¿Quién eres tú?
Capítulo 2
¿Quién eres tú?
Sección 1
Con Emilia y Beatrice mirándole confundidas, Subaru estaba completamente perdido.
—...
No era algo que llamaría familiar, no exactamente, pero estaba en una habitación que reconocía.
Las paredes y el suelo e incluso el techo estaban cubiertos de plantas verdes. Estaba sentado en una cama de enredaderas. Había un lagarto gigante detrás de él, y una chica durmiendo en una cama cerca de la suya.
No cabía duda de que estaba dentro de la habitación verde de la Atalaya Pléyades.
—Pero… ¿Qué? ¿Por qué estoy aquí otra vez?
Llevándose la mano a la cabeza, intentó recordar qué había pasado justo antes de despertar.
Había dejado a Emilia y a los demás en su discusión y se había ido a comprobar si tenía algún tipo de habilidad especial o no. Al final, la conclusión fue que no poseía ninguna habilidad especial, y había estado pensando en cómo les estaba fallando cuando...
—Después de eso, me dirigía de vuelta a la habitación... ¿y entonces…?
Los recuerdos a partir de ese punto eran borrosos. De repente, estaba tumbado en la cama. Y mientras intentaba sondear sus vagos recuerdos...
—Ey, Subaru, ¿estás bien?
—¡Uhiaaah! ¡Emilita, estás muy cerca!
El rostro de Emilia se inclinó repentinamente hacia él mientras tenía la guardia baja, y se cayó al otro lado de la cama. Los ojos de Emilia se abrieron de par en par ante su reacción la mar de exagerada.
—No tienes por qué sorprenderte tanto… Fuiste tú quien nos sorprendió a nosotras.
—¿D-de verdad?
—Naturalmente, de hecho. Creíamos que habías desaparecido, así que mientras te buscábamos, te encontramos desmayado, supongo. Sería extraño que eso no nos preocupara, de hecho.
Subaru se sobresaltó ante la explicación exasperada de Beatrice.
—¿En serio? ¿Me desmayé otra vez?
Se palpó todo el cuerpo para ver si sentía algo raro, pero no había nada, o al menos nada que pudiera encontrarse con esa inspección superficial.
Aunque tampoco es que hubiera habido signos externos de su pérdida de memoria, así que el hecho de que hubiera una herida o cicatriz presente o no, realmente no significaba mucho.
—Aun así, es bastante peligroso desmayarse dos veces en un período de tiempo tan corto… Aunque fue sólo hace unas horas, ¿debería pensar que fue bueno que mis recuerdos no desaparecieran?
—Subaru, antes de murmurar de esa manera, tienes algo que decirnos, supongo.
—Algo que decir…
Mientras Subaru miraba sus propios brazos extendidos, Beatrice le lanzó esas palabras. Al levantar la vista, vio a Emilia y a Beatrice, y finalmente se dio cuenta.
—Ya… veo. Esto… lo siento. Me disculpo por haberlas preocupado. Ambas me salvaron de nuevo.
—No es nada, de hecho.
—Ju ju, no hay de qué. Pero ¿de verdad no te pasa nada? ¿Puedo quedarme tranquila?
—Estoy bien, estoy bien. A este HIGH PACE, Emilita tampoco puede quedarse tranquila, ¿eh?
Subaru bajó la cabeza por haber sido salvado por segunda vez en tan poco tiempo. Pero el ceño de Emilia se frunció ante su respuesta. Sus hermosos ojos púrpuras vacilaron con conmoción...
—Esto… entonces… espera… Subaru, ¿qué es lo que te ocurre desde que despertaste?
—Qué es lo que me ocurre… Esa es una pregunta ambigua. ¿Cuál es el problema?
—Es que, desde que despertaste, me llamas Emilita. Por algún motivo, que me llames así hace que me sienta muuuy rara.
Emilia enrolló un dedo en su largo cabello plateado, mirando a Subaru nerviosamente. Había una soledad desgarradora en sus ojos que hizo que a Subaru se le cortara la respiración.
Una chica tan indefensa y cercana, tan perfectamente su tipo... pero había un profundo abismo entre cómo actuaba ella y lo que él sentía.
Es casi como si...
—Subaru vuelve a estar de broma, supongo. Pero, más importante que eso… Habla, de hecho. ¿Por qué entraste sin permiso en Taygeta durante la noche y, encima, te desmayaste, supongo?
—¿Eh? ¡Espera espera espera espera! Eh… ¿qué? ¿Me desmayé otra vez en Taygeta?
—... ¿Otra vez?
Subaru se quedó estupefacto ante Beatrice, que estaba allí de pie con las mejillas rosadas y haciendo pucheros.
—E-esa habitación da miedo de verdad... Un momento, ¿por qué me dirigía a un sitio así otra vez? Ya de por sí es un SPOT sospechoso, así que fui demasiado imprudente.
Al escuchar algo que no recordaba haber hecho, Subaru se sintió perturbado por una realidad demasiado angustiosa.
—Quizás mis recuerdos de los momentos antes de perder el conocimiento están borrosos por algo que pasó en Taygeta. O algo allí me alteró los recuerdos.
Pero mientras esas preguntas frenéticas corrían por su cabeza, Beatrice alzó la voz.
—Tengo la sensación de que no estamos en la misma onda, supongo. Subaru, sé más preciso, de hecho.
—¿Eh?
—Trata de contarnos la situación en la que te encuentras ahora mismo, supongo.
Captando el peso de las instrucciones detalladas de Beatrice, Subaru asintió, dejándose llevar por el momento.
—Tal como dije… cuando desperté, mis recuerdos ya habían desaparecido. Aunque no quiero decir que haya olvidado todo. Mis recuerdos desde que fui invocado a este mundo han…
—¡¿Esp-esp-esp-espera, de hecho?! ¿Recuerdos? ¡¿Qué dices de tus recuerdos, supongo?!
—¿Eh?
La solemnidad de Beatrice se hizo añicos al comienzo de su explicación.
Subaru se quedó desconcertado por su inesperada reacción. Mientras Beatrice entraba en pánico, Emilia la sostuvo por los hombros desde atrás. Pero ella tampoco estaba tranquila.
Ella también estaba mirando atónita a Subaru.
—¿Qué quieres decir con... recuerdos? ¿Qué estás diciendo, Subaru...?
—Espera, ¿esa es la parte que les confunde? Quiero decir, si ya se los conté a uste...
Estaba a punto de decir que ya se los había contado a ellas, pero se detuvo.
—...
Había una profunda confusión en sus ojos. Definitivamente no era una actuación. Incluso él podía ver eso. Pero que su reacción fuera genuina daba aún más miedo.
Si no era una actuación, eso significaba que habían olvidado el hecho de que él tenía amnesia. La firme determinación de aceptar que Subaru lo había olvidado todo había desaparecido.
—¿Podría ser que no fuera el único? ¿Ha estado perdiendo la memoria todo el mundo desde que llegaron a esta torre?
Mientras ese pensamiento aterrador surgía en su mente, Subaru se dio cuenta de algo.
—Esta conversación, justo ahora después de despertar...
Era como un déjà vu. No en un sentido vago, sino un recuerdo propiamente dicho.
Su primer encuentro con Emilia y Beatrice —o al menos el primero que podía recordar—, el contenido de esta conversación era más o menos idéntico.
—De hecho, ¿no era la forma en que me miraban aquí en la Sala Verde la misma que cuando desperté tras perder la memoria?
—...
Al haber pensado hasta ese punto, Subaru tragó saliva.
Mirándolas de reojo, vio que no había cambio en su actitud. Sin embargo, lo que se reflejaba en sus ojos confundidos era una genuina preocupación dirigida a “Natsuki Subaru”. El hecho de que no fuera desconfianza, sino confianza, ayudó a calmar la mente de Subaru.
—Sinceramente, mi corazón está siendo golpeado por una tormenta masiva en este momento. Pero esta situación es...
—He visto esta situación antes. En otras palabras, un sueño premonitorio.
Examinando la situación en el momento en que despertó, esa era una explicación razonable.
Si eso es lo que había experimentado, el momento en que su conciencia se desvaneció —o más bien el momento en que despertó— sería comprensiblemente borroso. Los sueños eran misteriosos, escapándose entre los dedos mientras se desvanecían.
—Quizás este sueño premonitorio sea el poder especial que me dieron cuando fui invocado a este mundo paralelo...
—Es bastante difícil de utilizar, es una habilidad bastante PICKY…
Pero era ciertamente poderosa si se podía aprovechar adecuadamente. Los sueños premonitorios permiten a la gente echar un vistazo al futuro. Cuanto mayor sea su precisión, mayor la posibilidad de usarlos como una herramienta decisiva para salir de una situación desesperada.
—Aunque es dudoso que la información obtenida de este sueño premonitorio sea de alguna utilidad…
—… Ambas, cálmense un poco y escuchen lo que tengo que decir.
Con la hipótesis de su habilidad en mente, Subaru las miró a ambas. Ellas se miraron entre sí y luego asintieron.
Al ver lo serias que parecían, Subaru vaciló solo un instante antes de continuar.
—No sé si podrán creer esto, pero parece que he perdido mis recuerdos.
Sección 2
Subaru perdió la memoria cuando se desplomó en la biblioteca de Taygeta.
Al escuchar su revelación, las reacciones de Emilia y Beatrice fueron básicamente las mismas que él había visto en su sueño premonitorio.
—¡Ei~!
Se oyó un chasquido seco cuando Emilia se abofeteó las pálidas mejillas. El dolor y la conmoción le devolvieron el vigor a unos ojos que habían estado vacilando de incertidumbre.
—Muy bien.
—Be-Betty está...
Animada por Emilia, Beatrice miró directamente a Subaru con ojos desconsolados.
Y al ver lo mucho que le costaba hablar, él soportó el dolor que le abrasaba el corazón. Conocía las palabras y las expresiones que seguirían. Pero eso no le supuso ni el más mínimo alivio.
Dolía traicionar los sentimientos y las expectativas de alguien. Daba miedo.
Por muchas veces que hubiera ocurrido antes, aunque fuera por la misma razón, seguía sintiéndose igual de mal.
Y esta vez, conocía a Beatrice mejor que la primera. Así que ver sus ojos temblar de ansiedad daba mucho más miedo que la última vez.
—¡Cielos, de verdad! ¡Subaru es realmente el contratista más sin remedio del mundo, de hecho!
Con eso, Beatrice rompió el cascarón de la ansiedad y el desconcierto igual que la marca de mariposa de sus ojos, escapando de la crisálida de la vacilación y extendiendo sus alas.
Ver aquello llenó a Subaru de alivio, pero también hizo que se odiara a sí mismo.
—¿Esto estaba bien? ¿Él estaba satisfecho con esto? Sí, “Natsuki Subaru”.
—¿De verdad también podría erigir un castillo de arena encima de los lazos y la confianza que él ya había construido?
—...
Al ver la amable y desgarradora determinación de Emilia y Beatrice, Subaru apretó los dientes.
Subaru no les dijo a las dos que había tenido un sueño premonitorio.
Pasó por alto el intercambio que ocurrió inmediatamente después de despertar y justificó la contradicción de que recordara sus nombres alegando que simplemente no lo había olvidado todo.
La cuestión de qué podía o no podía recordar dependía de él, así que ninguna de las dos tenía motivos para dudar de lo que decía.
La razón por la que había hecho eso era para preparar el escenario lo más parecido posible a lo que había visto en el sueño, para así poder probar su precisión.
Al alinear la realidad con el sueño, podía ver cómo de bien coincidía el flujo de los acontecimientos. Ya había una diferencia desde el principio, pero esperaba que todavía fuera recuperable.
Pero esa no era la única razón por la que no les había hablado de su sueño.
—...
Recordaba el mundo que había experimentado en el sueño. Nadie había comentado nada sobre que tuviera algún tipo de habilidad precognitiva. Ni uno solo de ellos.
Teniendo en cuenta lo poderosa que podía ser, era difícil creer que le hubieran ocultado esa habilidad. Realmente no habían tenido tiempo para ponerse de acuerdo en una historia, y no se le ocurría ninguna razón por la que quisieran hacerlo en primer lugar.
En cuyo caso, la explicación natural era que Emilia y los demás no sabían nada de los sueños premonitorios.
Lo que significaba que el antiguo “Natsuki Subaru” nunca les habló del poder que tenía.
—... ¿En qué estabas pensando, “Natsuki Subaru”?
Subaru dijo su nombre como si hablara de otra persona.... No, decir “como si hablara de una persona diferente” era incorrecto.
Para Subaru, “Natsuki Subaru” era un desconocido. Ni siquiera podía empezar a adivinar qué había estado pensando y no podía hablar con él. No había forma de que pudiera siquiera empezar a entenderlo.
¿Por qué “Natsuki Subaru” engañó a Emilia y los demás y ocultó el poder de sus sueños premonitorios?
Una desconfianza hacia “Natsuki Subaru” empezó a echar raíces en la cabeza de Subaru.
—Tú...
¿En qué estabas pensando, “Natsuki Subaru”?
Sección 3
Los acontecimientos posteriores siguieron en gran medida el sueño.
La explicación torpe de Emilia y Beatrice hacia Ram que la hizo sospechar de que Subaru no había perdido las memorias...
—¿Qué clase de broma es esta, Barusu?
Ram dudando de la pérdida de memoria de Subaru.
—Aun así, no escarmienta, ¿eh, Gran Maestro? O sea, ¿cuántas veces me olvidará?
Shaula aceptando el hecho de que él había perdido la memoria con despreocupación.
—Cielo santo, hermanitooo. Realmente eres Don Problemas, ¿eeh?
Estuviera interesada o no, Meili sonriendo con picardía, como si disfrutara de la situación caótica.
—Solo… dale algo de tiempo para que se calme. ¿Te parece bien?
La conmoción de Julius y la consideración de Echidna, sugiriendo darle al hombre algo de tiempo para recuperarse.
—… Por favor, dilo todo.
Aceptando eso, siendo arrastrado al pasillo para buscar agua, Ram descargando sus pensamientos más íntimos en una ola masiva.
Entre las reacciones de todos al enterarse de su amnesia y el dolor silencioso de Ram en el pasillo después, Subaru estaba seguro ahora.
—Este sueño premonitorio es un poder asquerosamente preciso.
No es que recordara cada palabra y acción por las que habían pasado todos. Pero, aun así, la intensa impresión de sus reacciones coincidía totalmente.
Si había algún problema, entonces tendría que ser…
—Natsuki está bastante calmado a pesar de la situación, ¿no?
Eso fue lo que dijo Echidna después de que terminaran las presentaciones y tras soltar su propia bomba sobre haber tomado el control de la conciencia de Anastasia.
—...
Al escuchar las palabras de Echidna, Subaru sintió que su boca se secaba.
En verdad, la observación de Echidna era comprensible. El propio Subaru no estaba logrando actuar del todo.
Todos estaban conmocionados y desconcertados, pero mientras veía cómo decidían resistirse a esa absurda realidad, no podía empatizar de corazón con ello.
Era igual a no poder sentir una película que ya habías visto como si fuera la primera vez.
Se acumulaba en su interior un surtido de emociones negativas: compasión hacia ellas por tener un comportamiento tan valiente, culpa por dejarlas así, y aversión hacia el “Natsuki Subaru” que seguramente había continuado con esto.
Como resultado, no era extraño sospechar de la reacción apagada de Subaru. Sin embargo...
—Es una novedad que me consideren calmado. Yo era el TYPE de niño al que siempre le escribían “nunca se calma” en su boletín de notas.
—...Es raro que seas el menos desorientado cuando fuiste tú quien perdió los recuerdos. Solo nosotros estamos alterados aquí, pensando que debemos hacer algo al respecto.
—Quizás parezca de los que se calman cuando la gente a su alrededor está en pánico. Pero incluso yo estoy nervioso, aunque no lo parezca. Así que no te preocupes por eso.
—Siento que no nos podemos sentir aliviados con eso para nada…
Emilia intervino con una sonrisa irónica mientras Subaru fingía calma al responder a Echidna. Pero comparado con la última vez, algo en el ambiente era distinto.
Lo más probable es que fuera porque no podía recrear perfectamente lo que había visto en el sueño. Había intentado recrearlo lo mejor que pudo, pero había diferencias debidas a pequeños lapsos de memoria.
Antes de que arruine esto intentando recrear mi actuación de antes...
—En fin, después de terminar el desayuno, vayamos a echar un vistazo. Si mis recuerdos están esparcidos por el suelo de esa biblioteca, tendré que recogerlos y volver a meterlos dentro.
Dijo Subaru, siguiendo el mismo flujo que la última vez, los empujó a todos hacia la biblioteca de Taygeta.
Y...
—Ueeee~
Junto a Subaru, quien había llegado a Taygeta en el tercer piso, Shaula sonreía con una mirada descuidada en su rostro.
Si se irguiera y comenzara a lucir de una manera más digna, de seguro su belleza habría cautivado los corazones de varios hombres. Pero lo arruinó por tener su rostro relajado de esa manera mientras trataba de apretujarse contra Subaru.
Apartándole la frente con la palma de la mano, Subaru observó a Emilia y a los demás examinando las estanterías. La investigación, que él sabía que no daría ningún resultado, continuaba en segundo plano.
—Esto es realmente frustrante...
—¿Hmm? ¿Qué pasa, Gran Maestro? ¡Si algo te molesta, te escucharé! ¡O sea, no es que tenga ningún consejo útil, pero aun así!
—¡Tu determinación es tan inocente y refrescante!
—Jeje~, elógiame más, elógiame más. Solo confía en mí más y más y húndete lentamente en mis garras.
Subaru no tenía ni idea de por qué hablar con él la hacía tan feliz, pero ella estaba encantada incluso con una respuesta fría por su parte. Y tal como se sentía él en ese momento, ese nivel de distancia resultaba un poco —o quizás muy— cómodo.
Cuando decidió seguir el rastro de su sueño premonitorio, la culpa hacia Emilia y los demás le atormentaba. La decisión de engañarlas, cuando eran tan sinceras y serias, era poco menos que dolorosa.
Lo que hacía que Shaula, que era tan cabeza hueca y le trataba igual tuviera sus recuerdos o no, fuera un alivio aún mayor.
En el mismo sentido de apreciar la distancia que tenía con ella, también estaba agradecido por Meili, que de nuevo no participaba en la búsqueda, alejó a Shaula de él, agarrándola por detrás por la coleta de su cabello.
—Vale, vale; ¿no ves que hermanito está en problemaaas? No te emociones demasiadooo.
—¡Ayayay! ¿Qué estás haciendo, enana número dos?
Girando la cabeza para recuperar su coleta de caballo y acunarla con cuidado, Shaula fulminó con la mirada a Meili. Meili tenía una mirada madura en sus ojos mientras se llevaba el dedo a los labios.
—Quiero decir, no quiero que hermana mayor y Beatrice se enfaden. Tengo que vigilar y asegurarme de que la señora semidesnuda no haga nadaaa.
—¡Grrrrr! ¡Qué supermolesta! ¡Gran Maestro, por favor, dígale algo!
—Shaula, tienes una orden de prohibido acercarse a menos de un METER de mí. Das miedo.
—¡Gran Maestro, es un tonto!
Shaula le dio la espalda a Subaru, fingiendo que estallaba en lágrimas. Él simplemente se rascó la mejilla al verla esconderse bajo su capa, y luego miró a Meili, que tenía las manos detrás de la espalda.
—Me salvaste, THANK YOU... Aunque resulta extraño decirle eso a una asesina a sueldo.
—No importaaa. Esta asesina ya dejó el negociooo, ahora estoy en posición de ser usada por hermanito y los demááás. Úsenme bien, por favooor, igual que a las lindas Mabestias.
—...
Ella habló sin malicia o algún motivo oculto, y precisamente por eso, las palabras de Meili le pesaron a Subaru.
Meili lo decía sin ningún remordimiento en especial, como si fueran pensamientos completamente normales. Aunque se podría decir que esa es la diferencia de valores entre el mundo de Subaru y este.
Incluso a los ojos de Subaru, ella todavía era una niña pequeña, lo que hacía que fuera difícil de soportar.
—¿Hermanito?
—No me gusta mucho esa forma de decirlo. No lo digas así. Confiamos en ti. No “usarte”.
—...Mmm.
Por un momento, sus ojos se entrecerraron ante lo que dijo, y luego miró hacia abajo de forma significativa. Pero juzgando que era por incomodidad en lugar de estar descontenta con lo que dijo, Subaru sintió un poco de alivio.
Incluso en un mundo con valores diferentes y un sentido común diferente, eso no significa que no podamos entendernos.
Tuvo un pequeño destello de esperanza por su reacción.
—...De verdad que no recuerdas nada, ¿eh, hermanitooo?
—¿Eh? Sí, desafortunadamente. ¿Teníamos alguna promesa importante o algo así?
—...No, pero si Petra oyera eso podría lloraaar.
—Ugh... otra chica que no conozco.
Al ver a Subaru tensarse ante el nombre desconocido, Meili soltó una risita.
—Petra eees… una chica que te quiere mucho, hermanito. Ella estaba preocupada porque vinieras hasta aquí; así que siento que puedo oírla gritar “sabía que pasaría”.
—Maldito sea el yo de ayer; qué cosas más imprudentes hizo…
Subaru soltó quejas contra sí mismo mientras pensaba angustiado en los sentimientos de esta chica llamada Petra que no había visto todavía.
—¿Cuánto acabaría aprendiendo acerca de las huellas que había dejado ese “Natsuki Subaru” desconocido para él?
—Esa historia de que el hermanito de ayer fue imprudente, yo también lo creo de verdaaad.
Meili se estaba estirando mientras decía eso, ignorando la duda que había sembrado en el corazón de Subaru.
Al oír esas palabras, Subaru se preguntó si esos eran sus verdaderos sentimientos, sin ninguna falsedad, o si sólo fue su imaginación.
En cualquier caso, Emilia y los demás regresaron antes de que pudiera confirmar de qué se trataba.
Y como esperaba, no encontraron ninguna pista; trayendo sólo el resultado que probaba la exactitud de su sueño premonitorio.
Sección 4
Tras la infructuosa investigación en la biblioteca de Taygeta, Emilia y el resto regresaron a la base para empezar a discutir las cosas.
Una reunión para revisar su plan sobre cómo proceder para intentar superar la torre; una reunión a la que Subaru no se había unido la última vez porque pensó que sería más difícil tratar el tema con él presente y porque quería comprobar si había alguna habilidad trampa.
—Este es básicamente el límite basado en lo que vi en mi sueño, así que todo a partir de aquí es territorio inexplorado. Realmente no hay lugar a dudas sobre la precisión de las predicciones del sueño.
El único problema era que no se le ocurría una forma eficaz de utilizar las predicciones del sueño.
—Haber podido confirmar que soy capaz de predecir el futuro es significativo, ¿no?
Esa era información útil, pero solo en lo que respectaba al Subaru que había perdido sus recuerdos.
Antes de perder la memoria, presumiblemente debió haber aprovechado al máximo estos sueños premonitorios para algo. La confianza que Emilia, Beatrice y el resto de sus camaradas depositaban en él presumiblemente se había ganado usando ese poder.
Pero el punto crucial de saber qué lo activaba no estaba claro, e incluso con eso, era difícil aprovechar los sueños premonitorios. Si solo necesitaba irse a dormir como de costumbre o si había alguna condición especial necesaria para activar la habilidad era un verdadero misterio.
Los sueños premonitorios eran la única habilidad especial que tenía en ese momento, así que quería averiguar los requisitos para usarla.
—Tengo que descubrir por qué me desperté y qué ocurrió después de esto.
Al final, sus recuerdos de los momentos justo alrededor del despertar seguían siendo borrosos. Estaba la sesión de planificación que se celebraba sin él, su exploración de las habilidades trampa y su conclusión de que no tenía ningún poder en particular.
Y luego, después de eso, se había despertado y se había dado cuenta de que había tenido un sueño premonitorio, pero...
—Si no me hubiera despertado, ¿hasta dónde podría haber llegado en el sueño?
Por ejemplo, si no hubiera notado nada en su sueño y simplemente se hubiera ido a dormir, ¿cómo manejaría eso el sueño premonitorio? ¿Despertaría después de que pasara un día en el sueño o las cosas continuarían con él teniendo un sueño dentro de un sueño?
—Estoy un poco asustado ahora mismo… Me aterra que, como el Sueño de la Mariposa, sea un sueño dentro del sueño premonitorio o algo por el estilo.
El Sueño de la Mariposa es un relato que habla sobre la ambigüedad entre el sueño y la realidad: cuando sueñas que eres una mariposa, ¿eres realmente un humano, o acaso una mariposa soñando que se convierte en humano?
Pensamientos que daban vueltas en círculos y preguntas sin respuesta. Era un laberinto de pesadilla de dudas sofocantes, cuestionando si él realmente existía o no.
En el caso de Subaru, ¿había despertado realmente del sueño y llegado a la realidad, o la realidad que creía estar experimentando actualmente estaba solo dentro de un sueño?
—No quiero imaginarme a Emilia y Beatrice sacudiéndome para despertarme dentro de la Sala Verde para empezar de nuevo, pero...
—... Para evitar que eso suceda, necesito ir más allá de dónde mi sueño terminó. Si puedo hacerlo, entonces debería estar bien contarle a Emilia y a los demás acerca de mis sueños premonitorios.
Parecía que el “Natsuki Subaru” que tenía todos sus recuerdos nunca les contó a Emilia y los demás sobre el sueño premonitorio, pero el Subaru actual estaba desesperado por cualquier tipo de cambio en la situación.
No quería llegar demasiado tarde por miedo a un futuro desconocido.
—Lo he decidido. Les contaré a todos sobre el sueño premonitorio.
Con esa determinación, Subaru se dirigió de vuelta a la base donde Emilia y los demás estaban hablando.
—Sinceramente, la posibilidad de poder explicar esta habilidad onírica se siente como una tirada de dados. El detonante no está claro, y necesitaré su ayuda incluso para demostrarlo. Pero si podemos averiguarlo, estoy seguro de que será una herramienta poderosa. Incluso podría terminar siendo una clave para superar esta Atalaya Pléyades.
Así que con ese pensamiento...
— … En cuanto a Natsuki, ¿no es peligroso que nos acompañe?
—...
Justo fuera de la habitación que era su base, Subaru contuvo la respiración al oír esa voz.
Al escuchar el tono sereno de Echidna, de repente se pegó a la pared y dudó en hablar. Habiendo perdido su oportunidad, se quedó allí escuchando mientras la conversación continuaba.
—Echidna, ¿a qué te refieres con “peligroso”?
—¿De verdad necesitas que te lo explique? Teniendo en cuenta su afirmación de que ha perdido la memoria y basándonos en su comportamiento, parece cierto, pero siendo él así de poco fiable, ¿insistirías todavía en traerlo con nosotros?
—¿Es seguro asumir que dices eso menos por preocupación por la seguridad de Barusu y más por la creencia de que sería una carga para nosotros? Si es así, estoy de acuerdo.
La voz fría y rígida de Ram acompañó la declaración sistemática de Echidna.
—¡Ram!
Emilia alzó la voz.
—¿Incluso tú estás hablando así de Subaru…?
—Simplemente he dicho una verdad objetiva. ¿O de verdad cree que es capaz de trabajar con Barusu igual que ayer ahora que no tiene sus recuerdos, señorita Emilia?
—Eso es...
—Reconozco que Barusu no es una mala persona. Pero si me pregunta si puedo confiar en un Barusu que es una hoja en blanco, entonces diría que no... No hay razón para hacerlo.
Era una lógica fría, pero en la última parte, sonó como si Ram estuviera conteniendo un sabor amargo.
Su razón para no confiar en Subaru —una incapacidad para confiar en el propio Subaru después de que lo hubiera perdido todo, en contraposición a simplemente no creer lo que él decía— era totalmente razonable.
—Yo… confío en Subaru. Beatrice también. Así que, por favor, crean en él.
—...Señorita Emilia, Echidna y la señorita Ram no están dudando de él. Simplemente señalan que confiar en él ahora mismo plantea demasiadas incertidumbres.
La respuesta razonada de Julius contrarrestó la súplica de Emilia.
—Diciendo eso, ¿quieres decir que estás de acuerdo con ese espíritu, supongo?
Pero con Beatrice decidida a ser aliada de Subaru pasara lo que pasara, su respuesta oscureció el ambiente de la sala.
De repente, una terrible tensión llenó el aire y una gota de sudor se formó en la frente de Subaru.
—Tengo que hablar y romper esta situación tan odiosa.
Pensamientos como ese cruzaron la mente de Subaru, pero sus pies se negaron a moverse.
—Bueno bueno, ¿no es inútil ponerse tan supertensos? Aunque ustedes se ataquen al cuello aquí, el Gran Maestro no se va a poner contento ni nada de eso.
—No creo que sea una discusión de esa escala todavíaaa… Pero, tienes razóóón.
Subaru escuchó las voces de Shaula y Meili, quiénes parecían seguir siendo espectadoras. La chica murmuró un “Mmm~” dándose importancia por un momento, y dijo:
—¿Por qué no prueban a preguntarle al hermanito directamente? “Hermanito, ¿es seguro confiar en tii?”, así.
—... Gh.
Subaru apretó sus dientes ante esas palabras venenosas. A continuación, se alejó con una increíble calma que lo sorprendió hasta a sí mismo de la pared, y abandonó la sala con cuidado para no hacer ruido con sus pasos.
A medida que se alejaba más y más, sus pasos se aceleraron hasta que echó a correr...
—¡Mierda!
Subaru presionó su frente contra la pared del fondo, su cuerpo tembló por las emociones que brotaban en su interior.
El contenido de la discusión en su ausencia fue un shock mayor de lo que imaginaba.
No fue lo suficientemente engreído para creer que se había ganado toda su confianza. Al contrario: se podría decir que tal cosa estaba fuera de su consideración.
…Subaru pensaba que la confianza era un requisito previo para cualquier relación interpersonal.
—...
Esto se debía a que Emilia y Beatrice se preocupaban demasiado por él y lo cuidaban. Incluso mientras se sentía culpable por ello, había asumido con arrogancia que, por supuesto, confiarían en él. Sin ninguna duda, había creído que lo aceptarían como camarada, aunque no pudiera recordar nada.
Finalmente se dio cuenta de que no se había estado mirando a sí mismo con objetividad.
¿Qué “la confianza es un castillo de arena”? Puso cara de entenderlo, pero no entendía nada.
Pensar que Natsuki Subaru intentaría arrebatar lo que “Natsuki Subaru” había obtenido.
—A este paso, no sé si creerán en mis sueños premonitorios...
El hecho de que creyeran su afirmación sobre la pérdida de memoria era un testimonio de su buena naturaleza. Pero era presuntuoso esperar que simplemente aceptaran todo lo que salía de su boca.
—Desde el principio... estuve equivocado...
La había cagado. Subaru la había cagado.
—Si les cuento lo del sueño premonitorio ahora, no tengo ninguna prueba que pueda mostrar para que me crean. Pero tampoco tengo las dotes de actuación para volver con ellos y seguir fingiendo que no sé nada.
Pensar que Natsuki Subaru podría ser el sustituto del "Natsuki Subaru" que buscaban.
—...
Justo cuando Subaru se estaba dando cuenta de sus propios defectos, su visión de repente se abrió frente a él.
Había llegado a la escalera de caracol que conectaba los pisos cuarto y quinto: el enorme espacio vacío que ocupaba una gran parte de la atalaya de cientos de metros de altura.
—Escalera de caracol...
A Subaru se le escapó un suspiro ronco mientras abría los ojos de par en par.
Si incluía sus sueños, esta era la tercera vez que venía aquí. Ya fuera en sueños o en la realidad, Emilia y los demás habían guiado al amnésico Subaru por la torre, así que conocía el lugar.
Así que no se equivocaba al pensar que la escena le resultaba familiar. Pero...
—¿Qué pasa...? Aparte de eso, siento algo extraño…
Una sensación inquietante, como si todo el vello de su cuerpo se le pusiera como escarpias.
Se le heló la sangre y sintió un zumbido en los oídos que parecía crecer. Su corazón comenzó a acelerarse y su respiración se volvió más agitada y, por alguna razón, le temblaban las rodillas.
Subaru se dio cuenta de que algo iba mal cuando sus dientes empezaron a rechinar incontrolablemente.
No fue causado por factores externos, como una caída repentina de la temperatura o un cambio en la presión atmosférica.
Esta anomalía, este fenómeno inusual, se originó en el propio cuerpo de Subaru. Siendo más precisos, esta influencia sobre su cuerpo respondía a su espíritu, o a algo de un lugar más profundo…
—...Ah...
Hubo un ligero empujón, y Subaru dio un paso hacia delante.
No, no fue un paso, porque un paso requiere suelo sobre el que pisar. Su pie avanzó hacia el espacio abierto.
Y entonces, su pie arañó el aire.
Así él...
— ¡¿A
A
A
A
A
A
A
A
A
A
A…?!
Cayendo, cayendo, estaba cayendo en picado.
Una sensación de flotar se apoderó de su cuerpo. Arriba y abajo se invirtieron, y un vendaval rugió en sus oídos.
Presenció la situación y la comprendió. Estaba cayendo.
No, hubo un impacto. Algo me golpeó la espalda.
—Alguien me empujó...
—¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AA…!!
Gritando, Subaru extendió la mano desesperadamente, buscando algo a lo que agarrarse.
No había nada. En ninguna parte. Daba vueltas tan rápido que no podía entender nada de su alrededor.
Una náusea desesperada brotó de su interior, convirtiéndose en vómito que se derramó de su garganta. Y en ese momento, Subaru vislumbró algo a través del velo de sus recuerdos borrosos.
—Sí, cierto, eso era. Esta no es la primera vez.
Justo antes de despertar de su sueño premonitorio, Subaru había experimentado lo mismo. Y por la conmoción, había perdido el conocimiento, y antes de darse cuenta, había despertado en la Sala Verde. En cuyo caso, esto también es...
—Gah.
Al instante siguiente, un impacto pulverizó la mitad derecha del cuerpo de Subaru.
Entre un sonido parecido al del aire desgarrándose y un choque similar a un relámpago que azotó su flanco derecho, sus pensamientos ingenuos se desvanecieron en el aire. Y entonces, con un leve retraso, llegó una agonía absoluta, un dolor sin precedentes.
—GI… ¡¡IIIIIIIIIIAAAAAAAAAA!!
Al mirar, vio su brazo derecho doblado hacia atrás por el codo y huesos blancos sobresaliendo de su carne.
Se había estrellado contra algo, pero la inercia siguió arrastrándolo hacia abajo y seguía cayendo, golpeándose contra la escalera de caracol una y otra vez.
—¡GAH! ¡GOHH! GUEHH!
Cubierto de sangre, el impulso sostenido de su caída y el giro lo estrellaron contra la torre una y otra vez.
La frente se le partió y sintió que algo que debería estar dentro se deslizaba hacia afuera. Por solo una fracción de segundo, su conciencia se debilitó y casi se desvaneció, pero el continuo aluvión de dolor se negó a dejarlo ir.
Era un infierno recurrente.

—¡Ahhhh! ¡Gyaaaaah!
—Duele, dueledueledueledueledueledueleduele.
El dolor, el tormento, las náuseas, el ardor, todo reducía a Natsuki Subaru a polvo.
Sus brazos, piernas, cara, todo quedó destrozado, aplastado, roto por las escaleras de piedra contra las que se estrellaba, hasta que perdió su forma humana y se convirtió en algo no humano. Moldeado en algo que no era “Natsuki Subaru”.
Estaba dejando de ser “Natsuki Subaru”. Perdió su memoria, su forma. ¿Cómo podía este trozo de carne, este saco de sangre, definirse como “Natsuki Subaru”?
—”Los recuerdos, son los que moldean a las personas.”
La mente de Subaru fue engullida por el dolor y la pérdida cuando de repente oyó esa voz.
—¿Quién ha dicho una estupidez así? ¿Quién está soltando esa mierda como si entendiera lo que está pasando aquí?
—Pero hay algo de cierto en eso. Los recuerdos son los que moldean a las personas. Es un gran dicho.
—Si era así, ¿en qué demonios convertía eso a alguien que había perdido los recuerdos y ya no era quien fue una vez?
—Fghn.
Su garganta, que había estado gritando y literalmente escupiendo sangre, ahora estaba aplastada.
Para cuando llegó al suelo muy, muy abajo, Natsuki Subaru estaba hecho pedazos.
No se despertará del sueño. Natsuki Subaru la cagó. El papel maché se desmoronó.
—¿Quién eres tú?
Tras el terrible dolor y toda la sangre derramada, la existencia de Natsuki Subaru se hizo añicos completa y totalmente.
Sección 5
El dolor intermitente y el ardor feroz sobrescribieron por completo su existencia.
Cada pieza que formaba su cuerpo había sido aplastada, rota y destrozada, y el dolor de todo ello estaba grabado a fuego en su cerebro, royendo sus nervios, desgarrando su alma.
El dolor gobernaba su mundo.
Solo había dolor. Dolor y nada más. El mundo era solo dolor. Hasta que incluso el pensamiento de que el mundo era solo dolor fue sobrescrito por más dolor.
La ansiedad, la confusión, el estrés, la pena, la ira, la desesperación; nada de eso significaba nada ante el dolor. No tenían ningún valor. Así es, ningún valor en absoluto.
Pensamientos, acciones, reflexiones, opiniones, esperanzas, recuerdos… todo era igual de insignificante.
Entonces, ¿qué sentido tenía sentirse mal por perder algo inútil? No había nada excepto dolor sin fin. El dolor era el mundo entero.
Y entonces, ese dolor interminable de repente dejó de existir...
—¡¡UAAAAAAAAAAAAAAAAHHH!!
Despertó con un grito.
Simplemente gritó, olvidando que su garganta había sido aplastada y cómo se había ahogado en la sangre que la llenaba.
—¡¡AAAAAAAAAH!! ¡¡UAAAAAAH!!
Se agitó mientras gritaba, intentando protegerse de ser destruido por la escalera de caracol. Intentó proteger su brazo derecho roto y su cuerpo hecho papilla cuando se dio cuenta de algo. Sus brazos y piernas... podían moverse.
Se movían, pero perdió el equilibrio y, experimentando de nuevo una sensación de caída, golpeó el suelo. Se retorció sobre el suelo nudoso. Sintiendo la textura del suelo, que parecía cubierto de un entramado grueso, Subaru comenzó a toser con inquietud.
Con una tos, vomitó, despejando su garganta. Lo que fluyó de su boca fue ácido estomacal amarillo, no sangre. El sabor y olor agrio y amargo cubrieron su boca, y empezó a toser incontrolablemente.
—¡U… buegh! ¡Gueeeegh! ¡Geooogh! ¡Gaogh!
Limpiándose furiosamente las lágrimas y los mocos de la cara, golpeó débilmente su frente contra el suelo una y otra vez. Tras repetir ese proceso, respirando entrecortadamente, se dio cuenta.
El dolor abrasador que había sofocado su cuerpo sin piedad había desaparecido.
—… Ah.
Y mientras se estremecía por el dolor que había desaparecido repentinamente, finalmente notó otra cosa.
Mientras estaba encogido en el suelo, alguien le frotaba suavemente la espalda.
—¿Te has calmado?
Girándose, a través de las lágrimas que aún llenaban sus ojos, vio el rostro de la persona que lo consolaba. Incluso a través de esa bruma borrosa, seguía siendo claramente una chica hermosa, con cabello plateado y ojos amatistas. Al verla allí, con el ceño fruncido por la preocupación por él, tragó saliva.
Alguien le había tocado la espalda. Justo como entonces, antes de que el dolor viniera a por él.
—Tengo que escapar. Dolor. El dolor viene.
—Suba...
—¡¡UAAAAAAAAAAH!!
Justo cuando ella empezó a hablar, Subaru apartó violentamente la mano de su espalda y se cayó.
—La espalda... fue la espalda. Me tocaron la espalda. En ese preciso instante, justo antes de la caída, alguien me tocó la espalda. Me tocaron. Ahí, en la espalda. Por eso, mi espalda... pase lo que pase, jamás... nadie debe tocarla. No puedo ni concebir la idea de volver a experimentar ese dolor una vez más.
—Hii…
Podía sentir los pelos de su espalda erizándose mientras se arrastraba hacia atrás. Sin siquiera ponerse de pie, intentó alejarse de la chica que le había estado frotando la espalda. Entonces su cuerpo golpeó algo detrás de él.
Al mirar hacia atrás, sus ojos se encontraron con algo duro.
—...
Un gran cuerpo negro miraba a Subaru con ojos amarillos mientras él se encogía en el suelo.
El brillo agudo y reptiliano en esos ojos y la hilera de dientes afilados en su boca hicieron que el terror de Subaru estallara.
—¡Subaru! Cálmate, supon... ¡agh!
—¡Beatrice!
En el momento en que su miedo tomó el control, Subaru se sacudió violentamente el ligero toque que se aferraba a él. Cayendo tras haberlo arrojado lejos, hubo un grito y alguien corriendo hacia allí.
Subaru no tenía la capacidad mental para mirar lo que estaba pasando mientras salía disparado de la habitación, gateando a cuatro patas.
Empujando sus piernas temblorosas, su hombro se estrelló contra la pared. El agudo impacto y el dolor arrojaron un velo rojo sobre su conciencia.
Era dolor. Tenía que huir de todo el dolor.
— ¡Hah… hih… aih… gh!
Tambaleándose, quedándose sin aliento, babeando, corrió por el pasillo como si su vida dependiera de ello.
Su cara estaba ardiendo, y sentía que el corazón le iba a estallar. Era casi como si su sangre fluyera hacia atrás a través de cada vena de su cuerpo.
—Por eso, corre. Si no corres, te alcanzará. La Muerte te alcanzará.
Podía oír los pasos de la Muerte alcanzándolo lentamente. Lo perseguía, así que huyó con desesperación. Corrió y corrió y corrió. Corriendo sin pensar.
Aunque había sufrido tanto, soportado tanto dolor, aunque debería haber muerto. Aunque debería haber estado muerto, la Muerte seguía persiguiéndolo, decidida a matarlo.
—¿Por qué no se acaba? Si tengo que sufrir así, entonces estaría mejor...
—Ahhhh...
Se sentía como si se estuviera ahogando.
Se sentía como si estuviera luchando por intentar salir del agua, aunque no hubiera nada de agua donde él estaba.
Ahogándose, ahogándose, luchando mientras se ahogaba, dirigiéndose hacia la superficie, pateando y luchando, pateando y luchando, pateando y luchando, forzándose forzándose forzándose, forzándose…
Al encontrar una escalera, subió a ella, poniéndose a cuatro patas mientras gateaba hacia arriba sin pensar.
Dado que Subaru no se estaba ahogando realmente, dirigirse hacia arriba no iba a salvarlo. Aun así, como un pobre payaso, forcejeaba desesperadamente por su vida.
Luchando, luchando con todas sus fuerzas, solo agitando sus extremidades con urgencia absoluta, y tras el amargo final de ese esfuerzo tan errático...
—Tú, qué coño faces aquí tan temprano, oye.
—...
Al sentir una presencia aterradoramente grande, las piernas de Subaru se detuvieron.
No, no fueron solo sus piernas las que se detuvieron. Su respiración entrecortada, el sonido exasperante de su corazón latiendo en sus oídos, sus rodillas temblando de miedo y agotamiento; todos y cada uno de sus procesos biológicos se habían detenido por completo.
Un espacio se abrió ante él, un mundo blanco, y un ser demasiado poderoso estaba de pie en el mismísimo centro.
—¿Qué demonios es esto? ¿Quién es ese? ¿Qué es esa cosa envuelta en un aura tan inhumana?
—Ah.
— Ey, ¿sólo una persona? No eres más que un gusano solitario que no merece ni que le fablen, oye. Tratándose de un gusano, en vez de decir “solo una persona” debí decir “solo un animal”; y siendo un animal, no mereces ni consideración. Vete a reunir a la fermosura de ayer y a esas buenas mozas, oye. Ey, ¿estás escuchando? Oye, ey, oye tú.
Fuera lo que fuera, desató una andanada despiadada de palabras contra Subaru antes de que pudiera registrar lo que estaba pasando.
Avasallado por esa violenta retahíla, todas las funciones vitales de Subaru empezaron a funcionar de nuevo. Y entonces comprendió.
En su terror y su huida, había puesto un pie en un lugar en el que absolutamente no debería estar.
—Esta es la jaula de una bestia feroz en la que nunca debió entrar.
—¿Estás escuchándome o qué?
Antes de darse cuenta, la cara de la figura estaba lo suficientemente cerca como para sentir su aliento.
Largo cabello rojo, un parche negro sobre el ojo izquierdo, el kimono colgando descuidadamente del hombro derecho y un sarashi blanco alrededor de la cintura, y por alguna razón dos delgados palillos de madera en la mano.
Y para Subaru, las puntas de esos palillos romos y totalmente insignificantes parecían ser la Muerte.
—Hiii…
—Oye oye, venga ya, ¿en serio estás plorando? Ey tú, ¿acaso plorando y berreando estás? Ey tú, ¿peleaste con tus compañeros allá abajo? Ey tú, ¿estás plorando porque humilládote he?
Las mejillas del hombre se deformaron al ver a Subaru congelarse cuando alguien más notó su terror.
—Qué tipo más inútil.
Dijo el hombre, rascándose la cabeza con incredulidad.
—Imbécil. No te hagas una idea equivocada, cachomierda.
Con un semblante como el de un tiburón feroz hambriento de sangre, el hombre clavó el palillo en el pecho de Subaru.
La punta se deslizó entre sus costillas, donde hizo cosquillas a los órganos que se suponía debían estar protegidos por su caja torácica con una gentileza burlona, con una crudeza empática.
Solo eso bastó para sacudir su cuerpo con un dolor tan terrible que tosió sangre.
—Gh… gha… ¡¿aaaAAAAAA?!
—Qu… Ey tú, ¿qué coño faces fuyendo? Peor aún, ey tú, ¿qué clase de broma es esta, que el lugar al que fuyes sea donde estoy yo? Ey tú, no soy tu guardián ni tu compañero. Ey tú, ¿no eres quien elige con quién se junta?, ¿quieres morir, joder?
—¡Guih… gah… aggh… guguiaagh!
El hombre jugaba con los órganos de Subaru como un artista incluso mientras descargaba su irritación. Y esa manipulación aterradoramente precisa y hábil delataba el absurdo genio del hombre.
—Este es alguien a quien nunca se debe provocar.
Esto era lo que podía lograr una persona bendecida con un genio para la violencia. Un ser creado para torturar a otros, la cúspide de la barbarie, una encarnación de la violencia.
—No, este tipo, este lugar... todo escapa demasiado a mi comprensión.
—Vete a la mierda, cachomierda.
El hombre perdió el interés, y al momento siguiente la sensación del palillo sondeando sus órganos desapareció. Y entonces pateó salvajemente a Subaru con su larga pierna, enviándolo a volar hacia atrás.
Cuando sus pies dejaron el suelo, Subaru se dio cuenta de que había perdido pie en las escaleras. Las escaleras.
—¿Voy a caer rodando otra vez?
—¡No… NOOOOOO…gh!
Provocado por el trauma de caer por las escaleras de nuevo, inmediatamente clavó sus uñas en el suelo.
Hubo un ruido retorcido mientras las uñas de su mano derecha que intentaban agarrar el suelo se arrancaban. La sangre salpicó y un dolor nuevo y fresco se grabó en su cerebro. Pero, aun así, logró controlar su caída. Eso era lo importante.
—¡GH… GHGHHH…!
Soportando el dolor de las uñas arrancadas, sujetando su mano llena de sangre, emprendió la huida. Aunque era demasiado lento para ser realmente una huida. Apoyando el hombro contra la pared, arrastró las piernas mientras huía de la violencia.
Quería alejarse lo más lejos y rápido posible. En algún punto del camino, estaba en medio de una larga, larga escalera. Al fijar la vista desesperadamente en algún lugar lejos de todos, había terminado en un lugar absurdo.
—No, cuando se trata de ser un lugar absurdo, este mundo en sí es así.
—Duele… duele, duele, duele…
—¿Por qué estoy en un lugar como este, en un mundo como este?
Aunque lo habían hecho pedazos, aunque lo habían destruido, aunque todo debería haber terminado.
—¿Fue ese dolor abrasador solo un sueño? ¿O una alucinación? Si así era, ojalá fuera verdad.
—Un sueño… premonitorio…
Eso era lo que había imaginado que era aquello tan misterioso que le había ocurrido a su cuerpo.
Porque ver escenas que ya había visto, interactuar con gente con la que ya había tratado antes, tener conversaciones que recordaba haber tenido ya, eventos por los que ya había pasado; aquello era demasiado para que él pudiera manejarlo.
Así que, para encontrarle sentido a lo que había sucedido, para explicárselo a sí mismo, lo había visualizado como un sueño premonitorio.
Está seguro de que en algún lugar del fondo de su mente, se había aferrado a ello vagamente como si fuera el problema de otro, como un incendio en la orilla opuesta de un río. Sin saber que el precio por esa interpretación superficial e insolente era un sufrimiento terrible.
—...
Cuando volvió en sí, estaba agachado en el lugar.
Sentado en las escaleras, se apoyó contra la pared, mirando con apatía la sangre roja que goteaba de sus dedos.
Futilidad, pérdida, desesperación y negatividad se arremolinaban en su cabeza.
—¿Por... qué...?
Hace solo unas pocas horas, había estado despreocupado y cómodo, viviendo una vida aburrida y normal.
No había peligro, y nada de qué preocuparse aparte de su futuro sin rumbo. Nadie le amenazaba. Era solo una vida tibia sin nada destacable.
—Estaba en un lugar donde todo lo que tenía que hacer era bajar la mirada ante la mirada de mis padres.
—¿Es esto lo que recibo por hacer eso? ¿Por causarles tantos problemas? ¿Por decepcionarles siempre? ¿Por no ser un buen hijo? ¿Es por eso por lo que fui arrojado a este infierno donde tengo que experimentar un dolor insoportable pero no puedo morir?
—En retrospectiva, si lo hubiera sabido… Habría actuado de una manera más apropiada.
—… Ojalá hubiera dicho “hasta luego”.
La suya era una vida llena de arrepentimientos, y ese fue el primero que le vino a la mente.
—Cuando salí de casa, oí la voz de mamá diciendo “Ten cuidado” y no contesté. ¿Por qué?
—Porque no fregué las tazas que había dejado en el fregadero de la cocina.
—Guh...
—No fregué las tazas.
—No me molesté en limpiar las manchas marrones que se quedaban pegadas tras beber el chocolate caliente.
—Si hubiera respondido a la voz de mamá, hubiera empezado una conversación con ella y quizás me habría dicho que lavara las tazas.
—Ignoré las palabras de mi madre porque no quería lavar las tazas.
—No dije nada. Salí de casa sin decir nada, fui a la tienda de conveniencia, usé dinero que ni siquiera había ganado yo mismo, y luego acabé en este lugar.
—No les dije nada a mamá o papá, no fregué las tazas, y luego acabé aquí.
—Seguramente muera aquí, sin limpiar las tazas y sin siquiera haber dicho una palabra a mi bondadosa madre.
—Moriré, habiendo causado siempre problemas, sin devolver nada, sin siquiera fregar unas tazas.
—...Voy a morir...
—Morir. Todo ser vivo muere algún día, pero aquí es donde yo muero. Voy a convertirme en una masa sucia y sangrienta y moriré, rodeado de gente que no conozco, sin mi papá ni mi mamá.
—...
Al darse cuenta de eso, sintió que la Muerte se acercaba. Observándolo desplomado allí desde abajo de las escaleras. Riéndose de él. Podía ver su boca sonriendo, burlándose de él.
Reconoció el rostro de la Muerte. Pensando en la gente que había visto en este lugar tan lejos de sus padres, se dio cuenta rápidamente. Era una pregunta trivial. La Muerte no llevaba otro rostro que el suyo propio, devolviéndole una sonrisa burlona.
—No te rías.
Fulminó a la Muerte con la mirada; sus ojos llenos de un odio negro y profundo.
—No te rías. No te atrevas a reírte. No te atrevas a.… reírte.
Estallando en ira ante la Muerte que se negaba a dejar de sonreírle con burla, Subaru se puso de pie.
Apoyándose en la pared, se acercó a la Muerte. Se acercó a la Muerte que se negaba a dejar de reír.
—No te rías, basta. Voy a morir. Pero no por ti. Tú no me vas a matar...
Por primera vez, hubo una alteración en la sonrisa burlona de la Muerte.
Parecía molestia hacia él por no hacer lo que quería, por no convertirse en su marioneta. Sintiendo una emoción ante esa reacción, Subaru siguió adelante, con el rostro aún contorsionado por la rabia.
—No voy… a ser asesinado por ti. Moriré. ¡Definitivamente moriré! ¡Moriré! ¡Morí! ¡Ya he muerto! Morí y volví aquí, pero no voy a dejar...
—Que tú me mates.
Justo cuando estaba a punto de decir eso...
—...
Sus labios dejaron de moverse como él quería. Y sus ojos, que miraban fijamente a la Muerte, no podían moverse. Sintió que perdía todo el control de su propio cuerpo.
Ni siquiera podía preguntar por qué. Todo lo que podía hacer era esperar algún cambio.
—No puedo moverme. No, no es mi cuerpo el que no puede moverse. El mundo mismo se ha detenido.
La Muerte frente a él también se había detenido, con el rostro aún deformado por la rabia.
Solo había una cosa que se movía en el mundo congelado.
Era…
—Te amo.
Era, probablemente, una mujer de negro.
Una mujer con extremidades esbeltas y envuelta en oscuridad. Todo su cuerpo era negro puro.
No estaba claro si el negro tiene la forma de una mujer o si la mujer viste de negro, y no creo que tenga sentido decidirlo.
En cualquier caso, era una mujer de negro. Parecía que también llevaba un traje negro y un velo negro que ocultaba su rostro por completo.
—Te amo.
Sin embargo, las palabras que salieron de los labios de la mujer envuelta en oscuridad contenían una emoción inimaginablemente fuerte.
Cuántas emociones tendría que concentrar en su interior para acercarse a dicha fuerza con la que aquellas palabras escaparon de los labios de la mujer.
Había una calidad, había una cantidad, había una sensación de tiempo, había peso, había valor… y todo eso era únicamente el concepto general.
Subaru no sabía aproximadamente cuántas personas en el mundo habrían pronunciado “Te amo”, pero incluso si se pudiera juntar todos aquellos “Te amo”, seguramente nunca equivaldrían al “Te amo” de esta mujer.
Y lentamente, la mujer que había estado susurrando gentilmente sus palabras de amor dirigió su negro brazo hacia el pecho de Subaru.
Unos dedos delgados atravesaron su pecho, su piel, su carne y sus huesos, y acariciaron su corazón palpitante.
—...
Pasaron varios minutos, docenas de minutos, no sabía cuánto tiempo había pasado. Su corazón había sido consciente de su presencia desde que despertó, pero nunca había sido tan consciente de ello como en este momento… de que nunca la odió.
Porque…
—Te amo.
Ella había acariciado su corazón con la misma pasión que había en sus susurros.
Pero de repente, un gran impacto le recorrió; y su cuerpo, temiendo al dolor, sucumbió completamente. Su cuerpo siendo destrozado por su caída, su alma ardiendo y siendo abrasada fuera de la existencia, e incluso el dolor de su corazón que se sentía culpable mientras recordaba a su madre, todos aquellos dolores parecían insignificantes comparados con este dolor.
Subaru quería que ella le dejara gritar.
Si hubiera podido gritar hasta quedarse ronco, podría haber aliviado el dolor un poco. En vez de enfrentarse únicamente al dolor, podría haber sido capaz de escapar un poco pensando en otras cosas aparte del dolor que estaba sufriendo.
Pero ahora era incapaz de hacerlo. Solo podía enfrentarse a su dolor.
—Te amo.
Su amor no liberaba su corazón.
Era casi como si no le permitiera prestar atención a nada más que a ella, como una codicia insaciable de exclusividad.
Como si ella tuviera envidia de todo lo que le rodeaba.
—... Hah.
La liberación fue repentina.
—...
Exhalando, se desplomó en el sitio.
Con lágrimas derramándose de sus ojos, no pudo mantener el control de su continencia. Sintió una sensación caliente y húmeda alrededor de la entrepierna, y la orina comenzó a gotear por las escaleras.

La Muerte, inmóvil, señaló ese acto patético y vergonzoso y se carcajeó. Cuando vio a esa figura riéndose, se dio cuenta de que había sido engañado.
Lo había planeado todo, sabiendo que si fingía mostrar debilidad, Subaru se lanzaría sobre ella, despertando a un tigre dormido que nunca debió ser perturbado.
—Solo...
El resto de su pensamiento no llegó a convertirse en palabras.
Se agarró la cabeza. La sangre aún goteaba de sus dedos heridos. Las lágrimas, la orina, todo se sentía como un castigo por su propia debilidad, por su propia estupidez.
—...Mátame ya.
Esas palabras no fueron pronunciadas.
—Incluso si me mataran, ¿realmente “moriría”?
Escuchó el sonido de pisadas que subían por las escaleras, y el sonido de voces ansiosas que corrían hacia donde se encontraba.
Hasta entonces, siguió llorando como un niño idiota, manchado por su propia inmundicia y decepción.
Los restos rotos siguieron llorando. Siguieron llorando.