La Gran Biblioteca Pleiades




Capítulo 1
La Gran Biblioteca Pleiades
Sección 1
Después de lograr una costosa victoria sobre el Culto de la Bruja en la Ciudad de las Compuertas de Agua, Natsuki Subaru y compañía partieron hacia las Dunas de Arena de Augria, una tierra peligrosa y desalentadora que se encontraba en la lejana frontera oriental de Lugunica.
Hogar de incontables de mabestias, era un mar de arena infranqueable que repelía a todos los que intentaban atravesarlo, incluido el Santo de la Espada, Reinhard.
Su grupo soportó poderosas tormentas de arena y feroces mabestias que les cerraban el paso antes de llegar finalmente a su destino: La Atalaya Pléyades, donde encontrarían a el gran Sabio Shaula, de quien se decía que lo sabía todo.
Todo lo que hacían era por el bien de las personas que esperaban ser salvadas en Priestella.
Era un intento desesperado por recuperar lo que habían perdido: recuerdos, nombres e incluso cuerpos…
—¡¿Después de todo lo que pasamos, por qué me miras así?! ¡¿Estás diciendo que yo soy el malo aquí?! ¡Soy inocente! ¡Inocente, te digo!
—No traiciones nuestras expectativas así. Por favor, Subaru.
—Justo cuando pensaba que quizá tenía alguna cualidad redimible. Al final, Barusu es solo Barusu.
La vital misión del grupo los había llevado hasta esa torre, la cual ahora se llenaba con los gritos de Subaru. Sus súplicas desesperadas no recibieron
respuesta, y sus compañeros no le ofrecieron más que miradas frías y comentarios afilados.
Subaru había dormido durante dos días seguidos después de que todos se reunieran de nuevo. Estaban preocupados por su estado, y naturalmente corrieron a su lado tras enterarse de que había recuperado la conciencia… solo para descubrirlo atrapado bajo una mujer medio desnuda. No era nada sorprendente que cualquier alivio que sintieran se viera eclipsado por la decepción, o incluso el desprecio.
Las miradas frías de Julius y Ram eran totalmente razonables.
—¡¿Puedes soltarme ya…?! ¡¿Qué pasa con ese agarre tan loco?!
—¡No! ¡Voy! ¡A soltar!
Bajo las miradas llenas de desprecio, Subaru luchaba desesperadamente por zafarse del abrazo de la mujer escasamente vestida—Shaula, si tenía que adivinar—que se aferraba a su brazo.
No era precisamente de buena educación comportarse así con la Sabia a la que tanto habían querido conocer, pero ella ya se había saltado todas las normas de cortesía, así que Subaru no tenía intención de contenerse.
—¡No puedo quitármela de encima...! ¡No se queden ahí parados, ¡alguien ayúdeme!
—Tienes una cara lasciva, Perverusu.
—¡No es cierto! ¡Y no cambies mi nombre así! ¡Eso duele, Emilia! ¡Jalarme el cabello no va a ayudar en nada!
—Ah, lo siento. No estaba tratando de ayudar.
—¡¿¡¿¡Te estás disculpando por eso!?!?
Shaula se negaba obstinadamente a soltar el brazo de Subaru, y Emilia le tiraba del cabello con una expresión gélida. Mientras tanto, Beatrice estaba completamente sonrojada y con los ojos girándole, principalmente porque ella también había caído en las garras de Shaula.
—¡Deee acuerdo! ¡¡Todos cálmense!! ¡¡Yo también!! ¡¡Vamos a hablar como personas civilizadas!!
Sección 2
Ante la somnolienta súplica de Subaru de poner orden en la situación, todos decidieron cooperar. Al menos por el momento.
Se sentaron en círculo, lo cual era propicio para una conversación civilizada. Sin embargo, Shaula seguía negándose a soltar el brazo de Subaru e insistía en frotar su mejilla contra la de él mientras se sentaba a su lado.
—Mmm, ¡Gran Maestro! ¡Gran Maestro!
—Repulsivo.
—¿Acaso no viste la escena terrible de hace un momento? ¿Te parece que yo quería que le pasara esto a mi lado derecho? Mis huesos me duelen muchísimo. A este ritmo, mi brazo se va a necrosar.
En respuesta a la mirada de desprecio de Ram, Subaru dirigió la vista a su extremidad, ofrecida en sacrificio. Una mujer preciosa y medio desnuda estaba enroscada alrededor de ella.
Aunque a primera vista podía parecer una situación envidiable, el dolor muy real que sentía en las articulaciones y huesos hacía imposible disfrutar de cualquier sensación agradable provocada por ese cuerpo voluptuoso aplastado contra el suyo.
—En fin, me gustaría que avancemos antes de perder un brazo aquí… Pero, antes que nada, me alegra ver que todos están bien. Anastasia, Meili, me alivia saber que ustedes también están a salvo.
—Me alegra que hayas despertao’, Natsuki. Ya me estaba empezando a preocupa’ que no lo hicieras. Me habría sentido un poquillo culpable si eso pasaba.
—Oírte decir eso suena como si me estuvieras echando la sal, pero supongo que sí había una posibilidad de que terminara así, ¿no…? ¿Tú también te preocupaste por mí, Meili?
Dirigiéndose a las dos que se habían unido al grupo más tarde, Anastasia expresó un alivio cortés, mientras que Meili apartó la mirada por completo.
—¿¿Yooo?? ¿¿Preocuparme por ti?? Ni en sueños. No quiero que Petra o Beatrice me pongan en la mira.
—¡¿Qué significa eso?! ¡Beako y Petra no son tan rencorosas! ¿Verdad?
Beatrice estaba sentada sobre su regazo después de haber sido rescatada de su situación de indefensión. Su carita inflada se desinfló cuando él le pinchó las mejillas sonrojadas.
—Por supuesto que no. Betty no es tan voluble como para molestarse por algo tan insignificante. Meili puede preocuparse por Subaru todo lo que quiera, mientras sepa cuál es su lugar, supongo.
—¿Ves? Escucha a Beako. ¡Puedes preocuparte por mí todo lo que quieras!
—¿Sus cerebros dejaron de funcionar porque estuvieron separados demasiado tiempooo?
—¡¿Cómo te atreves?!
El rostro de Beatrice se llenó de furia cuando Meili respondió con un comentario totalmente opuesto a una muestra de cariño.
Dejando a un lado su entrañable discusión, Subaru echó un vistazo alrededor del círculo. Todos estaban a salvo.
Sin embargo…
—No tienes por qué preocuparte. Todos están presentes y a salvo. Por supuesto, tu preocupación es natural. Pero no te inquietes, te llevaré a verla a ella y a tu dragón una vez que terminemos aquí.
—¿Puedes no leer mi mente—? No, perdón. Gracias por preocuparte.
Adivinando el significado detrás de la mirada de Subaru, Julius respondió antes de que siquiera formulara la pregunta. Asintiendo, Subaru hizo un gesto hacia el carro y el dragón de tierra que habían sobrevivido a la travesía por las arenas.
—Gracias. Sabía que Joseph estaba bien, pero no vi a Patrasche… Y Rem tampoco estaba en el carro. ¿Dónde están?
—Arriba. Te explicaré más luego, pero por ahora… está recibiendo tratamiento.
Al escuchar esa respuesta inesperada de Julius, Subaru se centró instintivamente en un detalle.
—¿¡Tratamiento!? ¿¡Te refieres a Rem!? Entonces, ¿puede recibir tratamiento...? ¿¡Significa que por fin va a despertar!?
—Cálmate, Barusu. Estás sacando conclusiones apresuradas.
—…Ah…
Justo cuando Subaru comenzaba a inclinarse hacia adelante, las palabras de Ram le cayeron como un balde de agua fría. Recuperando el aliento bajo su mirada afilada, volvió a sentarse.
—…Perdón. No lo pensé bien.
—Um, Subaru. Cuando los encontramos, Patrasche estaba muy herida, así que la están curando arriba por ahora. Y Rem está en la misma habitación…
—…Ah, sí, entiendo. Está bien, Emilia-tan, gracias. Y no te preocupes, Julius. Solo me adelanté un poco.
Respirando hondo, Subaru se arrepintió de haber sacado conclusiones tan rápido. Luego de tomarse un momento para disipar el ambiente que se había ensombrecido, levantó la vista.
Estaban en un espacio cilíndrico tremendamente grande que parecía extenderse hacia arriba sin fin. Una enorme escalera en espiral recorría la pared interior de la torre, y aparentemente era el principal medio para desplazarse. Estaba diseñada de tal manera que era imposible alcanzar el último piso sin recorrer miles de metros de escaleras.
—Solo para confirmar… Rem y Patrasche están allá arriba, ¿verdad?
—Y te llevaré a donde están después de esto. Estoy seguro de que podrás relajarte más cuando las veas con tus propios ojos. Todos estábamos aterrados después de lo que pasó esta vez.
—Corriendo como locos bajo fuego enemigo, solo para que el cielo se partiera en mil pedazos… y luego eso…
Al recordar lo que ocurrió después de haberse separado, Subaru y Julius intercambiaron muecas sombrías. Sentada a la izquierda de Subaru, Emilia también asintió.
—Sí, fue un gran impacto cuando nos tragó esa grieta en el cielo… Pero fue reeealmente angustiante que tantas personas que no podían luchar quedaran separadas de nosotros.
—La hermana mayor estaba súper, súperalterada. Beatrice estaba llorando a mares, y yo también me puse mal.
—Ah, ya estás mintiendo otra vez, Meili. Es cierto que me puse nerviosa, pero Beatrice no estaba llorando a mares. Solo estaba a punto de hacerlo, ¿verdad?
—¡Si vas a intentar ser considerada, ¡al menos termina la frase con dignidad…!
—¿...?
Beatrice hizo un puchero cuando Emilia reveló tan casualmente que había estado al borde de las lágrimas, aunque Emilia no entendía por qué se había molestado.
Ese intercambio tan adorable dibujó una sonrisa en los labios de Subaru mientras se encogía de hombros ante Julius.
—Así que tú también debiste haberte asustao’ bastante, ¿no? Qué lástima que no pude verte así.
—Por supuesto que me estremecí. A diferencia de ti, Señorita Anastasia y la señorita Ram son mujeres delicadas. Me puse lívido al no poder encontrarlas por ningún lado. Incluso ahora, me alivia verlas bien.
—Estabas hecho un manojo de nervios, pero suena tan elegante cuando lo dices…
Julius respondió mientras se tocaba el cabello, como de costumbre, lo cual provocó una mueca de fastidio en Subaru. Aun así, era bueno ver que todos parecían volver a ser ellos mismos.
Solo quedaba una más—
—¿Qué? Por favor, deja de mirarme con esa cara tan desagradable.
Ram estaba sentada frente a él, con su típica expresión inexpresiva, y lanzó una puñalada verbal al notar que Subaru la observaba.
Piel de porcelana y ojos rosados.
Un rostro bien proporcionado y bellamente fresco. Una apariencia que se encontraba en algún punto entre lo adorable y lo refinado, como una fruta tentadora. Desde cualquier ángulo, era la misma Ram de siempre.
—Esto es una pérdida de tiempo.
—¡Ni siquiera he dicho nada todavía! Solo estaba pensando que era bonito que estemos ambos sanos y salvos. Ya sabes, después de todo lo que pasó allá abajo… Aún recuerdo cómo me protegiste al final.
—Y fue un esfuerzo desperdiciado.
—¡Te estoy dando las gracias!
La imagen que le vino a la mente era del instante justo antes de perder el conocimiento—Ram, magullada y ensangrentada, de pie en el camino de aquel grotesco monstruo, intentando protegerlo.
Esa figura delgada cubierta de heridas, enfrentando valientemente a un enemigo invencible. Su porte gallardo era inspirador, aunque también provocaba un miedo profundo a perderla.
—¿Ves? Por eso no sirve de nada darte las gracias, hermana…
—Está bien, Subaru. Lo que pasa es que Ram solo está un poco avergonzada, eso es todo. Seguro se siente incómoda porque estabas abrazándola cuando despertaste. Fue adorable.
—¡Señorita Emilia!
Al escuchar la risita de Emilia, Ram reaccionó con fuerza, pero eso no bastó para borrar lo que Emilia acababa de decir. Pensando un poco más al respecto—
—Oh, cierto. Cuando desperté, había un espacio raro donde estaba acostado… Asumí que era Beako, pero…
—Olvídalo.
Mientras él recordaba el momento, la voz de Ram se volvió aún más fría que de costumbre.
—Pero…
—Dije. Que lo olvides.
—O-ok, ok. Lo olvido. Ya está, se me fue por completo.
—Eso será suficiente. Tú también deberías tener más cuidado, cabeza de chorlito… Digo, señorita Emilia.
—¿Cabeza de chorlito? ¿Cómo confundiste eso con mi nombre? ¡Ni siquiera suenan parecido…!
Emilia ladeó la cabeza, pero Ram fingió ignorancia, declarando que la conversación había terminado.
Al parecer, Ram no tenía intención de hablar sobre lo que había ocurrido allá abajo. Para seguir adelante, la opción natural era acudir a la otra persona que había estado allí con ellos.
—Ya que Ram no quiere responder, ¿recuerdas algo tú, Anastasia?
—¿Oh? ¿También formo parte de esta conversación? Pensé que se habían orvida’o de mí.
—Perdón por priorizar a los nuestros. Entonces, ¿qué pasó? Aún estaba medio consciente cuando esa Mabestia voló por los aires, pero…
—Despué’ de eso, estaba aterrada en medio de la oscurida’ tota’. Y como tú y Ram estaban fuera de combate, yo fui la única que pudo negociar con esa Sabia de ahí.
—¿La Sabia…? ¿Te refieres a ella?
Al oír eso, Subaru señaló a la mujer que aún seguía aferrada a su brazo derecho: Shaula, a quien había estado ignorando deliberadamente.
—Me cuesta imaginar que haya hecho algo lo suficientemente digno como para llamarlo “negociación”.
—Una forma muy sutil de decirlo. Pero también me desconcierta a mí. Por más que intenté sonsacarle algo, apenas soltó palabra. Y ahora está completamente enamora’a contigo.
—¿No hablaba? ¿Esta cosa de aquí?
—¡Arg! No me llame “esta cosa”, sino Shaula; Gran Maestro~.
Shaula lo fulminó con la mirada, claramente ofendida.
Pestañas largas, rostro bien proporcionado, un cuerpo espectacular que dejaba poco a la imaginación… tenía todas las características de una belleza, y en otras circunstancias, tenerla recostada contra él sería algo digno de presumir.
—Que alguien se te tire encima con todo el afecto del mundo cuando tú tienes el medidor en cero… es rarísimo, aunque esté buena.
—¡Ahh! ¡Lo dijiste! ¡Dijiste que estoy buena, ¿no es cierto?!
—Tienes unos oídos agudos cuando te interesa, eh…
Los ojos de Shaula brillaron mientras se apretaba aún más contra él, y Subaru intentaba en vano despegarla. Por más fuerza que hiciera, no lograba liberarse del monstruoso agarre de ella. Al final, Subaru suspiró, resignado a perder el control de su brazo.
—Supongo que ya está perdido. Mi brazo es causa perdida, así que mejor volvamos al tema. Oye tú, usa las palabras y habla.
—¡Sí, por supuesto! ¡Si eso es lo que quiere el Gran Maestro!
—Ya veo. Es útil que estés cooperando. Si no te importa, quisiera preguntarte si es correcto asumir que tú eres el Sabio que reside en la Atalaya Pléyades.
—Bleh.
—¡¡Respóndele como se debe!! ¡¡Literal acabas de decir que ibas a hablar!!
Justo cuando parecía dispuesta a responder con una sonrisa despreocupada, Shaula ignoró descaradamente la pregunta de Julius. Y cuando Subaru la presionó, ella infló las mejillas con fastidio.
—¿Quéee? ¡Fuiste tú quien dijo: “Si alguien te pregunta algo, no digas nada innecesario, ¡no hables con ellos y no les cuentes nada! Solo apuñálalos.”! ¡Estoy haciendo lo que me dijiste!
—Tu Gran Maestro es bastante extremo.
—Siiiiip. Eres súperextremo, Gran Maestro. O sea, exijo una disculpa sincera y una seria autorreflexión.
Aun mientras decía eso, Shaula frotaba su cabeza contra el cuello de Subaru con una actitud parecida a la de un cachorro. Subaru la ignoró y le dio un golpecito en la frente.
—Auch… Aunque no duelaa, ¡¿no es esto un abuso?! ¡Es superabuso! ¡El Gran Maestro fue superviolento conmigo! ¡Le veré en el juzgado!
—¿Dónde aprendiste siquiera esa frase? …En fin, habla con ellos también, no solo conmigo. Si vas a tratarme como tu Gran maestro, entonces escúchame, por favor.
—…¿En serio? ¿Puedo?
—¿...? Claro. De hecho, preferiría que lo hicieras. Ya quiero avanzar con esta conversación.
Una expresión vacía y atónita cruzó el rostro de Shaula. Luego, su expresión pasó poco a poco de sorpresa, a comprensión, a aceptación, y finalmente a profunda emoción—
—¡Yuppiiiiiii! ¡Por fin~! ¡Obtuve permiso para hablar! ¡Ahora ya no tengo que seguir actuando como una MISTERIOUS mujer superhermosa que oculta algo~! ¡Vamooos!
—¡¡Si nunca estabas intentando hacer eso para empezar!!
Shaula sonreía ampliamente, emocionada. Su coleta se agitaba con fuerza, abofeteando a Subaru en la cara. Bloqueándola con la mano izquierda, Subaru continuó preguntando:
—En fin, ¿eres tú el Sabio del que tanto se habla?
Esa pregunta iba directo al núcleo del porqué habían venido a la Atalaya Pléyades.
El rostro de Shaula se torció como si acabara de morder algo ácido.
—Mmm… La respuesta a esa pregunta es superdifícil.
—¿Difícil? ¿Por qué?
—Si están buscando a Shaula, entonces sip, esa soy yo, ¡la que más ama al Maestro! Pero si están buscando al Sabio Shaula, entonces no estoy tan segura.
Frunció el ceño mientras, finalmente, comenzaba a responder de verdad. Pero había algo inquietante en su primera respuesta.
Una clara falta de familiaridad con el título de "Sabio". En otras palabras...
—Con su permiso, señorita Shaula.
Al parecer notando el mismo detalle, Julius levantó la mano.
—¿"Señorita"? Ay, me haces sonrojar. No estoy acostumbrada a títulos así. Solo di mi nombre. señorita Shaula suena como…je, je.
—Muy bien, entonces como usted prefiera, señorita Shaula—Hasta hoy, los logros de el Sabio Shaula se han transmitido de generación en generación entre innumerables personas. ¿Es correcto decir que esas leyendas se refieren a usted?
—Pueeesss, es difícil decirlo. No he salido de esta torre en uuuuuuun montón de tiempo. ¿Y si las historias se distorsionaron con el tiempo? Seguro que sí, si terminaron llamándome a mí un sabio, de entre todos…
Shaula ladeó la cabeza mientras se llevaba un dedo a los labios.
—Ah, a menos que el Maestro le haya puesto “Shaula” a otra persona también. Si esa otra Shaula hizo algo increíble, entonces tal vez no sea tan raro después de todo… ¿Fuiste tú, Gran Maestro?
—No me mires a mí. Esos son cargos falsos, por donde lo veas.
—Parece que el Gran Maestro no puede pensar en nadie más, así que supongo que realmente soy la única llamada Shaula. Es el nombre que me dio el Maestro, mío y solo mío… ¿Quién necesita otra Shaula, de todos modos?
—Ya veo. Así que una alborotadora fue quien esparció falsedades.
—¡¡No me mires cuando dices eso!! ¡¡Esos son cargos falsos!! ¡¡Soy inocente hasta que se demuestre lo contrario!!
Dejando de lado la payasada actual, Shaula no sonaba como si estuviera mintiendo. En el peor de los casos, eso significaba que las historias transmitidas a lo largo de los años podían estar equivocadas.
Mientras escuchaba el intercambio, Anastasia empezó a rebuscar en su enorme bolso y sacó una moneda.
—¿Vas a revisar tus libros de contabilidad de repente? ¿O no, por lo que parece…?
—Aun siendo mi afición, y aunque tocar mone’as me ayu’a a pensar mejor, no es esa mi intención. Aquí tienes, entenderás lo que quiero decir cuando te fijes en las mone’as der reino.
Anastasia lanzó las monedas que tenía en la mano hacia Subaru. Sorprendido, logró atraparlas y vio cuatro monedas: una de cobre, una de plata, una de oro y una de oro sagrado.
—No creo que estés tratando de sobornar a Shaula, pero…
—Si eso funcionara, no me opondría, pero no. Solo míralas. Tienen imágenes grabadas, ¿verda’? No se pue’ separar el dinero de la historia. Todo país digno de ese nombre tiene su legado grabado en sus mone’as.
Tomando en serio sus palabras, Subaru examinó las monedas. Nunca había tenido una razón para observarlas tan de cerca, pero ahora que lo hacía, cada una tenía una imagen diferente.
—La de oro sagrado tiene al Dragón Divino, la de oro al primer Santo de la Espada, la de plata al Sabio y la de cobre al Castillo de Lugunica. ¿No lo sabías?
—¿Eh? ¡¿Ahora Emilia está dando exposición como un NPC…?!
—Pero eso es conocimiento común. ¿No prestaste atención cuando salías de compras?
Subaru silbó, tratando de esquivar el comentario incisivo de Emilia. Era cierto: las marcas en las monedas eran tal y como ella las describía. Había un dragón en la moneda de oro sagrado, un hombre de mirada intensa en la de oro, y el castillo en la de cobre. Y en la de plata…
—Un tipo joven y guapo, más o menos. Supongo que se parece vagamente a Shaula, pero también no mucho.
—Pero, el tipo en ese dibujo es como se supone que es Shaula para el resto del mundo, de hecho.
La imagen en la moneda mostraba a un hombre apuesto, con el cabello largo y rasgos marcadamente masculinos. Naturalmente, no importaba el ángulo: no era alguien que pudiera confundirse con una mujer hermosa medio desnuda.
—O~h, parece superbien hecho, ¿no? O sea, se ve igual que el Gran Maestro.
Observando la moneda plateada desde un lado, Shaula lanzó una ofensa terrible sin una pizca de malicia.
—¡¿Dónde ves tú eso?! Ah, no, si el Sabio que está grabado es tu Gran Maestro, entonces ¿a qué te refieres con que yo me parezco al Gran Maestro de tus recuerdos?
—Cielos, ¿de qué está hablando? Mi Gran Maestro es el único Gran Maestro.
—Entonces, deja que me repita de nuevo. ¡¿DÓNDE ESTÁS VIENDO ESO?!
Shaula parecía molesta por su reacción irritada.
—¿Ehhh? Desde mi punto de vista, tiene muchas similitudes. Tiene cabello, dos ojos y orejas, una boca y una nariz.
—¡¿Ese es el LEVEL de tu comparación?! ¡¡Con ese estándar, el Señor Cara de Papa también se parece!!
—Ni siquiera yo diría que la persona en la moneda se parece a Subaru…
Era un nivel de comparación de jardín de infancia. Subaru y Emilia no podían creerlo. Era el tipo de comentario que hizo que todos, excepto Shaula, fruncieran el ceño.
—Es que… no se me da bien comparar los rostros de la gente. O sea, los hombres y las mujeres son diferentes, pero después de eso, ¿no son básicamente lo mismo? … Después de eso, se reduce al tamaño, ¿no?
—Ella acaba de mirar a Betty y se le ocurre esa respuesta, supongo; detestable.
—Está bien, porque Beako es pequeña y linda y es única. Dejando eso a un lado, tienes semejante sentido de la estética y, aun así, ¡me llamas a mí, de todas las personas, tu Gran Maestro! ¡Me estás confundiendo completamente por otra persona!
Aprovechando la excusa de Shaula, Subaru saltó a la oportunidad de limpiar su nombre. Desafortunadamente, eso no lo llevó a donde esperaba.
—Ah. Que le encontrara, Gran Maestro, no fue por una cuestión de apariencia, o sea que eso no es un problema.
—¿No fue debido a la apariencia? ¿Entonces cómo? ¿Por el AURA?
—Por el olor. Bueno, no, es que el Gran Maestro es la única persona que dejaría un mal olor superoscuro y superagrio y quedarse tan a gusto.
—¡¡Jamás me han insultado tanto!! ¡¿Huelo así de mal?!
Al oír la palabra “olor”, se había preparado para lo peor, pero su resolución se desvaneció en el viento cuando Shaula lo remató con una selección impensable de palabras.
—¿Por qué se enfada? Ah, ¿es porque dije «superagrio»? ¡Está bien! ¡O sea, el olor del Gran Maestro es supermalo, pero es el tipo de olor que quiero seguir oliendo para siempre!
—¡Una chica no debería decir algo así! ¡¡Y si eso pretendía hacerme sentir mejor, hiciste un pésimo trabajo!!
Subaru se cubrió la cara, avergonzado, y se desplomó llorando en el acto.
—¿Qué demonios…? Pensé que ya me había acostumbrado a oír estas cosas, ¡pero eso fue demasiado! ¿Qué hice yo para merecer esto…?
—E-está bien, Subaru. Lo entiendo perfectamente. Así que, ¿deberías tomar un buen baño después?
—¡¡No entendiste nada!!
Mientras Subaru lloriqueaba, Emilia intentaba consolarlo, solo para que Ram interviniera, molesta por toda la situación.
—En cualquier caso, si el permiso de Barusu es suficiente para convencerte, entonces responde nuestras preguntas. Eres Shaula, pero no el Sabio. Entonces, me pregunto, ¿te suenan el Santo de la Espada y el Dragón Divino?
—¿El Santo de la Espada y el Dragón Divino?
—Sus nombres son Reid y Volcanica.
—Ugh.
Al oír eso, el rostro de Shaula se torció como si acabara de tragar algo amargo.
—¿Los conoces?
—Los conozco. O sea, Reid el Palillero y Volcanica el Cínico son viejos amigos míos. No los he visto desde que nos separamos, pero deben de irles muy bien, ¿verdad?
—Reid ya murió.
—¡¿En serio?! ¡¿Está muerto, aunque era un tipo superinvencible?! ¡¿Cómo murió?! ¡¿Comió algo superraro del suelo o algo así?!
—Su esperanza de vida. Nadie puede ir contra el destino.
—Su esperanza de vida… Ah, ya veo. Ciertamente. O sea, Reid era un ser humano.
Shaula bajó la mirada, triste al escuchar que un viejo amigo había muerto. Incluso su coleta parecía haber perdido energía, y lucía abatida con los hombros caídos.
—Entonces, ¿a Volcanica le va bien?
—Volcanica es un dragón, así que sigue con vida.
—Ya veo. Aunque hubiera sido mejor que Volcanica muriera en lugar de Reid.
—Qué bocota la tuya, carajo.
Pero esa tristeza duró poco, y rápidamente cambió de actitud, despedazando verbalmente a su otro viejo amigo sin ningún remordimiento.
Y mientras Shaula parecía casi aliviada después de eso, Ram tenía una expresión pensativa mientras cerraba un ojo.
—Déjame preguntar de nuevo. El Sabio que debería haber existido—tu Gran Maestro—¿exactamente quién era?
—¿…? Qué pregunta tan rara. Ustedes están viajando con él, ¿y no lo saben?
—Lamentablemente, tu Gran Maestro se golpeó la cabeza con la taza del váter y olvidó un montón de cosas.
—¿Por qué específicamente con el váter?
—¿Otra vez, Gran Maestro…?
—¡¿Cómo que otra vez?!
Recibido por la mirada compasiva de Shaula, Subaru sufrió una humillación que no parecía para nada merecida. Pero, aparentemente aceptando la explicación de Ram, Shaula dio un salto para ponerse de pie.
—Entonces lo escuchará de mí. El nombre del Gran Maestro… Cierto, incluso ese nombre es del famoso gran erudito. ¡Por supuesto, el título de Sabio solo le quedaría bien al Gran Maestro!
—¡Ve al grano!
—¿Cuándo más voy a tener esta oportunidad? Pero eso es taaaan~ típico de ti.
Shaula montó todo un espectáculo para su anuncio y sacó la lengua de manera traviesa cuando Subaru trató de apurarla. Luego se llevó un dedo a la mejilla, actuando un poco como una niña pequeña mientras continuaba.
Y el nombre era—
—Flugel.
—¿…Eh?
—El nombre del Gran Maestro es Flugel. O sea, el gran erudito Flugel es el Gran Maestro de Shaula.
Inflando con orgullo su amplio pecho, Shaula dijo el nombre con un profundo afecto. Había una mezcla de respeto sincero y gratitud en su voz que hacía imposible pensar que estaba mintiendo. Y precisamente porque estaban seguros de que no mentía, las reacciones variaron.
Porque ese nombre les resultaba inconfundiblemente familiar.
—… ¿No es ese el nombre de la persona que plantó el árbol?
Era el nombre de la gran figura con quien sus destinos ya se habían cruzado hace bastante tiempo.
Sección 3
—¡Guau! ¡Qué miedo! Está muy alto. No tener una barandilla da pavor.
—¡Waah, detente, Subaru! ¡Es peligroso acercarse al borde, supongo!
Beatrice tiró frenéticamente de Subaru hacia atrás cuando él se asomó al borde de la escalera en espiral.
Joseph y el carruaje que esperaban en el piso inferior parecían puntos diminutos. Las escaleras subían en espiral en el sentido de las agujas del reloj por el interior de la torre, y aunque solo habían subido hasta la mitad, ya hacía bastante frío a esa altura.
—Desde el fondo hasta el siguiente piso hay unas pocas docenas de yardas, pero debido a la forma de espiral de las escaleras, la caminata es de un par de millas… Qué fastidio. ¿En qué estaba pensando el tipo que construyó este lugar?
—Según la conversación reciente, ¿no fue Flugel? Ocurrió hace cuatrocientos años. Tal vez pensaban diferente en aquella época.
—Hay límites a lo que se puede explicar por una brecha generacional. Además…
Mientras Subaru y Beatrice caminaban tomados de la mano, Emilia los seguía un poco más atrás. Subaru miró más allá de ella, hacia la parte final de la procesión—
—No te sacudas tanto.
—¿Ah? Estoy montada en tu espalda, así que agradece.
—Es demasiado trabajo subir y bajar estos cientos de escalones.
—Me haces cosquillas pateando así en mi espalda… ¡Oye! ¡No me jales el cabello!
Shaula fruncía el ceño ante Meili, quien iba montada en su espalda. Pero no había hostilidad en su intercambio. Misteriosamente, parecían llevarse bastante bien.
En ese momento, Subaru y su grupo estaban subiendo la escalera en espiral, yendo del piso más bajo al siguiente.
Julius y Anastasia iban al frente de la procesión, seguidos por Ram, Subaru, Beatrice y Emilia, con la dupla Meili–Shaula cerrando la marcha.
La razón de esa pareja fue que Meili se había quejado de estar cansada y de no querer subir las escaleras, por lo que Shaula se ofreció a cargarla.
—No parece del tipo que suele ganarse el cariño de los niños, pero…
—Si tú también te cansas, Subaru, solo dilo, de hecho. Si hace falta, al menos puedo darte un paseo en la espalda, supongo.
—Jamás llegaremos a eso porque soy un hombre.
Se lo agradecía de corazón, pero, como joven con algo de orgullo, tenía que rechazarlo educadamente. Solo la idea era demasiado. Prefería pedirle un favor a Julius antes que recurrir a eso.
—De todos modos…
—¿Eh? ¿Qué pasa, Gran Maestro? Me estás mirando con ojos muy intensos… ¿¡Por fin te diste cuenta de mis encantos después de cuatrocientos años!?
—¡Qué paciencia tan loca! Y perdona por molestarte mientras Meili juega con tu PONYTAIL…
—No es una PONYTAIL, sino una SCORPIONTAIL.
—¿Eh?
—SCORPIONTAIL.
—Ah, claro, como digas. En fin…
—SCORPIONTAIL…
—¡OK, ya entendí! ¡Qué cosa tan rara para obsesionarse! SCORPIONTAIL entonces, ¡SCORPY! PIONTAIL… CORPY… ¡Qué difícil de abreviar!
Ella estaba extrañamente insistente con el tema, así que Subaru cedió antes de cambiar rápidamente de tema. Lo que quería abordar, por supuesto, era el nombre que Emilia acababa de mencionar.
—Así que quizá sea repetir algo que ya dijiste, pero… ¿estás segura de que tu maestro es Flugel?
—Sip, sip. Ese es tu nombre, Gran Maestro, así que, ¿puedes dejar de actuar raro al respecto? ¡Oh! ¿O es que me estás coqueteando al hacerme repetirlo una y otra vez?
Sus ojos brillaban mientras miraba a Subaru con timidez.
—No tienes que hacer eso. Mi corazón siempre te ha pertenecido, Gran Maestro. ¡Te amooo!
—Nooo, gracias.
—¡¿Tiraste mi amor a la basura?!
Sin perder el ritmo, Subaru tomó los sentimientos que Shaula acababa de expresar y, con dramatismo, hizo como si los arrojara por el borde de las escaleras antes de carraspear. Si dejaba que Shaula llevara el ritmo de la conversación, nunca terminaría.
—Entonces, ¿este Flugel es el mismo que está detrás del Gran Árbol de Flugel, cierto?
—¿Qué es eso? ¿Un árbol enorme en algún lado?
Mientras Shaula se deprimía porque habían despreciado sus sentimientos, Meili ladeó la cabeza y preguntó con inocencia.
Subaru asintió.
—Sí, en las llanuras de Lifaus. Había un árbol que llegaba hasta las nubes, y lo llamaban el Gran Árbol de Flugel. Verlo hizo latir con fuerza mi joven corazón.
—¿Ehh? Ya veoo. Si lo describes así, me dan muchas ganas de verloo.
—Perdón… lo derribé.
—¡Eres muy cruel, hermanitooo!
Subaru solo pudo responder con una sonrisa incómoda cuando destrozó instantáneamente el pequeño sueño de Meili.
—El Gran Árbol de Flugel.
Poco más de un año atrás, ese colosal árbol se convirtió en la carta bajo la manga de Subaru durante la batalla contra la Ballena Blanca. Tras aplastar a la gran Mabestia de la niebla con el tronco caído, el Demonio de la Espada acorraló a la criatura que había buscado durante catorce largos años y le dio el golpe final con su hoja.
—Es difícil de creer que me encontrara con el Flugel que plantó ese árbol en un lugar como este… Aunque ahora que lo pienso, sí recuerdo que alguien lo llamó sabio en algún momento.
—Pero era un sabio cuyos logros son en gran parte desconocidos… Que se le considere un sabio a pesar de eso es algo extraño, supongo
—Solo guiándonos por los pocos logros que se le atribuyen, ciertamente no parecen justificar un título tan elevado como el de Sabio. Quizá simplemente era muy bueno haciendo alarde de sus hazañas… como Barusu.
—¡¿Cuándo he exagerado yo las cosas que hice?!
Esa evaluación grosera le tocó un nervio a Subaru, pero Ram no se mostró afectada por su reacción.
Mientras eso ocurría, Anastasia asentía para sí misma en la parte delantera del grupo. Con Julius guiándola de la mano, giró la cabeza hacia ellos para intervenir.
—Por lo que parece, las hazaña’ de Shaula y Flugel se mezclaron con el paso de las generacione’… O, má’ probablemente, se le atribuyeron toda’ a ella, ¿no?
—¿Quieres decir que Flugel hizo que pareciera que Shaula fue quien logró lo que él hizo?
Los ojos de Emilia se abrieron con sorpresa ante esa teoría tan descabellada. Anastasia asintió y volvió a mirar a Shaula.
—O al menos eso pensaba yo. Pero dime, ¿crees que tu Gran Maestro sería capaz de hacer argo así?
—Mmm, siendo honesta, muchas veces no entendía lo que el Gran Maestro estaba pensando. Pero no le gustaba mucho llamar la atención. O sea, que cargarme a mí con rumores molestos para evitarlos suena totalmente a algo que haría.
No era precisamente la respuesta más inspiradora, pero en líneas generales, Shaula parecía apoyar la teoría de Anastasia. Al mismo tiempo, había algo que molestaba a Subaru.
—Si de verdad quería ocultarse tanto… ¿cómo es que su nombre se transmitió durante siglos como el de un gran sabio?
—Hum, según un libro que leí, la razón por la que conocemos el nombre de Flugel es… porque la frase “Flugel estuvo aquí” fue grabada en el Gran Árbol, ¿verdad?
—¿¡Qué?! ¿Era un niño en una excursión escolar o qué?!
Subaru no podía creer lo que oía. ¿Cómo podía eso considerarse pasar desapercibido?
—Para ser sincero, yo pensé en hacer lo mismo… pero Rem me detuvo. Para que Flugel realmente lo hiciera… debió de ser un tremendo idiota.
—Su nombre cobró vida propia, y por eso el Sabio Flugel se volvió una figura misteriosa y célebre a través de los tiempos. Y ahora, después de tantos años, escuchar de boca de otro Sabio que ese hombre realmente estuvo a la altura de las leyendas… Es algo que hace pensar. Qué emocionante es estar en posición de llenar un vacío en la historia.
—No empieces a hablar como si te obsesionara la historia, por favor…
Julius parecía entusiasmado por aprender un poco de historia oculta de hace cuatrocientos años.
Tenía opiniones fuertes sobre la magia, y además tendía a dar explicaciones largas y enredadas. ¿Quizá tenía un lado nerd bien escondido?
—Dicen que los filósofos tienen muchos amores… Así que este cerebrito debe de ser igual…
—Perdón por interrumpir tus pensamientos, pero mira por dónde pisas. Ya casi llegamos arriba.
—¿Oh?
Al mirar hacia arriba, Subaru vio que el final de la escalera en espiral estaba justo frente a él.
Julius y Anastasia llegaron al rellano unos pasos por delante, seguidos pronto por Ram y el resto del grupo. Fueron recibidos por un espacio abierto que se notaba diferente al del piso inferior.
—Vaya... Esa puerta es ridículamente enorme…—fue lo primero que llamó la atención de Subaru.
La puerta medía más de diez metros de alto y diez de ancho. Estaba hecha de un material extraño que parecía piedra.
—Esta e’ la entrada oficial a la torre. E’ innecesariamente grande, pero en realidad se abrió y cerró cuando entramo’.
—Ya veo. ¿Así que ya han entrado, entonces? …Espera, ¿qué?
Al escuchar que ya habían usado la entrada, Subaru giró la cabeza rápidamente. En el inmenso espacio que los rodeaba, no había nada aparte de las escaleras en espiral que acababan de subir.
—¿Entonces cómo bajaron Joseph y el carruaje hasta allá abajo? No hay forma de que el carruaje bajara por unas escaleras tan estrechas…
—Ah, Shaula cargó el carruaje y al dragón de tierra. Simplemente los levantó sobre su cabeza
—… ¿Pardon?
Pensando que había oído mal, Subaru miró a Emilia, que seguía gesticulando con toda tranquilidad. Y nadie la contradecía.
Al ver la reacción de Subaru, Shaula sacó pecho con orgullo, resoplando ligeramente por la nariz.
—Como ella dijo, los cargué. Sin problema.
—Estoy más impactado que agradecido… Eso suena como algo que ni siquiera Reinhard podría hacer.
En la cabeza de Subaru, Reinhard era sin duda la persona más propensa a hacer cosas absurdas, pero ni él imaginaba que levantar un carruaje entero fuera posible. Podía partir el mundo con su espada, caminar sobre el agua o incluso revivir una vez… pero esa fuerza bruta era…
—De hecho… ¿podría hacerlo? Ya no estoy tan seguro. ¿Es siquiera humano?
Dejando de lado sus confusos pensamientos sobre su amigo, Subaru por fin había entendido cómo había llegado el carruaje hasta abajo. En ese caso, ¿sería que las puertas gigantes frente a ellos también se movían con la fuerza bruta de Shaula?
—Lo único que puedo decir es que no se movieron ni un poco cuando las empujé. Por eso no pudimos hacer mucho para buscar a la señorita Anastasia o a ustedes después de que nos separamos.
—Entiendo. Así que son tan pesadas como parecen. Admito que toda esta estética de ruinas antiguas me emociona, pero…
A Subaru no le disgustaban este tipo de construcciones que parecían sacadas de una novela de fantasía. Desafortunadamente, no estaba en una situación en la que pudiera detenerse a admirar cada detalle.
Al mirar la puerta, sintió una ligera textura arenosa en la lengua. Probablemente porque ese piso estaba conectado con el exterior. Al observar con atención, vio arena amarilla esparcida por el suelo.
—La tormenta de arena e’ fuerte, pero tengan cuidado con la arena que se filtra ar interior. Si respiran demasiao’ sin darse cuenta, su cuerpo no lo va a agradece’.
—Las dunas están llenas de miasma. Sería imprudente subestimarlas solo porque la concentración es baja.
—Sí. Estoy de acuerdo. Pero…
Subaru asintió ante las advertencias mientras alzaba la vista al techo.
Habían llegado a ese piso tras una larga subida por las escaleras en espiral, pero las altísimas paredes de la Atalaya Pléyades seguían elevándose. Al menos, el siguiente piso también estaba conectado por otra escalera en espiral.
—Ver otra vez escaleras es realmente desmoralizante… Pero también hace que todo esto se sienta real.
—¿"Se sienta real"?
—Sí. Esta es definitivamente la Atalaya Pléyades que estábamos buscando.
El resto de sus compañeros asintieron ante su declaración tranquila.
No era que hubieran alcanzado sus objetivos todavía. Aún no habían encontrado una forma de salvar a todas las personas que esperaban su regreso. Pero, aun así, habían superado el primer obstáculo.
Habían llegado a la Atalaya Pléyades, en el borde de las dunas de Auguria, una tierra considerada impenetrable.
—Tsk, tsk, tsk. Ahí tengo que corregirte, Gran Maestro.
Él se volteó a verla, y ella tenía una sonrisa pícara y arrogante.
—Ese nivel de comprensión solo te da noventa y nueve puntos.
—¿¡Eso no es básicamente perfecto!?
—¡Pero te faltó el concepto principal! Y esa puntuación tan alta solo la lograste porque añadí muchos puntos extra por lo mucho que te amo, amo, amo.
Llevando una mano a la frente, Shaula parecía estar reflexionando sobre lo generosa que había sido con su calificación. Luego, aún cargando a Meili en la espalda, corrió al frente del grupo, giró sobre sí misma con estilo y extendió los brazos, teniendo la enorme puerta a su espalda.
—La Atalaya Pléyades es solo un nombre temporal para una función temporal. Ahora que el Maestro ha vuelto, puede cumplir su propósito original.
—¿Original…?
—¡Así es! Esta es una gran biblioteca donde puedes encontrar todo lo que quieras saber y todo lo que quieras descubrir.
El rostro de Subaru se estremeció al escuchar eso.
Porque era exactamente lo que ellos—lo que él—deseaba desesperadamente. Un método de omnisciencia para conceder la salvación a los ignorantes. Eso era lo que habían venido a buscar.
Y el nombre de esa salvación era:
—¡La Gran Biblioteca Pleiades da una muy, muy, muy feliz bienvenida a tu regreso, Gran Maestro!
Sección 4
Habían llegado a su destino. La puerta de la sala estaba cubierta por una densa capa de enredaderas verdes.
—Esto es…
Subaru se quedó sin palabras.
Frente a él se encontraba la primera planta real que había visto desde que habían puesto un pie en el desierto. El miasma que llenaba las tormentas de arena era un veneno para todo ser vivo, y aparte de la propia arena, su grupo no había visto nada que pudiera llamarse verdaderamente natural.
—Y la única excepción fueron esas Mabestias horribles que se convertían en flores…
Esos Osos Cortesanos normalmente vivían en bosques. Una manada de ellos había creado un campo de flores antinatural en medio del desierto, lo cual era básicamente lo único que parecía algo natural en días. Por supuesto, se veía tan fuera de lugar desde el principio que el camuflaje no sirvió de mucho.
—...
Subaru se detuvo, sumido en sus pensamientos, pero alguien pasó junto a él y tocó la puerta cubierta de enredaderas. No hubo ni una pizca de duda. La puerta se deslizó y se abrió como si nada.
—¿No vienes, Barusu?
—…Sí, voy.
Subaru dejó a un lado su inquietud y dio un paso al frente, siguiendo la esbelta figura de Ram mientras esta se deslizaba hacia el interior.
Tal como se podía intuir desde fuera, las enredaderas que cubrían la puerta también se extendían por el otro lado.
Aparentemente, el interior era de piedra en su origen, pero el suelo, las paredes y el techo estaban completamente dominados por el verde.
Era como si estuvieran dentro de unas ruinas ocultas que la naturaleza se hubiera apropiado durante siglos.
—Esto sí que tiene vibras de jungla. Shaula lo llamó “La Sala Verde”, pero… vaya nombre más literal.
Mientras pensaba en eso, se giró y se dio cuenta de que la entrada había vuelto a cerrarse, sellada por las mismas enredaderas.
—¡Ey, Ram! ¡Nos han encerrado!
—Te asustas con demasiada facilidad. Esta sala tiene un límite de personas que pueden entrar. Es la intención del amo de la habitación, al parecer.
—¿Con eso te refieres a…?
—A un espíritu.
Con esa respuesta breve, Ram siguió avanzando sin perder tiempo. Subaru se quedó mirando la puerta cerrada un momento, se rascó la cabeza y luego apuró el paso para alcanzarla.
Las gruesas enredaderas alfombraban toda la sala. Avanzaron con cuidado, trepando, esquivando y pisando con precaución entre la espesa vegetación que lo cubría todo. Y al llegar tan lejos como pudieron…
—Rem… y Patrasche…
En lo más profundo de la Sala Verde, Subaru encontró un espacio distinto del caos vegetal que dominaba el resto de la sala. Allí había una cama hecha de un mullido colchón de hierba, con pequeñas flores salpicadas aquí y allá.
Y sobre esa cama natural, adornada con flores, yacía Rem.
—...
No había color en sus mejillas pálidas, y su expresión dormida seguía igual que siempre. Su pecho se alzaba y bajaba apenas con cada respiración, y salvo por eso y el tibio calor de su piel, no había señales de que estuviera viva.
Aunque Rem seguía atrapada por la maldición del sueño de la bella durmiente, el solo hecho de verla fue tan reconfortante que las piernas de Subaru casi cedieron.
—De verdad está a salvo…
—Te lo dije. ¿O acaso pensabas que mentiría con algo relacionado con ella?
—No es que piense eso, pero… No podía relajarme del todo hasta verla con mis propios ojos. ¿Cómo se supone que debía actuar? Me alegra ver que tú también estás bien, Patrasche.
Subaru frunció ligeramente el ceño ante el comentario de Ram y se acercó a su dragona de tierra, que descansaba junto a la cama de hierba donde dormía Rem. Había un colchón natural de vegetación bajo su gran cuerpo, y Patrasche lo miraba con esa misma expresión tranquila de siempre, como cuando estaban en los establos.
—Te pasaste protegiéndome allá abajo… Eres tan…
Subaru acarició el cuello de Patrasche con la palma de la mano, mientras ella le frotaba el hocico contra la mejilla. Ese gesto de afecto le dio un poco de paz, pero, aun así, apretó los dientes y se preparó para hablar más en serio.
—Ya sé que no eres una damisela en apuros ni nada, pero no me hagas preocuparme tanto, ¿sí? Esta vez de verdad me asusté… ¡Ay, ay, ayyyy!
—¡…!
Antes de que pudiera terminar de reprenderla por su valentía algo temeraria, una escama puntiaguda le pinchó el cuello.
—¿Q-qué fue eso…?
—Como Otto no está, permíteme interpretar. Dice: “Tú eres el último que puede hablar”. Y la verdad, no podría haberlo dicho mejor
Dijo Ram, cruzándose de brazos, como si quisiera aprovechar la oportunidad para lanzar su propia crítica.
Por la expresión en los ojos de Patrasche, parecía que la traducción era bastante acertada.
—¿Eh? ¿Ella puede romper todas las reglas, pero yo soy el que tiene que tener más cuidado?
—Es cuestión de probabilidad. Míralo como quieras, pero ese dragón tiene más posibilidades de sobrevivir que tú. Eres como una vela encendida en medio de una ventisca.
—¿Nunca oíste eso de que la vela brilla con más fuerza justo antes de apagarse? ¿Y quién te pidió tu opinión, eh?
Bajo las miradas reprobatorias de Ram y su leal dragona, los hombros de Subaru se hundieron. Luego comenzó a examinar el cuerpo de Patrasche, y notó una cálida y tenue luz en las heridas donde le habían arrancado escamas.
—Parece que el poder de este espíritu acelera el proceso de curación…
—Cierto. Como te dije, el amo de esta habitación es un espíritu.
—Sí, dijiste eso… ¿Pero dónde está ese espíritu, entonces?
—Y eso que te haces llamar invocador de espíritus… Esta habitación misma es el espíritu.
Mientras acariciaba de nuevo a Patrasche, Subaru se quedó sin aliento al oír la revelación de Ram sobre la verdadera naturaleza del espíritu sanador.
Ahora que prestaba más atención, podía notar que la habitación estaba impregnada de una densa cantidad de maná, lo cual explicaba la increíble vegetación que dominaba el lugar.
Era como si su propio cuerpo se estuviera sanando desde dentro, como si respirara un aire puro y revitalizante.
—Sí… ahora lo siento. Definitivamente es un espíritu… Pero no parece que podamos comunicarnos, ¿no?
—Este espíritu es bastante peculiar… aunque bueno, eso puede decirse de todos los espíritus. Ya sea el gran espíritu de la señorita Emilia o la propia señorita Beatrice… Lo extraño de este es que no parece tener voluntad propia, por así decirlo. Simplemente trata de curar las heridas y enfermedades de todos los seres vivos que entran aquí.
Mientras decía eso, Ram se acercó a Rem. En cuanto lo hizo, unas enredaderas comenzaron a moverse a su espalda, retorciéndose hasta formar una silla verde. Era un gesto considerado, como si la sala misma hubiera querido acomodar a la hermana mayor que velaba por su hermana pequeña. Una vez sentada Ram, la escena parecía sacada de una visita hospitalaria familiar.
—Es bastante asombroso…
—Si no otra cosa, al menos es el espíritu más educado que he conocido. Deberías aprovechar para aprender algo de modales, Barusu. Ya sea de este espíritu… o del señor Julius.
—No puedo decir que me entusiasmen esas opciones…
Replicó Subaru, apartando la idea de usar a cualquiera de los dos como modelo. Luego acarició el cuello de Patrasche y le dijo suavemente:
—Descansa tranquila. Te lo ganaste.
Con cuidado, le acomodó la cabeza antes de volver su atención a Ram.
—Puedo ver que las heridas de Pastrasche están sanando… pero con Rem no hay ningún efecto. Tal como me dijeron allá abajo.
—Su estado no es ni una herida ni una enfermedad, así que no puede ser curada. Esa parece ser la conclusión a la que llegó el espíritu.
—Ya veo…
Subaru suspiró, sintiendo de nuevo esa punzada de decepción.
Pero, aunque no pudiera curarla, el espíritu del cuarto no había dudado en cuidar a Rem mientras dormía. El trato que le daba a Ram era prueba suficiente de ello.
—Al final, nada ha cambiado…
—…Si quieres que algo cambie, entonces tendrás que hacer lo que viniste a hacer en esta torre.
—La Gran Biblioteca Pleiades, ¿eh…?
De pie junto a Ram, Subaru contempló el rostro dormido de Rem.
La Gran Biblioteca Pleiades.
Ese era el verdadero nombre y propósito de la Atalaya Pléyades. Si se podía confiar en lo que decía Shaula, en algún lugar de esa biblioteca estaba la respuesta que tanto buscaban.
—Voy a encontrarla… y traeré de vuelta a Rem. Mi objetivo sigue siendo el mismo.
—…Ya veo. Me alegra.
Ram no apartó la vista de Rem mientras le tomaba la mano. Fue una respuesta fría, sí, pero con esa frialdad transmitía más fiabilidad que muchas palabras dulces.
—Por cierto, ¿por qué hay una silla para ti y no para mí? Esto es discriminación descarada.
—Los animales tienen un instinto natural para reconocer jerarquías. Tal vez los espíritus también.
—Rem dijo algo parecido una vez…
Antes de que él y Rem se llevaran bien, ella había hecho un comentario sobre por qué los niños de Earlham los trataban distinto. Era un recuerdo nostálgico. Hacía tiempo que no pensaba en esa aldea.
—Primero lo primero.
Subaru exhaló y desechó esa sensación de vacío que empezaba a invadirlo, enderezando el rostro.
—Muy bien. Voy a volver con los demás. ¿Y tú?
—Te preocuparías si no hay nadie cuidando de Rem, ¿cierto? Me quedaré vigilándola. Para eso vine, después de todo.
—Sí, tiene sentido. En ese caso, te la encargo.
—No puedo hacer más que velar por ella.
—Y eso ya tiene mucho valor.
Con esas palabras, Subaru trató de reconfortar a Ram en ese raro momento de autocrítica. Luego volvió a mirar el rostro de Rem. Inexpresivo, ni en paz ni en dolor, todavía perdida en sus sueños.
Extendió una mano hacia su frente y la tocó con ternura.
Poder hacer al menos eso le traía alivio. Y aunque sabía que en su interior quería mucho más, su expresión se suavizó.
—Volveré.
—...
Como era de esperarse, no hubo respuesta.
Ram entendió que esas palabras no eran para ella, y se mantuvo en silencio. Satisfecho, Subaru se dirigió a la salida del cuarto verde.
—Hablando de buenos modales… Por favor, cuida de Rem y Patrasche.
Antes de marcharse, tocó una de las enredaderas del muro y le dirigió una petición al espíritu que protegía la sala.
Aunque no pudiera hablar con él, tal vez su sinceridad llegara a tocarle. Y también su gratitud.
Quizá era solo un acto de indulgencia personal, pero una vez que dejó su mensaje, Subaru—
—Oh, cierto. Para alguien que declaró que su lugar está al lado de Rem, bajaste bastante para venir a visitarnos allá abajo.
—...
—No me digas que corriste en cuanto supiste que había despertado. Si hubo alguna razón especial, dímela. Podría ser una pista para…
—Lárgate. Ya.
—¿Eh? Pero si solo… Si pensaste en algo, tal vez sea útil como indicio para…
—Desaparece de una vez.
Aplastado por la presión que se acumulaba en el aire, Subaru ya no dijo nada más y se vio obligado a retirarse rápidamente de la Sala Verde.
Sección 5
—No comprendo lo que pasa por la mente de Ram, últimamente menos que antes.
—No, discrepo, Ram es bastante expresiva con ese tipo de cosas. Me parece adorable que intente ocultar ese lado sincero suyo.
—Es raro que hables de ella como si fueras mayor… Aunque en realidad sí eres mayor.
—Exacto. Soy una hermana mayor. Mayor que todos aquí… Bueno, no todos…
—Jmf… Betty es sin duda la hermana mayor aquí, de hecho. Eso es definitivo, y nadie podrá cambiarlo, supongo. Todos ustedes deberían venerarme, de hecho.
Emilia se sintió decepcionada por no poder decir que era la mayor del grupo, mientras que el pecho de Beatrice se infló de satisfacción. Pero Subaru, honestamente, no creía que ninguna de las dos tuviera un aire de hermana mayor. Y quién era realmente el miembro de más edad del grupo era un tema un poco delicado.
—¿Mmm? ¿Qué suce'e, Natsuki? ¿Hay argo que quieras decirme?
—No realmente; solo pensaba que aquí hay muchos rostros que no reflejan su verdadera edad.
—¿Ah sí? A menu'o me dicen que me veo má' joven de lo que soy. Me es difícir tomarlo como un cumpli'o, pero si los menosprecias, te menosprecian, así que lo acepto.
Anastasia mostró una sonrisa a medias, entre broma y negocios, aunque no estaba claro cómo se sentía realmente.
Era cierto que tenía una cara algo aniñada, pero Subaru no se refería a eso en realidad. Hablaba de Eridna, quien estaba habitando el cuerpo de Anastasia.
Si su origen era el mismo que el de Beatrice, entonces sin duda estaba entre las candidatas a ser la más anciana del grupo. Pero era un secreto demasiado importante como para soltarlo sin más.
—Aunque hay otra favorita en esta competencia.
—Oh, ¿qué sucede, Gran Maestro? Ajá, no le gustó el olor a pasto de la Sala verde, ¿verdad? Lo entiendo, a mí también me superdesagrada ese espeluznante cuarto~
—Oye, estamos hablando del espíritu que se está esforzando en cuidar de Rem y Patrasche. Cuida lo que dices o te lleno la nariz de pasto.—Dijo Subaru, empujando la nariz de Shaula con el dedo cuando ella se le acercó demasiado—. Más importante, cuéntanos sobre esa Gran Biblioteca Pleiades.
—Mmm, cierto. Antes casi no explicaste nada, pero ahora sí puedes contarnos más, ¿no?
—¡Claro que sí! Si el Maestro me lo pide, no puedo decir que no.
Asintió Shaula con una sonrisa bobalicona ante la insistencia de Subaru y Emilia. Luego, dio golpecitos en el suelo con la punta de su bota y continuó.
—Como dije antes, el nombre verdadero de este lugar es la Gran Biblioteca Pleiades. La entrada está en el quinto piso, Celaeno; abajo está el sexto, Asterope; y este es el cuarto piso, Alcíone. ¿Van entendiendo?
—Es raro que cada piso tenga nombre propio, pero… sí, por ahora te sigo.
Asintió Subaru, observando su entorno con una nueva perspectiva.
En ese momento, estaban en el cuarto piso, ya que habían subido una planta desde el quinto, donde se encontraba la entrada. Y como demostraba el cuarto verde, el interior de la torre cambiaba bastante a partir de este nivel.
La diferencia más notoria era que había dejado de ser un espacio único y amplio para dividirse en varias habitaciones. La escalera desde el quinto piso conectaba con el centro del cuarto, y recorrerlo por completo tomaría bastante tiempo.
—El cuarto piso—Alcíone—lo frecuento con facilidad; o sea, es como mi domicilio. Me gusta tenerlo desordenado, así que estaré superavergonzada si lo critica demasiado~.
—…
—Gran Maestro, sus ojos se ven superserios. Qué miedo… Normalmente vigilo las dunas desde ahí. ¡Y luego apunto y disparo, disparo, disparo a cualquiera que se acerque a la torre!
—Así que realmente fuiste tú…
Ya lo había sospechado bastante, pero ahora lo había confirmado. La luz blanca de la torre que había matado a Subaru dos veces y dispersado al grupo… era obra de Shaula.
—Lo pasamos bastante mal por eso, ¿sabes? ¿De qué iba todo eso?—preguntó Subaru.
—HELL'S SNIPE Evita que cualquier cosa se acerque a la torre—respondió Shaula con total naturalidad.
—… ¿Qué dijiste?
—HELL'S SNIPE—repitió.
Al escuchar un término tan fuera de lugar en ese mundo, la expresión de Subaru se ensombreció.
—Bueno, entiendo por qué le pondrías ese nombre, pero vaya elección…
—Pero, uf, qué suerte que no te di. Si la DIMENSION GATE no se hubiera roto, habría seguido disparando sin parar.
—Espera, espera, espera, espera, espera. ¡Demasiados conceptos nuevos y demasiado rápido! ¿Qué es eso de DIMENSION GATE?
—DIMENSION GATE. Un truco para evitar que las cosas lleguen a la torre.
Por el contexto, Subaru dedujo que la DIMENSION GATE era lo que provocaba la distorsión del espacio dentro de las tormentas de arena. Al final, su grupo había logrado atravesarla, pero…
—Gracias a eso, supe que eras tú, Gran Maestro. Supongo que todo está bien si termina bien. Si de verdad te hubiera alcanzado, incluso tú te habrías enfadado, ¿no?
—Ah… Bueno, difícil decirlo. Puede que no hubiera acabado solo con estar enojado.
Ya lo habían matado dos veces con ese rayo, así que era difícil medir cuán molesto debería estar. Pero Subaru encontró extraño que no sintiera ira al estar cara a cara con la persona que lo había matado.
Era como un accidente de tránsito causado por un tercero: uno no sabía bien a quién culpar.
Además, le parecía un poco inútil enojarse con Shaula por lo que había pasado. Al final, se encontraba en algún punto entre el perdón y la resignación.
—Perooo, si hubieras logrado darle, hermanito habría acabado muerto, ¿nooo? Si eso hubiera pasado, no creo que estuviéramos hablando sobre si enfadarnos o nooo.
Intervino Meili, dándole un codazo a Shaula.
Shaula simplemente estalló en carcajadas.
—¡Pff, ja, ja, ja, ja! ¿De qué hablas? El Gran Maestro no moriría por algo tan insignificante. Es un tipo raro, que tal vez ni siquiera puede morir.
—Pero perooo, el Gusanito de Arena recibió muchos disparos y acabó muriendo, así queee…
—No me importan cosas como los gusanos de arena o los osos. Mi Gran Maestro no moriría, eso es lo que es importante. Si muriera, eso significaría que no es mi Gran Maestro.
Con una sonrisa resplandeciente, Shaula miró feliz a Subaru.
Había en ella una inocencia casi infantil y una confianza inquebrantable.
Tenía una imagen de Flugel mucho más sólida de lo que Subaru jamás había imaginado.
—Si por alguna razón llego a traicionar sus expectativas…
Ese pensamiento le provocó un escalofrío a Subaru.
—… No sabemos cómo reaccionará si descubre que no eres Flugel, de hecho.
Susurró Beatrice con voz suave, anticipando lo que pensaba Subaru.
—Lo que significa que sería peligroso corregirla o intentar aclarar el malentendido…
La única razón por la que Shaula era tan amistosa con el grupo—o mejor dicho, con Subaru—era simplemente porque ella había decidido que él era su Maestro.
Era una situación sumamente delicada.
—No hay duda en que las cosas acabarán siendo problemáticas si se volviera hostil, supongo. No tendríamos más opción que combinar tu fuerza y la mía, así como la de Emilia y la de ese caballero… Julius, de hecho.
En otras palabras, Shaula era como una bomba que podía explotar en cualquier momento y por cualquier motivo. Era difícil negar que fuera una persona increíblemente peligrosa con la que tratar, pero…
—Con lo abierta que es, es difícil odiarla…
Hasta ahora, Subaru no había pensado demasiado en cómo interactuaba con Shaula, pero no tenía nada en su contra. Incluso contando las dos veces que la había matado a distancia, ella también le había salvado la vida en el subsuelo. No la consideraba una enemiga.
Hubiera sido mucho más fácil si se tratara de alguien como Regulus o Petelgeuse.
—… Recordar a esos tipos realmente me arruinó el humor. Supongo que es de esperarse, pero aun así… es un odio ya conocido.
—¿Eh? ¿Qué pasa, Gran Maestro?
—Nada.
Al recordar a esos dos detestables individuos por culpa de la advertencia de Beatrice, el rostro de Subaru se había vuelto sombrío. Shaula se le acercó, pero él la apartó suavemente.
—Pero solo para estar seguros… ¿La razón por la que disparas a cualquiera que intente acercarse a la torre es porque…?
—¡Porque tú me lo ordenaste! ¡Cuatrocientos años vigilando las arenas, día tras día! ¡Una historia desgarradora tanto al contarla como al escucharla!
—Qué triste…
Murmuró Emilia, conmovida por la respuesta de Shaula, al borde de las lágrimas gracias a su profunda empatía.
—Dejando de lado ese hermoso momento de E.M.T., Shaula no parecía sentir ni culpa ni dudas respecto a su misión. Aunque eso no significaba que no tuviera emociones…
—Solo estaba cumpliendo órdenes… Sentir lástima es tan inútil como preguntarle a una herramienta cómo se siente por la forma en que fue utilizada, de hecho
—¡Sí, exacto! ¡Soy la herramienta del Gran Maestro! ¡Así se dice, enana!
Shaula respondió con una sonrisa radiante, como si el juicio sin compasión de Beatrice la describiera a la perfección.
La forma en que su ánimo y sus expresiones cambiaban con tanta naturalidad, y cómo aceptaba su lugar en el mundo… Todo indicaba que Shaula tenía un sistema de valores completamente distinto. Probablemente por eso sus conversaciones solían estar tan desconectadas.
—Tu manera de ver las cosas es… bastante extrema… en muchos sentidos. Pero dejemos eso para después. Nos estamos desviando demasiado. Volvamos al tema principal. Estabas explicando lo de la torre. Ya sabemos de los pisos seis al cuatro, así que, ¿qué hay de los superiores?
—El tercer piso, Taygeta, es el salón de pruebas. Ahí se evalúa tu derecho a acceder al archivo.
—… ¿El archivo?
Subaru cerró el puño.
Si el nombre de la Gran Biblioteca Pleiades no era una mentira, entonces, por supuesto, tenía que haber una biblioteca física llena de conocimiento. La razón por la que habían atravesado el desierto debía estar esperándolos allí.
—Es interesante que lo llames “salón de pruebas”. Y eso de “derecho a entrar al archivo” también es una expresión curiosa…
—Por ahora, ese es nuestro mayor obstáculo.
Mientras Subaru se concentraba en ese término, Julius se encogió de hombros. Su tono era sombrío, como si se sintiera avergonzado de sí mismo, y alzó la vista hacia el techo.
Hacia el techo… o mejor dicho, hacia el tercer piso, donde les esperaba la sala de pruebas, Taygeta.
—Ah, ya entiendo. ¿Entonces mientras yo dormía, ustedes intentaron el desafío? ¿Hubo algún avance?
—Siento decepcionarte, pero nada de eso. Con la guía de la señorita Shaula, llegar al tercer piso no fue problema, pero…
—¿Pero…?
—Lo que nos esperaba allí era un enigma impenetrable. Para ser sincero, no hemos podido encontrar ni una sola pista en estos dos días.
—¿Eso era solo modestia? Bueno, a Julius no le gusta que los demás se subestimen, y juzgando por las expresiones del resto, la situación no pintaba bien. Lo más probable era que no hubieran logrado avanzar en absoluto.
—Dicho esto, no hay penalización por intentar la prueba y fallar. Hemos entrado y salido varias veces sin inconvenientes… Solo que hemos fallado en cada intento.
—Ya veo. Así que es una prueba difícil, entonces… Pero aun así, una “examinación”, ¿eh?
—¿...? ¿Se te ocurre algo?
Julius alzó una ceja al ver que Subaru se quedaba pensativo con algo. Pero lo que lo molestaba no era lo que Julius probablemente esperaba.
—No, solo que tengo un mal recuerdo de estar corriendo en círculos por culpa de otra prueba. Las similitudes me lo hicieron recordar.
—Sé lo que sientes. Yo también pensé lo mismo.
La reacción compartida de Subaru y Emilia era, por supuesto, por la prueba que ambos habían enfrentado en una cierta tumba en el Santuario. Poner obstáculos para probar a los desafiantes era justamente el tipo de sistema que esa bruja tan desagradable disfrutaría.
Y naturalmente, eso hizo que Subaru se pusiera un poco sospechoso de Anastasia/Eridna.
—¿Qué? ¿Y ahora qué hice yo?
—… Solo me sorprendió que, siendo tan conocedora como pareces, no pudieras resolverla. Algo así como: “¡Los cuatrocientos años de conocimiento acumulado en Kararagi!”
—Lo siento, pero má’ allá de los negocios, no soy buena para estas cosas. Así que, si acaso, todos contamos contigo, Natsuki.
—¿Conmigo?
Esquivando fácilmente la sospecha que Subaru no podía explicar abiertamente, Anastasia desvió el foco hacia él antes de asentir y mirar de reojo a Shaula.
—Bueno, esa shica está muy encariñada contigo, así que, si la llevas contigo, puede que deje escapar alguna pista, ¿no?
—¿Contando con que otro te salve? ¿Tan difícil es la prueba?
—Más bien… es que no hay absolutamente ninguna pista. En lugar de tratar de explicártelo, será más fácil que lo veas por ti mismo.
No era una buena señal que la pregunta del examen fuera tan difícil que todos ya estuvieran buscando una forma de hacer trampa en lugar de enfrentarla de frente.
—Está bien, lo entiendo. Por ahora, veamos de qué trata esta prueba. Si no hay penalización por fallar, entonces no hay problema si no resulta.
—Exacto. Igual que la señorita Anastasia, tengo grandes esperanzas puestas en ti.
Dicho eso, Julius tomó la delantera mientras el grupo se preparaba para desafiar nuevamente la prueba. Tener a la gente depositando sus esperanzas en él ponía a Subaru algo nervioso, pero era un problema contra el que ya se habían estrellado durante dos días sin ningún progreso. Al menos debía intentarlo. Pero por ahora…
—Oye, Shaula, ¿tienes un momento?
—¿Eh? ¿Subaru?
Beatrice puso cara de sospecha cuando Subaru llamó a Shaula mientras subían hacia el tercer piso. Iban al final de la fila y hablaban en voz baja, lo suficiente como para que los demás no pudieran oírlos. Shaula no estaba nada alerta, su cola de escorpión se balanceaba mientras sonreía.
—¿Qué ocurree~?
—Vas a hacer lo que te diga, ¿verdad?
—Pero nada demasiado subidito de tono, ¿ehh~?
—Saca esas ideas de tu cabeza. ¿Quieres arruinar el momento?
—¿No es justo eso lo que está haciendo usted?
Shaula hizo un puchero mientras Subaru se rascaba la cabeza, sin poder encontrar su ritmo.
Casi todos los demás solían perder el compás cuando hablaban con Subaru, así que él aprovechaba ese desequilibrio para redirigir la conversación, pero ese plan no estaba funcionando muy bien con esta mujer.
—Bueno, entonces iré directo al grano. Tengo una petición, Shaula.
—¿Q-qué es? Te ves tan serio. No me digas que se ha ena—…
—No me causes a mí, o a mis compañeros, ningún daño.
—…
—La orden de tu Gran Maestro era atacar a cualquiera que se acercara a la torre… ¿cierto? Ahora que estamos dentro, esa orden ya no nos afecta. Así que ya no hace falta que nos ataques. No nos causes ningún daño. Absolutamente ninguno.
Los ojos de Shaula se entrecerraron cuando Subaru repitió su petición.
Viéndola a los ojos desde tan cerca, notó algo distinto en sus pupilas. Tenía unos hermosos ojos verdes con pequeños puntos rojos brillando en el centro.
Era un color tan profundo que casi parecía absorberlo, y Subaru por un momento se olvidó de respirar—
—Está bien, OK. Lo he memorizado palabra por palabra como una nueva orden del Gran Maestro~.
—… ¿Te parece bien?
—Ni bien ni mal. Lo que usted diga, Gran Maestro. Además, no es superdifícil. Desobediencia no violenta.
—Ya que vas a seguir la orden, ¿no querrás decir que serás sumisa como una esclava?
—Aunque usted pueda hacer lo que le plazca con mi cuerpo, ¡no le dejaría robar mi corazón!
Shaula aún mantenía una expresión serena cuando Subaru le dio un golpecito en la frente con los dedos.
—¡Auuuch!
Shaula protestó, retrocediendo con los ojos llorosos.
Subaru suspiró. No estaba claro cuán efectiva sería su petición, pero al menos había hecho el intento.
—Parece que mientras no la decepcione, la promesa seguirá ahí.
—Si ese es el único requisito, entonces estará bien, de hecho. Esperas decepcionarla, pero no lo harás, supongo.
—Agradezco esa valoración tan alta, pero… no tengo idea de qué se supone que debo mejorar en una situación así…
Subaru tenía que estar a la altura del Flugel que existía en la mente de Shaula, pero no tenía ni idea de cómo debía comportarse para parecerse a alguien de quien no sabía absolutamente nada.
En ese momento, no se le ocurría nada mejor que interpretar a la perfección su papel habitual como Natsuki Subaru.
—Ah sí, Shaula. Tengo una última pregunta que hacerte.
—¿De qué se trata~?
Ella respondió con un tono despreocupado, casi indiferente, y Subaru lo dejó pasar mientras levantaba ambas manos y mostraba seis dedos.
—Maia, Electra, Taygeta, Alcíone, Celaeno, Astérope.
Sin entender lo que decía, el rostro adorable de Beatrice mostró confusión. Subaru le sonrió y le mostró los dedos a Shaula.
—Todas ellas, en orden desde la cima hasta la base, son los nombres de los pisos de esta Atalaya Pléyades… Quiero decir, Gran Biblioteca Pleiades, ¿verdad?
—Correctísimo~ El primer piso es Maia, y el segundo es Electra.
—Lo imaginaba. En ese caso…
Mirando a Shaula, que asentía con la cabeza, Subaru levantó un séptimo dedo. Luego de captar la atención de Beatrice y Shaula, lanzó la verdadera pregunta:
—Entonces, ¿dónde está Mérope?
—…
Shaula guardó silencio una vez más. Pero esta vez no era un silencio de reflexión. Era la señal de que Subaru la había tomado por sorpresa. Su respiración se detuvo un instante, y Subaru supo que había tocado algo importante.
—Subaru, ¿qué le preguntaste, de hecho? ¿Qué significa Mérope, supongo?
—Es el nombre de la última de las siete hermanas. Sería raro que no hubiera siete en Pleiades.
Los pisos del uno al seis ya tenían nombres. Pero esos nombres provenían de un grupo de siete—las siete hermanas Pleiades, que aparecían en una historia sobre las estrellas que Subaru conocía bien.
En ese caso, debería existir otro piso con el nombre de la séptima hermana, oculto en algún lugar también.
—¿Un séptimo piso, o quizás un piso cero? Una de las dos opciones debería existir.
—Hay un piso cero. El Gran Maestro los nombró, así que es supernatural… Sin embargo, el lugar fue hecho después de que el Gran Maestro se fuera, o sea que no debería saber dónde está.
Beatrice quedó boquiabierta cuando Shaula confirmó la suposición de Subaru. Sin embargo, Subaru no sentía ninguna satisfacción por haber descubierto un secreto oculto. Era más bien una aceptación tranquila.
—¿Un piso cero, lo que significaría que está por encima del primero…? No, espera… Tú no dijiste que el sexto fuera el más bajo. En ese caso, no está arriba. Está abajo, es subterráneo—
—No se puede.
Cuando Subaru intentó confirmar su existencia, Shaula lo interrumpió al instante.
Subaru contuvo el aliento ante la intensidad de su voz, pero el rostro de Shaula no cambió. Seguía sonriendo, y sus ojos estaban llenos de confianza. Pero también había un rastro de tristeza en ellos.
—Todavía no cumple las condiciones. O sea, Gran Maestro, usted volvió para verme en mitad de su viaje, y estoy supersatisfecha con eso. Por eso, el piso cero es un “ni hablar”.
Su tono no era particularmente distinto, pero había algo extraño en su voz. Casi parecía como si se estuviera alzando una barrera.
A los oídos de Subaru, se había filtrado un leve rastro de peligro, como si la promesa que ella acababa de hacer estuviera siendo amenazada.
—… Entendido. No diré más tonterías. Mantengamos nuestra promesa de antes.
—Recibido alto y claro~. La mantendré~, la supermantendré~
Shaula se echó a sonreír, animada como si ya se hubiera olvidado por completo de la conversación sobre el piso.
Subaru soltó un suspiro de alivio al escuchar su respuesta alegre desde atrás.
—Subaru, si fuera demasiado, ¿lo dirías, de hecho?
—Sí, no te preocupes. Solo son muchas cosas en mi mente.
Con una sonrisa débil, le acarició la cabeza con suavidad.
Beatrice no dijo nada más, pero ese pequeño ritual que compartían ayudaba a Subaru a tranquilizarse.
La conversación con Shaula y lo extraño de la imagen de Flugel comenzaban a salir a la luz.
No era algo demasiado inesperado. Pero él también era como Subaru.
Subaru, Al, Hoshin, y Flugel.
Un ser que trajo consigo conocimientos que no existían en este mundo, dejándolos a las generaciones futuras.
No cabía duda: solo había una explicación.
Flugel también era un extraño en tierra ajena, proveniente del mismo lugar que Subaru.
—Hace unos cientos de años, ¿eh?
Tras reflexionar en aquello durante mucho, mucho tiempo, Subaru se rascó la cabeza violentamente.
¿Qué habría pensado Flugel de este mundo? ¿Qué había esperado, qué había buscado, qué había querido obtener?
Después de renunciar al título de Sabio, ¿cómo había vivido en este mundo?
Y mientras esos pensamientos lo invadían…
—Gran Maestro.
—¿Eh?
Shaula lo llamó con ligereza. Se detuvo, y medio paso después, Subaru también se detuvo.
Al mirar hacia atrás, se encontró de frente con la sonrisa de Shaula.
Era una expresión sinceramente feliz, llena de amor.
—Bienvenido a casa de nuevo, Gran Maestro. Esta Shaula ha estado esperando el regreso del Sabio Flugel con todo su corazón.