
Negando con la cabeza, dejó de lado su preocupación por Julius y empujó la puerta, entrando al cuarto verde. Como siempre, estaba iluminado por una luz tenue, cubierto por un inmenso verdor, y en el interior descansaban dos chicas en camas de hierba.
La cama más cercana era la de Anastasia, y más al fondo estaba Rem.
—Y en el último rincón, tú.
Al alzar la vista, Subaru vio a Patrasche en completa naturalidad, como si esa situación fuera lo esperado. No solo eso, sino que su fiel dragona había dejado libre la mitad de la cama, haciendo espacio para que Subaru se sentara al lado, junto a donde dormía Rem.
—Eres una dragona de tierra desperdiciada en un tipo como yo.
Riéndose un poco, Subaru se rascó la mejilla y aceptó la consideración de Patrasche, sentándose en la cama y sonriendo suavemente a Rem, que descansaba plácidamente.
—Julius dijo que ella estaba esperando a que cayera la noche…
Se equivoca.
—Eso no es así en absoluto. Rem no está esperando un momento en que pueda hablarle sin interrupciones. Soy yo.
Sección 5
Subaru notó el cambio cuando sintió que su hombro se sacudía.
—… ¿Eh?
Levantando la cabeza, se puso lentamente de pie.
Su conciencia volvió a la realidad, escapando de la niebla de los sueños.
—¿Me he… quedado dormido?
Llevándose la mano al mentón, se sorprendió de haberse quedado dormido.
Debió haberse desmayado en algún momento mientras hablaba con Rem.
Como había apoyado la cabeza, tenía marcas en la mejilla por las hojas. Pasó los dedos sobre ellas…
—Lo que significa que yo también estaba bastante cansado… ¿Eh, Patrasche?
Subaru se giró a mirar la razón por la que había despertado. Patrasche le había golpeado con la cola. ¿Por qué me despertó?
Pero no tuvo que preguntarle a su querida dragona para obtener la respuesta.
Era obvio.
Por el rabillo del ojo notó algo extraño y se volvió bruscamente.
—… No puede ser…
De las dos camas de la sala, una—la que ocupaba Anastasia—estaba vacía. Subaru sintió un escalofrío.
—D-después de que le dije todo eso a Julius…
—Por quedarme dormido, ni siquiera noté que se fue… No, no es solo eso.
—Despertó… Entonces, ¿qué…? ¿Dónde fue? ¿Al baño? ¿Sin despertarme?
Que Anastasia—o más precisamente, Eridna—hubiera dejado la Sala Verde sin decir nada, mientras Subaru también dormía allí, no era una buena señal.
—¿Por qué lo hizo? No debería ser por la misma razón que Julius se había marchado solo, pero…
—La cama todavía está caliente… Tengo que ir a buscarla.
Aún estaba caliente, y además Patrasche lo había despertado. Probablemente no había pasado mucho desde que salió.
—¡Patrasche! Vigila a Rem por mí. ¡Y gracias por despertarme!
Agitando la mano al breve relincho de ella, Subaru salió corriendo de la sala.
Su mente iba a toda prisa, pero no lograba imaginar a dónde podría ir Anastasia. Si fuera él, lo primero que querría sería asegurarse de que Emilia, Beatrice y los demás estuvieran a salvo, así que en su caso eso significaría comprobar cómo estaba Julius.
—No, espera, es Eridna quien se encuentra dentro de ella ahora mismo. Es imposible que sea algo tan simple. Pero entonces…
No puedo cubrirlo todo solo. Es vergonzoso haberme quedado dormido así, pero debería avisar a los demás para que la busquemos juntos…
—¿Eh?
Estaba a punto de bajar las escaleras para alertar a todos cuando se detuvo en seco.
Era una reacción atónita, confusa. Una reacción a ver algo inesperado, algo que no debería estar allí.
—…
Mientras sus ojos se abrían de par en par, algo cruzó tranquilamente su campo de visión. Era un ave de alas blancas, que volaba con gracia a través de un pasillo bastante estrecho.
—¿Un pájaro…? ¿Aquí?
Subaru se quedó desconcertado por la presencia del ave, que no tenía por qué estar allí.
No hay ventanas ni agujeros en el muro exterior de la torre. Está completamente sellada, y la única conexión con el exterior es la puerta del quinto piso.
—¡Gh! ¡E-espera!
Sintiendo que algo no cuadraba, Subaru corrió desesperado tras el ave, que se alejaba cada vez más.
Vaciló un instante, preguntándose si debía avisar a alguien sobre la desaparición de Anastasia y el pájaro, pedir ayuda quizá.
Pero Subaru eligió seguir al ave. Sus instintos le gritaban que si lo perdía de vista, pasaría algo terrible, así que obedeció y lo persiguió.
Por supuesto, el ave no fue tan amable como para reducir la velocidad solo porque Subaru lo pidiera. Siguió volando con gracia por el pasillo, alejándose más y más.
Subaru lo persiguió con todas sus fuerzas, y al final…
—¡¿...?! ¡¿Ha desaparecido?! ¡Eso es imposible…!
Su voz se quebró al llegar al final del pasillo.
El pasillo era un arco que seguía la pared exterior de la torre, pero no formaba un bucle completo. A mitad de camino había un muro que bloqueaba el paso.
Usando un reloj como referencia, había un muro conectando las posiciones de las doce y las seis, bloqueando el paso sin importar desde qué lado se llegara.
Subaru ya lo sabía, así que había asumido que lograría atrapar al ave a menos que abriera una puerta o entrara en alguna habitación, pero…
—No parece que se haya estampado contra la pared y se haya caído. ¿Qué está pasando aquí?
Sin poder encontrar rastro de dónde desapareció el pájaro, Subaru miró alrededor confundido.
Por desgracia, no había una habitación cerca a la que pudiera haberse escapado. Había aparecido de repente y había desaparecido igual. Casi parecía un sueño, pero…
—… Esto es una pluma, ¿no?
Recogiendo una pluma blanca caída en el suelo, Subaru tuvo la prueba de que el ave realmente había estado allí. Al menos podía llevarla a los demás para demostrarlo. Pero eso no resolvía nada.
—No hay pistas de a dónde desapareció Anastasia…
—No, espera… Tiene que haber algo aquí, donde estaba la pluma…
Pensando eso, Subaru empezó a inspeccionar por completo el suelo y las paredes cerca de donde había estado la pluma. Tocó, empujó y tanteó el suelo de piedra, el techo, las paredes y los alrededores.
Pero no parecía haber nada oculto, y empezó a impacientarse a medida que pasaba el tiempo.
—De verdad debí haber llamado a alguien…
Justo cuando pensaba eso…
—¡¿Ah?!
Puso la palma en el suelo donde había estado la pluma. Y al rozar la pared con los dedos, estos atravesaron la superficie.
No era una ilusión óptica. Extendiendo lentamente la mano, comprobó que no podía tocar la pared.
—Pero estoy bastante seguro de que he revisado las paredes de aquí a fondo.
Para asegurarse de que no estaba enloqueciendo, volvió a probar. La pared estaba allí desde su cintura hacia arriba, pero más abajo era un engaño.
Una pared ilusoria que cubría la entrada. La última vez que había visto algo parecido fue tiempo atrás cuando Petelgeuse y el Culto de la Bruja se escondían en aquella caverna.
—… Quien no arriesga no gana, eh…
Gateando, logró pasar bajo la pared. Dudó un instante antes de decidirse a atravesar y ver qué encontraba.
El ave probablemente pasó por aquí, volando bajo. Si lleva afuera o a otra parte de la torre…
—¡Puah!
Estaba oscuro tras el muro, pero más corto de lo que esperaba. Al cruzar la falsa pared, Subaru inhaló como si saliera a la superficie tras sumergirse. Por alguna razón había contenido la respiración mientras pasaba por la oscuridad.
Y sintió el aire exterior, una brisa helada, contra su rostro.
—… Ohhh…
Abrió los ojos, dejándolos acostumbrarse poco a poco tras el pasaje oscuro.
Lo que vio frente a él fue el desierto nocturno desde un punto muchísimo más alto de lo que hubiera imaginado. Un cielo negro lleno de estrellas titilantes.
Y…
—…
En lo que podía llamarse un balcón de la torre estaba Anastasia, con su cabello lila ondeando al viento, rodeada por decenas de aves.
Sección 6
—Al otro lado del túnel había un país de nieve.
Era una broma que no describía en absoluto la extraña escena frente a él.
Había atravesado una pared, no un túnel, y no lo esperaba una tierra de nieve, sino la fría brisa del desierto y el cielo nocturno. Las estrellas brillaban intensamente mientras un mar negro, el desierto, se extendía muy, muy lejos en todas direcciones.
Nada de eso encajaba con lo que había dicho. En cambio…
—… ¿Natsuki?
Al escuchar el murmullo ronco de Subaru, alguien de cabello lila ondeando al viento se volvió hacia él.
Ella sostuvo suavemente su cabello mientras sus ojos verdes se encontraron con los de Subaru. Era justo la persona que estaba buscando.
—… El pintoresco escenario de este SPOT es ideal para un paseo nocturno, ¿verdad?
Ocultando su sorpresa, Subaru se encogió de hombros ante Anastasia mientras cambiaba de tema. Anastasia sonrió levemente.
—Es cierto que la vista es geniar. Pero es una verda’era pena que er paisaje sea to’o negro. Habría si’o diferente si desde lejos se viera también er pueblo.
—Eso es cierto, pero el encanto de mirar hacia el mar de la noche tampoco está tan mal, ¿sabes? Además, aunque digas eso…
Subaru señaló hacia arriba en lugar de hacia afuera. Atraída por eso, Anastasia alzó la mirada hacia el cielo nocturno repleto de estrellas.
—El aire es fresco y limpio, y las estrellas se ven muy bien. Es muy romántico, ¿no crees?
—Es verdad que las estrellas son hermosas, y ‘toy de acuerdo con que er aire es limpio, pero… aparte de contemplar las estrellas, hay otra cosa que llama la atención, ¿no crees?
Levantando la vista, los labios de Anastasia se suavizaron. Al verla, Subaru se detuvo a unos cinco metros de distancia.
Y entonces…
—… Entonces, ¿cuál es tu excusa para esta situación?
—¿Excusa?
—Dejar la habitación a hurtadillas en mitad de la noche, atravesar un pasaje secreto del que nadie sabe, jugar con pájaros en la brisa de la noche… Es demasiado sospechoso.
Anastasia mostró una expresión curiosa, pero Subaru insistió con firmeza.
Los pájaros…
En ese lugar estaban solo Subaru y Anastasia cara a cara, pero había un verdadero público observándolos desde el balcón: aves que no se movían en absoluto, observando en silencio como muñecos.
Y no eran una ni dos, sino un número inquietante. Alineados en el borde del balcón, al menos cincuenta pájaros descansaban sus alas. Una cantidad propia de una bandada. Una bandada, pero no un verdadero grupo, pues no eran todos de la misma especie.
Blancos, azules, negros, moteados, grandes, pequeños, delgados, gordos. No había un patrón que uniera a esa multitud de aves. Eso ya era extraño de por sí, pero lo que más inquietaba a Subaru era la manera en que se comportaban.
—A pesar de la tremenda multitud de pájaros presentes, no solo no se escuchaba su piar, sino que ni siquiera se oía el batir de una sola ala.
Las aves, tan diversas, estaban unidas en silencio, simplemente posadas allí.
—Es inevitable que Natsuki se sienta incómo’o así, pero…—Anastasia llevó una mano a su mejilla—. Llamarlo “pasaje secreto” es una exageración, ¿no crees? Ar fin y ar cabo, Natsuki también se las apañó para llegar hasta aquí.
—Eso… Bueno, un pájaro me guio, más o menos, ¿sabes?
—En ese caso, a mí me ocurrió iguar. Solo ‘taba dando un paseo por la torre durante la noshe. Entonces un pájaro salió de la na’a. Me entró la curiosi’ad preguntándome a qué vino eso, y acabé llegando aquí.
Los ojos de Anastasia se entrecerraron mientras extendía los brazos, imitando el vuelo de un pájaro.
Era evidente que no era una explicación convincente. Subaru no tenía pruebas para refutarla, pero se negaba a creer una historia tan conveniente, poniéndose a sí mismo en un pedestal especial en el proceso.
—Estos pájaros…
—Me pregunto qué les ocurre a estos pequeñines.
—Gh. Eso es justo lo que yo quería preguntar.
Su evasiva era realmente incómoda, y la forma en que las aves parecían observarlos en silencio lo inquietaba de verdad. No lograba leer nada en sus ojos.
—Los pájaros, el balcón… ¿Qué está tramando?
—¿Esos son los pájaros que volaban durante la tormenta de arena?
—Definitivamente son los mismo’ que Ram usó en su Clarividencia. No sé qué pasó con ellos después de que llegamo’ al campo de mabestias… pero parece que llegaron aquí sanos y a sarvo.
Los labios de Anastasia se curvaron apenas en una sonrisa irónica mientras acariciaba la garganta de un ave. El pájaro no reaccionó, y Anastasia suspiró.
—Han estado así todo er tiempo. Yo también estoy bastante desconcerta’.
—A juzgar por mi experiencia, es un poco imposible de creer.
—¿Qué quieres decir?
—Que cada vez que me encuentro con una situación como esta, casi siempre es de vida o muerte.
Tenía una amplia experiencia en acciones imprudentes que terminaban en experiencias cercanas a la muerte.
La más antigua había sido cuando vagó por la mansión de noche y Rem lo mató a golpes. Omitiendo muchos, muchos otros ejemplos, Subaru había llegado más o menos a la conclusión de que las acciones imprudentes siempre conducen al peligro. Y su situación actual era extremadamente peligrosa…
—Relájate. No ‘toy pensando en argo tan indirecto, y no guardo hostili’ad contra Natsuki. Ni contra nadie má’ en esta torre… Ah, exceptuando a los Examina’ores.
—Shaula y Reid, ¿eh?
El rostro de Anastasia se ensombreció al escuchar esos nombres, y Subaru lo notó.
—Tú no lo escuchaste porque estabas durmiendo, ¿verdad? Sobre el tipo nuevo que apareció en el Examen del segundo piso. Él es Reid Astrea, el Santo de la Espada de la primera generación. Parece ser que un mecanismo lo hizo aparecer desde el pasado.
—Esta torre fue diseña’a de una manera muy cuestionable… Me pregunto en qué estaría pensando su creador.
Al oír eso, Anastasia reaccionó con asombro y luego con un breve comentario. Subaru notó cómo su acento de Kararagi se le escapaba en el tono, y respiró hondo.
Hasta entonces, había tratado de interactuar con ella como si fuera Anastasia, o al menos eso intentaba. Pero su verdadera naturaleza era…
—… Ahora que estamos solos, ¿quieres hablar abiertamente un poco?
—Hmm…
—Honestamente, hablar contigo mientras llevas la piel de otra persona es… Digamos lo que digas, nunca podré creértelo del todo. Así que…
—Dices que quieres intercambiar palabras conmigo, pero no con la yo que actúa como Ana.
En un instante, el tono de Anastasia cambió al responder a su propuesta.
Toda su presencia se transformó al instante, como si alguien hubiera accionado un interruptor. Aunque seguía viéndose exactamente igual, era como si otra persona completamente distinta estuviera frente a él. La sensación en sus ojos, la expresión pensativa… todo había cambiado.
—…
Mientras Subaru contenía el aliento, Anastasia—o más bien, el espíritu artificial Echidna—se giró y se apoyó contra la corta barandilla del balcón. Comenzó a acariciar la cabeza del ave blanca que se había posado en la baranda.
—Hace tiempo que no hablamos así.
Y aceptando la propuesta de Subaru, sonrió débilmente.
—¿No piensas venir aquí?
—No, no soy bueno con las alturas, y las medidas de seguridad parecen incompletas, así que paso.
—Descuida, aunque te acerques con la guardia baja, no te empujaré al vacío, ¿sabes?
—No puedo confiar en ese tipo de comentario. Suenas igualita a la original.
A cientos de metros de altura, con solo una baranda a la cintura como protección. Echidna lo invitaba con inocencia, y frunció el ceño ante su negativa.
—¿Te importa? Ya te lo he pedido antes, pero ¿podrías dejar de meterme en el mismo saco que esa Bruja original? Si soy franca, pocas cosas me resultan más molestas que me comparen con alguien que ni siquiera conozco. Incluso si fue la persona que me creó.
—Eso también… No, tienes razón. Lo siento. Trataré de corregirlo.
Hablaba con la voz de Anastasia y lucía igual que ella, pero…
—Eso suena exactamente a lo que diría esa Bruja. Pero si alguien dijera que me parezco a Echidna, yo también demandaría por difamación.
—¿No tienes miedo de que te ataquen en bandada y te picoteen todo el cuerpo hasta matarte?
—Tu imaginación me resulta mucho más aterradora. No irás a decirme que éste es otro de tus juicios basados en la experiencia, ¿verdad?
—Algo así me pasó con unos adorables conejitos que se me echaron encima enérgicamente.
Desde entonces, siempre estuvo un poco nervioso cuando veía a un gran grupo de animales reunidos en un mismo lugar.
—Puedo decir con confianza que en ninguno de mis bucles hubo una “muerte fácil”, pero ese recuerdo fue particularmente malo.
—… De hecho, te has puesto pálido, así que no te preguntaré más al respecto. Y sobre estos pájaros, no es que sienta un afecto familiar por ellos.
Su rostro, al parecer, se había vuelto visiblemente pálido, lo suficiente para convencer a Echidna de retirar rápido la mano del ave. Luego, apoyando ambas manos sobre sus rodillas, volvió a mirar a Subaru.
—Me sugeriste que hablara como soy de verdad, pero… ¿de qué quieres hablar con mi yo que ha olvidado comportarse como Ana?
—Para empezar, tu conexión con este lugar y con estas aves.
—En cuanto a eso, tan solo puedo responder lo mismo que he contestado como Ana. Fui guiada igualmente hacia este lugar por un pájaro. Hasta entonces, no tenía la más mínima idea. Pero…
—¿Pero?
Subaru casi se decepcionó al ver que la respuesta no cambiaba, pero aquel pequeño “enganche” al final le hizo alzar las cejas. Echidna dudó un momento ante esa reacción antes de continuar.
—Siendo completamente honesta, estaba pensando en preguntarte exactamente lo mismo.
—¿Preguntarme algo?
—¿Quizá te sonó a broma con el tono de Ana? Terminé aquí como si algo me hubiera guiado. Y ahora que estoy aquí, estoy hablando contigo… Tú, que estás justo entre mí y el camino de regreso a la torre.
—…
—La guardiana de esta torre, Shaula, te conoce. O al menos, actúa contigo como si eso fuera cierto. Teniendo eso en cuenta, decir esto ahora que estamos a solas quizá sea injusto, pero…
Subaru, atrapado en lo que Echidna estaba diciendo, no la interrumpió. Ella hizo una pausa antes de lanzar su pregunta.
—Natsuki Subaru, ¿quién eres?
—“Quién” preguntas, pero no soy nada especi—
—Antes de dirigirnos hacia Priestella… Hace un año, tras la ceremonia de otorgación de honores por la subyugación de la Ballena Blanca y la subyugación de Pereza, Ana llevó a cabo una investigación sobre ti.
Echidna estaba revelando parte de la estrategia que había seguido el bando de Anastasia.
Una teoría de cómo competir contra su rival Emilia y contra el caballero de Emilia, Subaru, que acababa de recibir una condecoración al valor.
Pero incluso Anastasia Hoshin, la gran mercader que lideraba la Compañía Hoshin…
—No se pudo obtener información sobre tu trasfondo. Ana se quejaba de que únicamente investigar la más mínima información era extremadamente complicado. En cuanto a eso, llegó a la conclusión de que eso quizás se debía a personas a tu alrededor que habían actuado en tu lugar.
—Ocultando los detalles de mi identidad… Si alguien de nuestro grupo estuvo implicado en eso, la suposición obvia es Roswaal, seguido de Otto o Clind.
—Después de todo, lo que se pudo recabar fue tan solo respecto al pequeño suceso en el que te involucraste en la Capital Real, justo antes del comienzo de la Selección Real. Cuando el caballero Reinhard descubrió a la candidata Felt, y había evidencias de que se cruzó contigo. Pero eso fue todo.
No podía haber registros más allá de eso.
Con esa última pieza, el seguimiento de Echidna—o, en este caso, de Anastasia—sobre los pasos de Subaru era prácticamente perfecto.
Salvo por el hecho de que, para ella, seguía incompleto.
—…
Los ojos de Echidna se entrecerraron mientras Subaru luchaba por pensar en qué debía decir.
—El no poder contarle a la gente sobre mi Retorno por muerte ni explicar lo que sé gracias a eso ya me ha causado bastantes problemas antes, pero esta es la primera vez que… El origen de Natsuki Subaru, ser alguien desconocido, es la cadena que me retiene esta vez.
—Yo soy…
—Y así es como acabo de alinearlo todo.
—… ¿Eh?
El ceño de Subaru se fruncía mientras luchaba por encontrar las palabras, cualquier cosa para responder, pero Echidna simplemente extendió las manos. Su tono era tan ligero que lo tomó por sorpresa.
Al ver esa reacción, Echidna asintió para sí, satisfecha.
—Ana y yo te reconocimos como a un caballero recién llegado con un montón de hazañas meritorias, con ese tipo de trasfondo desconocido… Así fue, hasta Priestella. No tengo palabras para expresar como esa impresión cambió con la batalla contra el Culto de la Bruja en Priestella… pero soy consciente de que está cambiando ligeramente de nuevo tras venir a esta atalaya.
—…
—Me preocupaba estar contigo a solas entrada la noche en un espacio más allá de la vista de cualquiera; así que, aunque estuviera en guardia contra ti, quiero que lo perdones por ser algo inevitable.
Cruzando sus brazos abiertos, Echidna ladeó el cuello sonriendo.
Subaru la escuchó hasta el final en silencio, moviendo sus labios resecos, luchando en serio por cómo tomar aquello.
Pero mientras se debatía con eso, lo notó.
Ella apretaba sus manos contra sus rodillas con tanta fuerza que la punta de sus dedos estaba pálida.
—… Oye, no me digas que… ¿De verdad tienes miedo?
—Ese comentario es un poco perturbador. Por ejemplo, ¿qué clase de relación tienes realmente con Shaula?
Respondió a su pregunta con otra.
—Conocí a Shaula por primera vez aquí. No sé nada.
—El Examen del tercer piso, ¿fue coincidencia que lo resolvieras tan rápido?
—… Sí lo fue…
—En ese caso, ¿qué hay de que atravesaras un pasaje camuflado de tal manera que no puede ser visto a simple vista, y llamándome en una situación en la que resultaba que estaba sola?
Lo acribilló con acusaciones directas. Pero esa serie de preguntas le estaba revelando algo a Subaru.
—¿Y qué hay de ti? Intenta ponerte en mi situación.
—Aun así, debido a diferentes factores, considero improbable que seas hostil. Y quiero que pienses de mi revelación de lo profundo de mi corazón como prueba de mi buena fe.
Llevando la mano a su pecho, Echidna explicó lo que estaba pensando.
—Me encantaría creerle y reflexionar sobre lo turbia que deben parecer mi identidad y mis acciones. Me encantaría, pero…
—Por lo visto, mi creadora realmente dejó una cicatriz profunda en tu corazón.
Cuanto más sentía Subaru que el comportamiento del espíritu artificial Echidna coincidía con el de la Bruja de la Codicia, Echidna, más difícil se le hacía creer en ella, sin importar cuánto intentara demostrar su sinceridad.
Ese era el hedor residual de la Bruja.
—Comprendo lo que estás diciendo. Estoy convencido. Dejemos de lado el sí puedo o no confiar en ti…
—Tu problema ha sido bastante bien expresado.
—Supongamos que el hecho de encontrarnos tú y yo aquí ha sido realmente una coincidencia. Entonces, ¿qué es este lugar? ¿Para qué crees que fue construido este sitio parecido a un balcón?
—Tengo una hipótesis relacionada con eso. ¿Recuerdas lo que ocurrió hace tres días… en el mar de arena?
—Hace tres días, o sea antes de llegar a la torre. Fue más que un poco caótico, pero…
—Durante aquel lío, una luz blanca nos atacó mientras eramos perseguidos por los Osos Cortesanos. Parece que aquello fue obra de Shaula, ¿no crees? Lo que significa que este lugar es…
—¿Su… andamio para observar el mar de arena?
Subaru chasqueó los dedos cuando Echidna terminó.
Su conjetura era convincente. La verdad era que ella había continuado disparando a aquellos que se acercaran a la atalaya con lo que ella llamaba Hell’s Snipe desde muy lejos. Subaru se había preguntado cómo lo hacía, ya que no había una sola ventana o manera de ver hacia afuera de la atalaya, pero…
—Quizás haya más lugares como éste en la circunferencia de la torre. Por lo que parece, este espacio no está en la dirección desde la que nos acercamos a la torre.
—¿Y qué hay de los pájaros?
—Los pájaros son un enigma. Aunque se les toque así, no muestran respuesta alguna. Pero… parecen tener temperatura corporal cálida, así que quizás no sean artificiales realmente. De ser posible, me gustaría diseccionarlos…
Echidna miró al ave junto a ella con ojos fríos y calculadores. Sin embargo, retiró la mano y observó la punta de sus dedos.
—Desafortunadamente, no quiero poner aún más carga sobre el cuerpo de Ana. Pero las cosas procederían más rápidamente si diseccionaras a los pájaros…
—Bueno, lo haría si fuera realmente necesario, pero…
Desde que había sido invocado en este mundo hacía poco más de un año, Subaru se había acostumbrado a cazar aves y conejos salvajes. Claro, matar para comer era muy distinto a matar para un experimento…
—Tras matarlo, comerlo sería…
—Sí, también está el problema de los suministros de comida restantes. Entonces, me gustaría pedir alrededor de unos veinte de ellos.
—Además, al matar a uno, los demás pájaros no se quedarían quietos, ¿no crees?
—… Eso parece innegablemente aterrador.
En respuesta a la angustia de Subaru, Echidna también se llevó la mano a la boca.
Las aves no reaccionaron en absoluto a su conversación violenta. Simplemente observaban a los dos forasteros en silencio.
Subaru se contuvo de seguir esa línea de pensamiento cuando la idea de un entierro celestial cruzó su mente.
—Si vamos a hacerlo, entonces hagámoslo tras realizar algunas preparaciones. Por el momento, dejémoslo para después.
—Sin actitud de huir tampoco, ¿eh? Comprendo, muy bien… La verdad es, que es difícil siquiera pensar sobre qué se podría ganar investigando a estos pájaros.
—No sigas diciendo comentarios tardíos con esa atmósfera como si el espíritu de indagación o la sed de conocimiento hubieran ganado, te lo ruego.
—¿…?
Echidna de verdad no parecía saber nada del temperamento de la Bruja, pero aun así, la forma en que sus acciones recordaban a la original hacía imposible que Subaru se relajara. Así que la ignoró y lanzó una pregunta más dirigida a la parte de Echidna que no se parecía a la Bruja.
—Realmente no lo confirmé apropiadamente, pero ¿cómo se encuentra Anastasia?
—… Igual que antes. Incluso ahora, Ana continúa durmiendo en lo profundo de este cuerpo. Nunca he morado en su cuerpo durante tanto tiempo, así que estaría mintiendo si dijera que no me estoy impacientando.
—¿Impacientando?
—Como te dije antes.
Echidna llevó la mano al pecho prestado, insinuando que Anastasia dormía allí mismo, mientras cerraba los ojos.
—Ha pasado un mes desde que tomo prestado su cuerpo. No es que antes lo tomara a la ligera, pero… la sensación de que su vida se va desgastando continuamente es muy pesada.
—…
—Así que tengo que devolverle el cuerpo lo antes posible.
Echidna terminó con eso. Los detalles hicieron que Subaru se diera cuenta de que había estado tomando la situación demasiado a la ligera.
Al mismo tiempo, la desventaja de Anastasia parecía casi demasiado grande.
—Con ese cuerpo… en ese estado andrajoso, ¿puede ella realmente convertirse en Gobernante?
—¿Lo dices como si quisieras que Ana abandonara ese privilegio por el bien de tu líder?
—¡Gh! ¡No digas tonterías! ¡Nada de eso! Yo decía…
—Ana no se retirará, sin importar el qué. Ella tampoco se rendirá. Lo sé.
Subaru dio un paso al frente y levantó la voz, pero Echidna lo interrumpió de golpe.
Abrumado por la fuerza de sus palabras, Subaru parpadeó. Y luego, lentamente, con cuidado…
—¿Acaso Anastasia-san desea tanto su propio país? ¿Aunque tuviera que soltarlo inmediatamente después de conseguirlo?
—Aunque puede que durante menos tiempo que el resto de la gente, la misma Ana utilizará ese corto periodo de tiempo mucho mejor que los demás. Además, Ana tiene una razón para no renunciar al trono.
La voz de Subaru era débil, y la de Echidna estaba llena de fe en Anastasia.
Y la razón que mencionaba para no rendirse era…
—Porque ella lo deseó.
En algún momento, Echidna se había puesto de pie y se acercó a Subaru, quedando frente a frente en medio del balcón.
Lo dijo mirándolo directamente a los ojos. Subaru quedó paralizado en el lugar.
Era un peso distinto al de las pruebas de la Pléyades que lo aplastaba.
No podía moverse, y ninguna palabra acudía a sus labios. Echidna tampoco dijo nada.
Con ambos congelados, el único sonido que cortó el aire nocturno fue el batir de alas a sus espaldas, uniéndose a la bandada en reposo.
Una vez más, un único pájaro voló hacia el balcón
Desde detrás.
—…
Subaru no se había movido desde el principio y aún tenía la pared de la torre a su espalda. Si el ruido venía de atrás, entonces provenía del interior de la torre.
Echidna y Subaru habían sido traídos hasta allí por el batir de alas de un ave.
Así que, naturalmente, un tercer batir de alas también…
—¿Cuál es el significado… de lo que ha dicho ahora mismo?
Una voz que sonaba casi desconcertada, como si algún núcleo de sus creencias hubiera sido sacudido.
Al sonar aquella voz, todas las aves extendieron sus alas al unísono y se lanzaron al cielo con un estruendo ensordecedor.
Partieron hacia el cielo nocturno, rumbo al desierto envuelto en oscuridad. Dejando atrás a Subaru y Echidna, como si fueran náufragos en una isla desierta. Y también a Julius Juukulius.